Región de Los Lagos y la catástrofe: Covid e industria salmonera

¿Hasta cuándo? ¿cómo arreglamos esto? Parte de la solución pareciera ser más sencilla de lo que parece. Durante este fin de semana, se informó que 6 de cada 10 nuevos contagios de la ciudad de Quellón provienen de las faenas salmoneras. En las otras regiones que presentan similares características, las autoridades han reconocido el impacto que estos sectores económicos tienen en el aumento de la prevalencia del COVID.


La actual situación sanitaria de la región es crítica. El manejo de la pandemia del COVID-19 en nuestro territorio se ha caracterizado por sus negativos resultados, pero el momento actual es ,sin duda, el peor que hemos enfrentado. La realidad es catastrófica. Puerto Montt fue, este fin de semana, la segunda comuna con más casos activos a nivel nacional, manteniendo la capital regional en una cuarentena que parece eterna. Llevamos casi 11 meses de pandemia  y las políticas sanitarias y sociales siguen siendo ineficientes y no dejan de fracasar.

En palabras del saliente Ministro Briones, en materia de asistencia económica a las personas, “el Gobierno llegó tarde”. Juzgando por los espeluznantes números que continúan creciendo en nuestra región, el mismo juicio puede hacerse en el manejo sanitario de la crisis. Nos enteramos con sorpresa que Quellón tiene hoy más casos activos que Santiago, realidad que parece sacada de una historia de ciencia ficción, al tener menos de un 10% de la población de la capital. Las comunas donde se aplican las medidas más restrictivas para la población van aumentando sin parar.

Mientras varias comunas muestran cifras más positivas a nivel nacional, los contagios aumentan en las regiones que concentran industrias extractivas exportadoras como la minería, la agricultura frutícola o la salmonicultura (como Antofagasta, Maule o Los Lagos).

Frente a este escenario,  muchos nos preguntamos, ¿hasta cuándo? ¿cómo arreglamos esto? Parte de la solución pareciera ser más sencilla de lo que parece. Durante este fin de semana, se informó que 6 de cada 10 nuevos contagios de la ciudad de Quellón provienen de las faenas salmoneras. En las otras regiones que presentan similares características, las autoridades han reconocido el impacto que estos sectores económicos tienen en el aumento de la prevalencia del COVID.

Al parecer, el discurso del gobierno y las empresas que prometían medidas “de máxima seguridad” para los trabajadores y sus familias, no se están cumpliendo. En este escenario, ¿no será tiempo de darle un respiro a las y los trabajadores? Si es necesario paralizar temporalmente las industrias para cuidar la salud de nuestras comunas, habrá que decidirlo y hacerlo. Incluso se puede considerar disminuir el ritmo de producción si eso hace bajar la preocupante escalada de nuevos casos. Claramente, esta medida debería realizarse con el compromiso por parte de las empresas de no despedir ni reducir los sueldos de sus trabajadores.

Asimismo, es esencial que se incorpore el impacto en las familias cuando se tomen decisiones para que las grandes empresas sigan funcionando. Mientras más contagios hay, más carga de trabajo de cuidado habrá en las casas, particularmente en manos de las mujeres que son las que  más proveen cuidados.

Las autoridades deben probar nuevas medidas y la evidencia pareciera mostrarnos que sería una política más efectiva que sostenidas cuarentenas con una fiscalización deficiente y el agotamiento de la población.

Esperemos que el gobierno tome nota y de una vez por todas reaccione a tiempo. Tal como en la ayuda social, el Gobierno ya llegó tarde, con costos en vidas dolorosos y tal vez evitables. Sin embargo, para esto se requiere una visión más allá de criterios exclusivamente economicistas.

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