Por qué yo Apruebo

Foto: Agencia Uno

Yo voto Apruebo porque creo profundamente en el ejercicio político y porque espero que esta instancia pueda ser una gran forma de relegitimarlo, de darle herramientas representativas para reconectar una masa dispersa, con rabia, y que siente que está sola ante la vida


El domingo que viene se realizará quizá uno de los eventos democráticos más importantes de nuestra historia. Hay dos opciones en competencia: una, el Rechazo, impide que haya una conversación en torno a una nueva Constitución; la otra, el Apruebo, abrirá un camino complejo pero excitante y desafiante, que consiste en emprender un trabajo que dé como resultado una institucionalidad que se rija bajo preceptos que logren identificar a la ciudadanía.

¿Por qué ir por el Apruebo? Exactamente por esto último. Porque nunca es tarde para una sociedad replantearse las premisas sobre las que descansan las reglas democráticas, más aún cuando las actuales no están pudiendo comprender la sociedad actual. Hoy lo que se necesita es una larga conversación sobre temas que han sido tabú debido al sesgo ideológico profundamente marcado en las bases de la Constitución actual. Hay controversias que no han sido tratadas porque están desterradas del debate democrático, y parece urgente traerlas a la mesa nuevamente.

Por estos días, frente a este argumento, he escuchado respuestas que dicen que la gente está demasiado polarizada como para comenzar un proceso de tal magnitud; he visto cómo algunos han afirmado que, con otra gente, con otro pueblo, esto se podría llevar a cabo, no teniendo conciencia del país en el que se vive, de la penetración ideológica de lo que algunos llaman “modernización capitalista”, y sin llegar a la fácil conclusión de que nunca habrá un “momento ideal” para lo que haremos este fin de semana, porque la Historia no se construye con momentos ideales, sino que con la urgencia que todo evento histórico amerita.

Esa urgencia es cada día más clara. Negarse a verla es dejar todo tal cual está y creer que con una que otra reforma se podrá detener un proceso social que necesita ser encauzado para que materialice la solución a conflictos que se viven hoy en las calles y en las casas de muchos chilenos. Ésta es una oportunidad única que no puede botarse por la borda, ya que a través de ella nos podremos preguntar cosas que estas lógicas actuales impiden que nos preguntemos.

Yo voto Apruebo porque creo profundamente en el ejercicio político y porque espero que esta instancia pueda ser una gran forma de relegitimarlo, de darle herramientas representativas para reconectar una masa dispersa, con rabia, y que siente que está sola ante la vida. Es el momento indicado precisamente porque es urgente. Porque tomar otra opción, estoy convencido, sería darle un portazo a pensar algo común.

¿Soluciona la Constitución todos los problemas de manera inmediata? Ciertamente no. Y plantear la disyuntiva del Apruebo o el Rechazo desde esa mirada no solo es iluso, es también alimentar la cultura del ciudadano/cliente, ése que no se pregunta cómo le llegan las cosas, sino que quiere recibirlas desechando cualquier otra alternativa. El proceso constituyente es mostrar alternativas, es derrumbar imposiciones ideológicas de quienes ganaron una batalla que pelearon solos porque callaron al adversario mediante su invisibilización.

El domingo podremos comenzar a sacudirnos no solo de los vestigios de la bota de Pinochet e incluso el Peso de la Noche de Portales; también podremos poner fin a la hegemonía institucional de Jaime Guzmán, quien creyó que la Nación se sustentaba en el respeto de símbolos y no en el respeto de quienes la habitan.

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