¿Qué te pasa Fuad Chahín? la desbocada alharaca que ataca el encuentro PC-FA

Foto: Agencia Uno

Fuad no es el único. Si bien el timonel DC es el rostro más exasperado y, de alguna manera, violento en este enfado colectivo ante la emergente alianza de izquierda, son todos los líderes de la nueva Concertación quienes se muestran indignados ante el bloque que se les para al lado sin pedirles permiso ni autorización. Ha de ser, sin dudas, la costumbre de comandar los destinos “progresistas” del país la que se siente dañada; y en el daño, sabemos, afloran las peores pasiones y palabras bárbaras. 


¿Qué le pasa al presidente de la Democracia Cristiana, Fuad Chahín? ¿En qué momento decidió como estrategia política de fin de año atacar a diestra y siniestra al Partido Comunista, con argumentos desbocados muchas veces, que dejan en evidencia una majadería propia de la más baja política? Es curioso, pero para el ex diputado -derrotado en su aspiración al Senado en 2017- no hay nada más importante en el actual período político que usar el lenguaje mordaz como su arma principal, orientada a defenestrar al partido de la hoz y el martillo y a todos quienes se le acerquen, como si en ello se jugara el honor propio, el éxito de los suyos y la proyección de su figura. 

Es tal la saña exhibida -de manera infantil, de pronto- que su operación de a poco lo acerca más a una caricatura que a un distinguido francotirador político. 

Se supone -y sólo se supone- que la DC vive un tiempo feliz. Victoriosa en las primarias de gobernadores de la nueva Concertación -donde obtuvo apenas un cuarto de los votos del 2,9% del padrón-, hoy aparecen soberbios en el debate público. Sienten que el centro está vivo y que el centro son ellos, lo que -en vista del desempeño de Chahín- los faculta para hablar con voz de mando, retando a quienes optan por tomar su propio rumbo político, en una inconsistencia total con los propios principios defendidos por Chahín desde su llegada a la cima DC. Todo, en base a un puñado de votos que no hablan para nada del país vigente.

Al tomar el liderazgo del partido en 2018, Chahín -exseremi y exdirector de la DOS- declaró que “No le vamos a pedir permiso a nadie para tomar una posición política”, y fue exactamente lo que hicieron, respaldando durante todo el primer tiempo del gobierno de Piñera iniciativas reñidas con las aspiraciones de la oposición. Otra vez la DC salvando a Piñera, fue comentario obligado para cuanto proyecto estratégico el gobierno presentó antes del 18 de octubre. Y está bien, por más que a uno le guste o no, es la definición política soberana de un partido. 

Por eso extraña la desbordada alharaca con que vive estos días el señor Chahín, atacado como un niño sin su juguete favorito ante la definición del Frente Amplio de acercarse a una alianza con el Partido Comunista, llegando a exponerse -al borde del ridículo- con frases totalmente fuera de lugar, que lo alejan de su añorado estilo moderado, antibananero, sensato; pues ¿Qué tiene de sensato afirmar que “ya todo el mundo está notificado que RD es sinónimo del PC”? ¿Qué tiene de moderado decir, ante el proyecto que busca discutir los dos tercios de la Convención, que presentar la idea indica maneras “chavistas” de hacer política? quizás Chahín nunca lo imaginó, pero en el frenesí desbocado del momento en que se siente vencedor está haciendo las cosas de tal manera que en lugar de quedar como el líder moderado que el país necesita en tiempos convulsos, se manifiesta como un personajillo al que se le suelta la cadena sin poder conducir la frustración que le provoca no poder excluir al PC, uno de los mayores afanes de quien se presenta como hombre tan abierto y democrático. 

Y así es como tenemos, en senda actitud que constriñe la voluntad y la deliberación, a Fuad Chahín en el 2020, regañando como chiquillo frustrado a quienes toman decisiones sin consultar a nadie, lo mismo que él prometió y cumplió hace un par de años desde su vereda  socialcristiana ¿No era esa la democracia que quería, acaso?¿O sólo vale cuando le conviene a sus intereses?

Pero Fuad no es el único. Si bien el timonel DC es el rostro más exasperado y, de alguna manera, violento en este enfado colectivo ante la emergente alianza de izquierda, son todos los líderes de la nueva Concertación quienes se muestran indignados ante el bloque que se les para al lado sin pedirles permiso ni autorización. Ha de ser, sin dudas, la costumbre de comandar los destinos “progresistas” del país la que se siente dañada; y en el daño, sabemos, afloran las peores pasiones y palabras bárbaras. 

Lo cierto es que, a estas alturas, luego de un estallido social que cuestionó treinta años de poder político entregado al poder económico -cuestionamiento que tuvo en el centro a la hoy soberbia Democracia Cristiana y sus socios transicionales-, el espectáculo que está dando la resucitada Concertación está quedando fuera de lugar. Chahín, con su desplante nervioso, no logrará decidir por RD o por Comunes -partidos que nada tienen que ver con la historia y el ideario del PC-; y en la medida en que continúe con su afrenta anticomunista, sólo ratificará la imagen patética del que anda a dios rogando y con el mazo dando.

Aquel que dice vengan conmigo, paz y democracia, pero excluyendo con virulencia a los que deciden no ir, castigando con palabras que no son propias de este tiempo. Un ritmo que puede convertir en bananero al más enemigo de los bananeros.

Quizás lo más sensato sería dejar que la política avance, que los partidos decidan soberanamente sus destinos, como lo pudo hacer Chahín en 2018 y 2020, y dejar que la tan halagada ciudadanía hable otra vez en las urnas, sin chantajes ni campañas del terror que hablan peor del ejecutor que del atacado ¿No era eso acaso la democracia?

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