Piñera ya no le importa a nadie, ni siquiera a Larroulet y los suyos

Piñera ya no le importa a nadie, ni siquiera a Larroulet y los suyos

Es cosa de ver las interpelaciones de las que fue objeto tanto Cristián Larroulet como Libertad y Desarrollo en el intercambio en la Cámara. Tanto parlamentarios de oficialismo como de centroizquierda se refirieron en más de una oportunidad a las presiones del llamado “presidente en las sombras”, dejando así a Sebastián Piñera como la nada misma, como un simple recuerdo de algo que no funcionó, pues no existe, ya no es relevante. Ahora no se trata de esconderlo, porque, aunque esté a plena luz del día haciendo de las suyas, lo cierto es que se sabe que políticamente ya está muerto hace meses.

La aprobación del proyecto de retiro de las AFP fue considerada por unos como un triunfo de la oposición, mientras hay quienes la ven como una derrota del oficialismo, lo que no trae consigo necesariamente una victoria opositora. Para otros, esto no es más que otra demostración de lo arraigado que está en la ciudadanía y en la política, de manera transversal, el sentimiento individualista y “libertario”.

El gobierno no perdió ideológicamente, ya que la medida aprobada parte de la premisa básica del mal llamado “sistema de pensiones”: el Estado y lo común no existe, sino solo la oportunidad de salvarse solo. ¿La razón? Porque no somos ciudadanos con certezas públicas, sino una construcción basada en créditos, en transacciones interminables que hacen posible la sobrevivencia, por lo que, de una u otra forma, queremos lo nuestro. Aunque haya opinólogos de la plaza cuestionando dicho razonamiento, lo concreto es que, a falta de seguridades materiales claras, nos aferramos a las oportunidades que tenemos, a las pequeñas ventanas que se abren.

Por lo tanto, acá no hay un debate sobre formas de concebir una sociedad, aunque en la discusión parlamentaria a veces subyace algo parecido. En cambio, lo que presenciamos fue la derrota de un gobierno bajo sus propias ideas, sin que signifique que haya gente en la otra vereda que, efectivamente, pueda sentirse satisfecha. Pero tal vez lo más serio es que estamos ante un momento político en el que la figura del Presidente ya no es relevante, no existe como líder ni tampoco antagonista de ninguna causa, y es su asesor directo quien es un objetivo.

Es cosa de ver las interpelaciones de las que fue objeto tanto Cristián Larroulet como Libertad y Desarrollo en el intercambio en la Cámara. Tanto parlamentarios de oficialismo como de centroizquierda se refirieron en más de una oportunidad a las presiones del llamado “presidente en las sombras”, dejando así a Sebastián Piñera como la nada misma, como un simple recuerdo de algo que no funcionó, pues no existe, ya no es relevante. Ahora no se trata de esconderlo, porque, aunque esté a plena luz del día haciendo de las suyas, lo cierto es que se sabe que políticamente ya está muerto hace meses.

¿Qué es peor, ser considerado “malvado” o pasar a la irrelevancia? Lo segundo es más insoportable para un jefe de Estado, y más aún para quien no sabe lidiar con su propio carácter y , como el presidente en funciones, hace de todo para caerse bien a él mismo.

Hoy él no importa para nadie. El poco poder que tenía, y que dejó de tener hace demasiado tiempo, se transformó en una mala broma al quedar en evidencia que no tiene ni una sola mirada acerca el futuro, desilusionando incluso a los que nunca tuvieron una ilusión sobre su mandato y lo pensaron solo como una manera de mantener los pilares intactos de la ideología imperante.

La pelea de Palacio ahora es solo el intento por mantener activos circulando en el mercado. Y ahí Piñera ya no tiene nada que hacer, porque sus deseos o sus pensamientos transitorios no sirven ante la decisión dogmática de Larroulet y los suyos de no dar un solo paso en falso, cayéndose una y otra vez esta semana en un profundo hoyo.

Son las ideas y promesas del gremialismo neoliberal, que en los setenta y ochenta se apoderaron de la relación del trabajador con sus pensiones, las que hoy están poniendo en jaque a quienes creyeron que todo los podría traicionar, menos las premisas bajo las que construyeron su ideario. Y Piñera no da ninguna garantía para impedir esa traición, por lo que es solo un mal estorbo. Una mala elección.

Sobre el Autor

Francisco Mendez

Analista Político.

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