Recordar que una estatua en Santiago no es tema para todo Chile

El pedestal vacío que reclama Daniel Matamala en su columna, no es metáfora de todo el territorio. Chile es complejo, lleno de espacios, memorias y símbolos en resistencia. No es justo para la diversidad que nos caracteriza como pueblo, ni para la discusión constitucional que prontamente nos convoca, establecer una realidad local como representación de un conflicto nacional que tiene múltiples lugares y voces en tensión.

Los últimos acontecimientos en plaza dignidad, plaza Italia -o como se quiera llamar-, sin duda han sido una temática de discusión a nivel político, social y mediático. Todos los medios de comunicación han cubierto la noticia de la remoción de la estatua de Manuel Baquedano. Del mismo modo, todos hemos visto con estupor cómo las fuerzas de orden han cercado el lugar, en un burdo intento por reapropiarse del espacio público en disputa.

Estos hechos son abordados desde un ámbito nacional porque representan la falta de inteligencia política del gobierno de Sebastián Piñera y de la nula sintonía que existe entre el Estado y la ciudadanía. Sin embargo, no hay que perder de vista tres cosas:

-La estatua de Baquedano es un símbolo que solo representa a un mínimo sector de la población, estrechamente vinculado a las fuerzas armadas, al poder central y/o ligados con el pensamiento hegemónico colonial. Por tanto, este monumento -así como la gran mayoría que caracteriza las plazas de Chile-, no son construcciones democráticas erigidas por las/os habitantes de un territorio.

-La exaltación de la figura de Baquedano es otro emblema de cómo la historia oficial ha intentado borrar el genocidio a los pueblos originarios y del Pueblo Mapuche en particular. Se hace urgente y necesario co-construir nuevos relatos históricos que efectivamente den cuenta de las memorias silenciadas por la historiografía tradicional. 

-El pedestal vacío que reclama Daniel Matamala en su columna, no es metáfora de todo el territorio. Chile es complejo, lleno de espacios, memorias y símbolos en resistencia. No es justo para la diversidad que nos caracteriza como pueblo, ni para la discusión constitucional que prontamente nos convoca, establecer una realidad local como representación de un conflicto nacional que tiene múltiples lugares y voces en tensión. En este sentido se hace legítimo cuestionar ¿quiénes son los implicados en este debate? En lo específico preguntarse ¿qué tiene que ver una estatua en una plaza de Santiago con los habitantes de Chonchi, Puerto Natales, de Curacautín o de la mitad de la población que nunca ha estado en esa plaza?

Los discursos producidos en ciudades metropolitanas son valiosos en tanto concentran una fuerza comunicacional que otras zonas más pequeñas no ostentan, haciendo eco de demandas sociales que afectan a una mayoría. La discusión del retiro del monumento de Baquedano puede ser contingente para distintos propósitos, como por ejemplo re-pensar los símbolos y el sistema de creencias característico de la historia chilena.

Asimismo, puede ser un hito fundamental para iniciar un cuestionamiento -como señala Yasna Lewin en su reciente video columna-, sobre cómo el Estado debería centrarse en reparar las almas y cuerpos heridos de chilenas y chilenos durante esta crisis. A pesar de la indiscutible importancia de todos estos elementos, hay que tener cuidado en cómo se instalan discusiones globales que deslocalizan e invisibilizan las diversas realidades situadas en los distintos territorios.

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