Por una Asamblea Constituyente

Esos constituyentes deben, por lo tanto, estar dispuestos a pensar el nuevo Chile del siglo XXI. Uno donde se supere la economía neoliberal y la cultura mercantilizada, con su pasión por el consumo. Uno abierto al cambio, donde los ciudadanos tengan muchos más derechos que los que tienen en la actualidad.


La decisión a favor del apruebo plantea la posibilidad de elaborar una nueva constitución.

Este proceso es necesario porque la del 80* fue elaborada durante la dictadura cívico militar, siendo aprobada en un plebiscito sin registros electorales. 

Además, en esa ocasión la derecha se movilizó activamente y personeros de esa tendencia se volcaron hacia las comunas populares, ocupando los puestos de vocales de mesas.

Por eso mismo sus resultados fueron considerados problemáticos, pues en algunos lugares aparecieron más votantes que ciudadanos inscritos.

Pero ese fue solo uno de los problemas. Aun si la aprobación de esa constitución hubiese sido legítima subsistiría la necesidad de elaborar una nueva. Ello porque la del del 80*, pese a los cambios incorporados, especialmente al final del gobierno de Ricardo Lagos, no solo tiene la marca de la dictadura cívico militar.

Además hay otro problema, de tanto peso como el anterior. Los actuales son otros tiempos. El Chile de hoy no es el de los ochenta del siglo XX.

Y una constitución define el presente, pero especialmente define el futuro. Por eso es necesario elaborar una que sea el fundamento jurídico del Chile del mañana.

Pero ¿Cómo se hace?. El mecanismo de elaboración debe ser el más democrático posible. En eso consistiría su principal diferencia con la actual, sería una de sus marcas de legitimidad.

Por ello debe ser aprobada por una asamblea constituyente, cuyos componentes deben ser electos. En ella participarán miembros de los partidos, también independientes presentados por estos u otros que compiten por su cuenta.

Pero esa instancia debe ser amplia. Esto significa que los constituyentes se eligen a nivel de los distritos, en una fórmula parecida a la de los parlamentarios.

Pero la discusión de la nueva constitución debería empezar a nivel de las comunas, para luego ir subiendo hacia la cúpula del estado.

El ideal sería que los debates comenzaran en el barrio, entre los ciudadanos que hablan de fútbol en las esquinas. Que también allí se discutiera sobre el nuevo Chile.

Respecto a los contenidos: esta debe ser una constitución que abra camino a una democracia participativa.

Una donde los constituyentes electos por la izquierda piensen el Chile del futuro. Una democracia participativa debería ser más democrática y, por ello, plantear un país distinto del de la restauración conservadora de Piñera, uno que retome los temas planteados por la rebelión de octubre del 2019.

Esos constituyentes deben, por lo tanto, estar dispuestos a pensar el nuevo Chile del siglo XXI. Uno donde se supere la economía neoliberal y la cultura mercantilizada, con su pasión por el consumo. Uno abierto al cambio, donde los ciudadanos tengan muchos más derechos que los que tienen en la actualidad.

Esa es la gran oportunidad que se presenta, a partir del 25 de octubre, con la elaboración de una nueva constitución.

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