Recuperar a la ENAP antes de darle “luz verde” al Hidrógeno Verde

Chile necesita una mayor presencia del Estado. Sabemos lo que ha significado dejar al arbitrio del mercado el desarrollo de los territorios y sus habitantes. Por tanto, si esta nueva industria va a traer beneficios que, en primer lugar, sean para las comunidades, aportando a la diversificación de la matriz energética, respetando la sustentabilidad, y compartiendo las ganancias.


En el trayecto de esta campaña a diputada por Magallanes como independiente en la lista Apruebo Dignidad, y como parte de los movimientos sindicales, socioambientales y feministas en la región, nuestra candidatura ha ido recogiendo temas invisibilizados – como el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres, los derechos de niñeces y adolescencias, el racismo contra pueblos originarios y migrantes – o aristas insuficientemente abordadas, como la protección a la diversidad biocultural y la participación ciudadana en el desarrollo productivo.

Nos alegramos de que se discuta en el seno de la instancia nacional más democrática de la actualidad, como lo es la Convención Constitucional, cada uno de los aspectos antes mencionados, y también sentimos el desafío de tratarlos a nivel regional. Algunos, de manera urgente, como la necesidad de “ordenar la casa” antes de que lleguen los megaproyectos de Hidrógeno Verde que se anuncian para Magallanes.

El energético que quieren producir en este maritorio compañías de países desarrollados como Alemania, Inglaterra, Francia, Austria y tantos otros, es verde porque utilizará energía renovable para su producción, en este caso, el fuerte viento austral. Sin embargo, ya se pueden advertir impactos para los cuales hay que prepararse, como la alta demanda de rutas terrestres, la falta de infraestructura portuaria, la insuficiencia del sistema tanto de gestión de residuos industriales como de evaluación ambiental, la presión inmobiliaria y vial frente a la masiva llegada de nuevos habitantes, y la afectación de los sistemas locales de vida y costumbres.

¿Cuál será el rol del Estado en este contexto? En parte, esta pregunta se contestará con la participación que tenga la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) en la nueva industria. Aunque si revisamos su historia reciente, la creación de los Contratos Especiales de Operación (CEOP) en la década pasada, redistribuyeron el territorio regional con capitales extranjeros y otras empresas, de alguna manera, privatizando la gestión y la producción de hidrocarburos (gas y petróleo), y reduciendo la presencia estratégica de la compañía.

Esta candidatura aspira a que la ENAP sea parte sustantiva de la nueva industria de energías renovables, a fin de garantizar la protección de los intereses nacionales y regionales frente a los ingentes capitales extranjeros. Queremos que se recupere de esta caída en picada de los últimos años, para que vuelva a ser fuerte, robusta, activa. Hay comunas enteras que le deben su presencia y actividad, así como varias generaciones de jóvenes han podido estudiar con los beneficios que su responsabilidad laboral ha compartido con sus trabajadores y trabajadoras.

Chile necesita una mayor presencia del Estado. Sabemos lo que ha significado dejar al arbitrio del mercado el desarrollo de los territorios y sus habitantes. Por tanto, si esta nueva industria va a traer beneficios que, en primer lugar, sean para las comunidades, aportando a la diversificación de la matriz energética, respetando la sustentabilidad, y compartiendo las ganancias. No queremos ser el mero receptáculo de una empresa exitosa para otros, y si llegamos al Congreso, activaremos su defensa, así como también bogaremos por un diálogo ciudadano vinculante que nos permita planificar, antes de darle “luz verde” al hidrógeno verde.

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