Piñera y el “retiro” del régimen

05 de Septiembre de 2017/SANTIAGO Sebastián Piñera participó del Ciclo de Diálogos SOFOFA-UDP con Candidatos Presidenciales. El tema central fue la modernización del Estado FOTO: FRANCISCO CASTILLO D. /AGENCIAUNO

Piñera nunca tuvo amigos, sino intereses. Pero le funcionaron en ciertos momentos. Fueron sus fusibles, su tejido de poder que hoy se ha difuminado. El mismo ha devenido su propia “variante”: nadie quiere contagiarse con su nombre, con sus decisiones, con su lugar.


El naufragio se ha consumado. No solo el último presidente de la Constitución de 1980 ha sido destituido, también el dispositivo privilegiado de dicha Constitución: el Tribunal Constitucional. Desde el Acuerdo del 15 de Noviembre que los poderes del Estado han experimentado un desplazamiento: el ejecutivo quedó vacío y frente a ello el Congreso Nacional asumió el poder político en una estrategia de “lawfare” contra el partido octubrista. Dicha toma de poder se consumó hoy cuando el Ejecutivo –liderado por Piñera y sus ministros de poca monta- terminó por implosionar.

Piñera nunca tuvo amigos, sino intereses. Pero le funcionaron en ciertos momentos. Fueron sus fusibles, su tejido de poder que hoy se ha difuminado. El mismo ha devenido su propia “variante”: nadie quiere contagiarse con su nombre, con sus decisiones, con su lugar. Una época completa ha terminado, la episteme Chicago, aquella que impuso la secta de los economistas de la PUC formados por Milton Friedmann, experimenta su fin. Ni siquiera sectores de la derecha política creen en ella, cuestión que tendrá consecuencias significativas en la Convención Constitucional. Porque si es cierto que la derecha ganará, al menos, un tercio de los escaños, será un tercio dividido que no podrá garantizar el triunfo de la episteme neoliberal en la redacción de la Nueva Constitución.

Pero no estamos frente a la posibilidad que un cambio de gabinete o del “segundo piso” (Cristian Larroulet) pudiera resolver la “crisis”, sino a una nueva intensificación de la destitución del régimen neoliberal cuyo proceso se ha agudizado producto de la pandemia. En este proceso, el Tribunal Constitucional terminó por sacarse la careta “jurídica” que tantos defendieron por años y quedó expuesto como una “tercera cámara”. Si bien, siempre funcionó de esa forma, aún mantenía la investidura de “seriedad jurídica” que le permitía ser eficaz para inmunizar a la Constitución de 1980. Al no aceptar el requerimiento del gobierno y rechazarlo por 7 votos contra 3, el TC expuso su talante “político” cuando el propio Aróstica –en un gesto que recuerda al del general Matthei durante el plebiscito de 1988- cuando manifestó que, antes de la decisión, el TC resuelve acerca de: “(…) qué tiene que hacerse para solucionar los problemas de la gente”. Decisión propiamente política que cataliza el verdadero y más decisivo de los “retiros”: no se trata solo del 10% de las AFPs como del 100% del régimen neoliberal.

Desde la revuelta de Octubre ha quedado al descubierto el reverso tanático del régimen, el envés criminal que le constituye y que la pandemia, conjuntamente con el desenfreno policial, expuso con toda su crudeza. “Nos Matan” escribió la marcha feminista del 8 de Marzo de 2021 en Plaza Dignidad. Justamente, en la sequedad del cemento de la principal avenida, bajo los pies del General Baquedano (el poder estatal-nacional) y el edificio monumental de la Telefónica (el poder tecnocrático y global). Nuevas protestas obligaron a las autoridades –vía la nueva opinología practicada por el Ejército- a “retirar” la estatua del General Baquedano quedando expuesto el reverso tanático del neoliberalismo en la exposición directa, sin mediación estatal-nacional (la estatua del Gral. Baquedano), de los cuerpos que claman “Nos Matan”.

Pero, el rechazo del TC frente al requerimiento del gobierno formalizó el completo retiro del régimen, poniendo la lápida sobre Piñera y a los más de 30 años de profundización neoliberal (Concertación): Piñera ha de ser visto como el último transitólogo, el último hijo de “Chicago” (aunque haya estudiado en Harvard), el último y, por tanto, más torpe, farsante, cómico -en definitiva- de todos los presidentes de la transición democrática: la “variante Piñera” –un presidente neoliberal que no puede hacer nada con el naufragio de su propio barco- fue el virus que contagió al régimen en su totalidad y terminó por hundirlo completamente.

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