Recuerdo de los excluidos

Y por último están los excluidos entre los excluidos: las personas que ganan menos de cuatrocientos mil pesos al mes. Tienen esa condición extrema porque no hay instituciones que los amparen. Son trabajadores dejados de la mano de los dioses; muchos de ellos están en la peor situación, cuando no pueden siquiera sindicalizarse.

La pandemia ha dejado a mucha gente sin trabajo y, por ello, pero también por otras circunstancias, entre las cuales se cuenta la necesidad de realizar la cuarentena en situaciones de hacinamiento, ha puesto de manifiesto las desigualdades que promueven las sociedades capitalistas actuales, marcadas por el neoliberalismo y su correlato, la cultura mercantilizada.

En todas las sociedades, también en aquellas del capitalismo social demócrata o del socialismo realmente existente, existen desigualdades. El problema de la nuestra es la magnitud y la intensidad.

El clamor de los que dicen “no tener que echarle a la olla” se ha oído con fuerza en esto días de pandemia. Esta situación excepcional ha puesto de manifiesto que en la sociedad chilena hay muchos que si no trabajan un día, al siguiente no tienen para comer.

Esta situación anómala ha permitido que se ponga de evidencia un Chile real pero oculto por el triunfalismo de este modelo, que nos hace creer que somos un país que ha eliminado la pobreza, la extrema pero también la otra; que nos hace pensar que en Chile los excluidos son una parte ínfima de la población.

Pero no es así, no lo es ni respecto a las exclusiones económicas ni tampoco respecto a las exclusiones culturales. No tener que comer es una dimensión terrible, pero también lo es ser nadie, ser desvalorizado, no tomado en cuenta.

Por ello es necesario recordar a los excluidos, tenerlos en la mente, no olvidarlos. Por eso la primera tarea es decir quiénes son.

Es importante comenzar por los mapuches, los excluidos de siempre: oprimidos por los españoles, luego oprimidos por los chilenos. No hay que olvidar que a la ocupación por la fuerza y por la cooptación de los territorios mapuches, finalizada por Cornelio Saavedra desde 1860 en adelante le llamamos “la pacificación de la Araucanía”.

En Argentina, por lo menos, se les da un nombre más justo: se la llama “la ocupación”. Denominación más real pues eso es lo que fue, porque incluso los momentos de negociación fueron impuestos; incluso el mestizaje expresa relaciones de dominación.

Hay que seguir por las mujeres, otras excluidas, otras explotadas. Lo son no solamente en el hogar, también en el trabajo, donde reciben sueldos menores que los hombres; donde en muchas ocasiones las empleadas domestica deben trabajar de sol a sol; donde a muchos sus actuales patrones las obligaron a acudir a realizar sus funciones todos los días en plena pandemia.

No hay que olvidar que hubo un largo tiempo que las mujeres no podían llegar a la Universidad, no hay que olvidar que Michelle Bachelet fue la primera mujer presidenta de Chile, casi treinta años después que Estela Martínez lo había sido de Argentina.

No hay que olvidar que la mujer casada debía tener autorización del marido para abrir una cuenta bancaria; que el movimiento de emancipación de la mujer, dirigido por Elena Caffarena recién existe en 1935; que obtuvieron el derecho a voto para elecciones presidenciales en 1949. Y podríamos seguir.

Otras excluidas, también mujeres la mayoría de ellas: las trabajadoras sexuales. Como bien se sabe “puta” es una mala palabra, es un insulto. Y sin embargo a las menospreciadas las buscan para acostarse con ellas hombres de dinero y de prosapia.

Basta mirar las esquinas de algunas calles donde las trabajadoras sexuales, vestidas para la ocasión con trajes que resaltan sus formas, esperan a los automovilistas. Y estos van llegando: arriban autos de todos los tipos, algunos de alto costo. Se puede colegir que no son obreros, es raro que este tenga un automóvil.

También hay que incluir a los homosexuales y a los transexuales. En Chile los primeros se organizaron rápidamente a través del Movilh y los segundos saltaron a la fama con Daniela Vega.

Daniela Vega participó en la película “Una mujer fantástica” dirigida por Sebastian Lelio, el cual obtuvo en 2018 el premio Oscar a la mejor película extranjera. También en ese año la actriz fue considerada por la revista Time una de las cien personas más influyentes, llegando a ser la primera mujer transexual en ser presentadora de los premios Oscar.

Para estos casos también existe la llamada “Unión civil”, el cual es un acuerdo solemne entre personas del mismo sexo quienes comparten un hogar y, por lo tanto, son convivientes que adquiere un lazo de parentesco por afinidad. También es válido para personas de sexo diferente, quienes tengan las mismas características que las anteriores.

Entre esta categoría también hay que considerar a las personas en situación de calle. La ciudad está plagada de pequeñas carpas de personas en esa condición. Pero estos son los que algo han avanzado, porque también existen, y son la mayoría, los que no tienen siquiera una carpa y duermen al aire libre, seguramente tiritando de frío. Por fortuna se preocupa de ellos el Hogar de Cristo u otras instituciones semejantes.

Y por último están los excluidos entre los excluidos: las personas que ganan menos de cuatrocientos mil pesos al mes. Tienen esa condición extrema porque no hay instituciones que los amparen. Son trabajadores dejados de la mano de los dioses; muchos de ellos están en la peor situación, cuando no pueden siquiera sindicalizarse.

Todas estas categorías, desde los mapuches a los que ganan salarios mínimos, pertenecen al duro mundo de los excluidos, a los que la sociedad mira en menos, les niega su identidad, los trata a puntapiés.

Lo peor de todos es que estas condiciones son negadas u olvidadas en esta sociedad del capitalismo neoliberal. Se actúa frente a ellas como si no existieran, como si fueran naturales, situaciones normales.

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