Plebiscitos

Foto: Estudiante secundario 1983, Santiago. Álvaro Hoppe.

Mientras el centro del plebiscito del 88 tenía como objetivo dirimir la continuidad de Pinochet, ahora lo que está en juego es similar, pero a la vez más amplia: eliminar esa Constitución que fue pensada milimétricamente para debilitar al Estado y favorecer la ampliación de los grandes capitales, la misma Constitución que desde una mala lectura triunfalista, posibilitó el anterior plebiscito. La propuesta más viable ahora apunta a una nueva escritura múltiple, la Constitución Constituyente, que desalojaría la forma jurídica promovida por el dictador.


Las fotografías de Álvaro Hoppe narran la historia de un tiempo político. O quizás habría que decir producen escenas y escenarios incrustados en una historia política. Son esas imágenes adosadas a ese específico pasado reciente (considerando la extensión de tiempos en los que se sitúan los sucesos y sus memorizaciones) las que van formando, en su conjunto, lo que se podría denominar (siguiendo un título de George Bataille) “la historia del ojo” de Alvaro Hoppe.

Ahora, en una segmentación de su extenso trabajo, se edita: “Plebiscito en Chile, 1988”, que recorre tres momentos: Manifestaciones por la Democracia, Campaña del Plebiscito y 5 de Octubre. En esas secuencias de tiempos las fotografías son las encargadas de relatar, de poner y disponer los escenarios y las escenas para permitir el flujo apretado de esos días, que se muestran como diversos, simétricos o antagónicos, corporales o depositados en signos murales. Concentrados en constantes tiras de pruebas. El dilema del SI o el NO están recogidos en un viaje visual que consigna cuerpos, estilos y signos. Desde luego el triunfo del no, de ese preciso no, es el momento en que los cuerpos expresan aquello suspendido por la espera que genera siempre una forma de incertidumbre.

Las imágenes de Álvaro Hoppe ya forman parte del patrimonio chileno. Relatan con una precisión que le pertenece, hilos de tiempos que van a permanecer refugiados en sus imágenes. Las analíticas de Pablo Azócar, de Angela Donoso, de Roberto Farriol, el texto y la entrevista de Alexis Díaz son lo suficientemente poderosas para pensar la grieta entre esperanza y realidad, promueven las formas para pensar la fotografía como documento o reportaje, foto a foto una estrategia de lectura.

El conjunto de textos lee con precisión y diversidad de miradas el contexto de las fotografías, la fotografía documental como género e ingreso a la analítica cultural, la disposición del libro y una entrevista en la que el autor señala su fijación con el teatro que puede ser pensada como una forma de entender la conformación fina de la teatralidad de la imagen que porta la fotografía.

Este volumen contiene imágenes y escrituras que, en su conjunto, organizan la exactitud del libro que habitará el estante de la historia. Pero no puedo dejar de abordar en esta presentación el pliegue que este texto contiene, considerando la fecha de su lanzamiento, hoy mismo. De manera simbólica los signos del libro operan en la actual contingencia de manera múltiple. Mientras el centro del plebiscito del 88 tenía como objetivo dirimir la continuidad de Pinochet, ahora lo que está en juego es similar, pero a la vez más amplia: eliminar esa Constitución que fue pensada milimétricamente para debilitar al Estado y favorecer la ampliación de los grandes capitales, la misma Constitución que desde una mala lectura triunfalista, posibilitó el anterior plebiscito. La propuesta más viable ahora apunta a una nueva escritura múltiple, la Constitución Constituyente, que desalojaría la forma jurídica promovida por el dictador.

