Que se vaya Piñera (¿pero a quién ponemos?)

Foto: Agencia Uno

Piñera no sabe aprender. No le gusta. Lo hace ver como un perdedor; su vida en el mundo de los negocios nunca se trató de aprender ninguna lección, y su pasado en la política noventera, con escándalos importantes entremedio, no lo emplazaron a repensarse, sino a esperar el tiempo para volver a aparecer en la escena nacional y convertirse en la primera autoridad del país.


Luego de una semana en que niños del Sename fueron baleados por integrantes de Carabineros, y que el ahora exdirector de dicha institución se fue con agradecimientos por parte de Sebastián Piñera, el Presidente pasó de la irrelevancia de algunas semanas, a ser nuevamente el problema. Su actuación pública demostró que quiere mostrar un poder que ya no tiene, enseñándole los dientes a una ciudadanía que no entiende la razón por la que sigue en La Moneda.

Piñera no sabe aprender. No le gusta. Lo hace ver como un perdedor; su vida en el mundo de los negocios nunca se trató de aprender ninguna lección, y su pasado en la política noventera, con escándalos importantes entremedio, no lo emplazaron a repensarse, sino a esperar el tiempo para volver a aparecer en la escena nacional y convertirse en la primera autoridad del país.

Hoy esa actitud ya no se sostiene. Su constante ambigüedad, esa que se mueve entre el silencio más absoluto hasta la participación en todo evento innecesario, es lo que ya no resiste ningún tipo de análisis más profundo. Su nula comprensión de lo que es gobernar ya no es una anécdota como fue en su primer gobierno, cuando aún había cierta respetabilidad por las instituciones que hoy están desechas.

La forma en que despidió al general Rozas en La Moneda fue una gran prueba de ello. Con la errada idea de que apoyar ciertas instituciones es darles el gusto en todo y felicitarlas, incluso cuando hay niños ensangrentados por balas policiales, el mandatario demostró que no ve el Estado como un garante de derechos; por el contrario, cree que tirar piedras a carabineros es lo mismo que el hecho de que un integrante de esa institución responda con balazos, como si no tuviera un mandato superior, que es el de aplicar la ley y, al mismo tiempo, resguardar la integridad de toda persona.

Lo que hizo Piñera con Rozas fue no solo privilegiar una relación personal por sobre lo común; también fue una afrenta a ese arte tan desprestigiado llamado política y crear en la gente la idea de que este ejercicio se trata solamente de esconderse tras gestos vacíos y hasta ofensivos. Y lo cierto es que no. Política es dar lecciones públicas, manifestar el descontento con el actuar de quienes ponen en riesgo la vida de los ciudadanos, cuando están mandatados para hacer exactamente lo contrario.

Carabineros necesita urgentemente una intervención civil, pero eso jamás sucederá con quien mira lo público como una batalla personal en la que está su interés por sobre cualquier cosa. El nombrado general Yañez tampoco parece representar algo muy distinto, independientemente de los comentarios “en off” de ciertos diputados, lo que se necesita hoy es un liderazgo que no existe, que no se ve.

Por lo tanto, una vez más, la pregunta de si Piñera debe continuar en su cargo es bastante atingente. Pero también habría que saber quién lo puede reemplazar; qué es lo que puede llenar ese vacío de poder. En cualquier otro momento histórico se podría mirar al frente, llamar a elecciones adelantadas, luego de un acto de responsabilidad política de quien sabe que su permanencia en el cargo es un problema para Chile; sin embargo, hoy no hay nada de eso. No existe esa capacidad política, ni menos, en la otra vereda, hay alguien que quiera o sepa liderar lo que se viene. Estamos fritos.

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  1. Consulta al analista político Francisco Méndez (que dudo que lea esto): ¿podría Chile actuar como los pueblos de Islandia y Bélgica, que estuvieron meses y años SIN GOBIERNO por haberse desecho de todos los corruptos del país en el primero (incluyendo banqueros) y del gobierno, en el segundo? Después de todo, los chilenos continuamos sometidos AL SISTEMA, aún a pesar del 78% Apruebo y, como Piñera es parte del sistema, tal vez el Sistema nos permita amputarle una parte… Digamos, las manos y ojos…

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