Tal vez uno de los signos centrales que habría que considerar en este sorprendente paralelismo es que este nuevo plebiscito ocurre y transcurre bajo Estado de Excepción, con libertades cívicas suspendidas y bajo el imperativo de toque de queda, tal como sucedió de manera ininterrumpida a lo largo de 17 años de dictadura. En este Plebiscito es la pandemia la que detona las medidas, pero, al igual que la aguda crisis económica del año 1983, este momento pandémico muestra la precariedad del modelo y la situación en la que vive una parte importante de la población. La pobreza emergió enteramente bajo el imperio de esta enfermedad arrasando con el mito de la prosperidad chilena y el éxito del modelo. Reemergió el hambre.

Y, desde luego, son coincidentes las marchas multitudinarias de protestas que se detonaron a partir de Octubre y que mantienen una simetría con las marchas por el NO fotografiadas por Hoppe que promovían el fin de la continuidad del régimen. No se trata solo de un encuentro entre dos plebiscitos, sino del encuentro entre los sentidos que los rodean. Desde luego sería injusto obviar que ese NO permitió el fin de los abusos masivos a los derechos humanos, puso término al Estado de Excepción y así se restablecieron derechos desalojando el terrorismo de Estado y generando así un espacio más habitable.

Sin embargo, los actores políticos de la posdictadura, a lo largo del prolongado tránsito a la democracia se han volcado a la administración de un modelo progresivamente depredador que exprimió los cuerpos hasta la perforar sus existencias. El crédito fue un arma fundamental, la deuda una condición.

La elitización de estos años permitió que los políticos de todas las vertientes incluida la llamada centroizquierda, fueran denominados como una “clase” y ellos aceptaron ser esa “clase” (nueva) que se alió al capital desde un sistemático trabajo parlamentario.

La desigualdad considerada como un costo asociado al modelo, explotó de una manera esperable e inesperada a la vez, en un estallido que no se detuvo. Y en ese estallido, emergieron los tiempos dictatoriales sintetizados en el pasado plebiscito porque, en un corto período, se multiplicaron las violaciones a los derechos humanos, se reitera así, la participación de carabineros inscrita en la fotografía de Hoppe que recoge el duelo de las mujeres y niños, después del atroz degollamiento.

La muerte, los heridos, la ceguera total y los daños oculares, golpizas, abusos sexuales y miles de presos revivieron bajo democracia los procedimientos de la dictadura, pero, a su vez mostraron la repolitización de la ciudadanía rebelde ante el modelo, una ciudadanía autónoma y sin conexión alguna con líderes políticos.

En ese sentido, este plebiscito apunta al fin de la una escritura dictatorial y contiene en su interior los costos de más de cuarenta años de una política que si bien mutó en las figuras que administraron el poder, no cambió la fórmula segregadora que alcanzó un amplio consenso.

En este libro Álvaro Hoppe, pone y nos expone una pregunta crítica a partir de las imágenes si no idénticas sí repetidas en el doblez de los tiempos. Si se examina el pliegue de sentido que este libro contiene, aquello que abre  una pregunta inevitable por una penosa semejanza.

¿Qué horizonte nos abre este nuevo plebiscito? Es desde luego una esperanza, pero también una incógnita nunca desligada del escepticismo. La dirección propuesta por el fotógrafo nos indica que vayamos a las urnas. Iremos. Indica que el No reconvertido en APRUEBO será la opción, pero, detrás o debajo sigue la ruta de la desigualdad, la distancia entre pueblo y elite, la asombrosa conversión de los políticos en una “clase” por cierto ultra acomodada y la violencia policial.

Pienso en la tarea colectiva de producir un nuevo horizonte. Se trata una vez más de una fina, perseverante tarea política para darle sentido al acto de vivir. Me pregunto ahora mismo si conseguiremos despertar al escolar fotografiado por Hoppe, si lograremos que abra los ojos y vea un escenario social proclive capaz de aminorar las catástrofes humanas. Sí, que despierte el joven que encontró dormido el exacto encuadre de Álvaro Hoppe. Que el muchacho con sus ojos muy abiertos se baje de la antigua micro y encuentre un camino seguro hacia un espacio social que realmente lo acoja y lo valore.

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