Pesca y acuicultura en la nueva constitución

Foto: Agencia Uno

En el ámbito de la pesca artesanal, están registrados más de 80 mil pescadores artesanales y 13.000 embarcaciones, y se reconocen más de 450 caletas a lo largo del país, lo que representa el 43% de la pesca total en Chile. En este escenario la tarea de las y los constituyentes no es menor, bajo un concepto solo modernizador se debería esperar una mirada territorial, más social y ecológica, que asegure la discusión respecto a la sustentabilidad socio-ambiental, la gobernanza de bienes comunes, las economías territoriales, entre otros.


Por definición, el mar chileno es el conjunto de los espacios marítimos sobre los que Chile ejerce soberanía, representan derechos exclusivos y reclamaciones. Los espacios marítimos de Chile comprenden las aguas oceánicas que van desde las líneas de base en la costa continental hasta el límite occidental de la Zona Económica Exclusiva y de la plataforma continental. La superficie que abarcan estos espacios supera los 3,4 millones de km2, adyacente a un litoral que se extiende por más de 4.300 km. Nos podrán impactar las cifras, pero su significado es más profundo, es planetario.

Esta inmensa extensión oceánica y de litoral constituye un capital verdaderamente majestuoso, en este espacio se distinguen ecosistemas singulares y relevantes para nuestra biodiversidad marina como los ecosistemas de Montes Submarinos, zonas de surgencia, fiordos y canales, algunos de ellos los más prístinos y con mayor endemismo del planeta. La riqueza y productividad de sus ecosistemas le otorgan ventajas como productor de recursos pesqueros y de acuicultura altamente valorados y demandados en los mercados mundiales. A pesar de su indiscutido valor, somos un país marítimo que claramente no se refleja en la constitución actual, escrita por lo demás entre cuatro paredes, careciendo de legitimidad de origen y sin un órgano constituyente democrático.

En la primera etapa de trabajo de la Asamblea Constituyente, un número importante de sus miembros se ha pronunciado respecto a incluir el mar y sus recursos en la nueva carta magna, la nueva constitución. Han destacado el valor de que la gestión de los mismos esté determinada por el interés general más que en el interés particular, en un marco de transparencia y participación. Así mismo, y una vez definidos los mecanismos, señalaron que los pescadores artesanales entre otras agrupaciones participaran de la asamblea. Destacan además, la necesidad de recuperar bienes públicos y un desarrollo sustentable, junto con establecer normas claras y que no sean engañosas respecto del manejo de los recursos hidrobiológicos de nuestro país. La nueva constitución representa un mundo de oportunidades para nuestros recursos marinos, la pesca y acuicultura, la conservación y el manejo, pero todavía más si pensamos en nuestra responsabilidad planetaria respecto a los efectos del cambio climático. Parece ser un buen momento para alejarnos de una vez y para siempre del extractivismo miope y tercermundista que permite la constitución y Ley de Pesca actual.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), advirtió en su informe mundial 2020 sobre pesca y acuicultura, que el deterioro de las reservas pesqueras y la captura excesiva de peces en su hábitat natural se ha convertido en un problema permanente. Un 30% de especies no se encuentra dentro de unos niveles biológicamente sostenibles y alrededor del 60% están cerca de alcanzar un nivel similar. La Subsecretaria de Pesca, órgano que regula y administra la actividad pesquera y de acuicultura en Chile, destaco en su informe Estado de Situación de las Principales Pesquerías Chilenas 2019, las mejorías arrojadas por algunas especies, sin embargo el informe también refleja situaciones preocupantes, recursos como la merluza común no han evidenciado ninguna mejora significativa desde el año 2012. Gran parte de las pesquerías de importancia comercial llevan más de diez años al borde del colapso o en estado de colapsadas.

En el ámbito de la pesca artesanal, están registrados más de 80 mil pescadores artesanales y 13.000 embarcaciones, y se reconocen más de 450 caletas a lo largo del país, lo que representa el 43% de la pesca total en Chile. En este escenario la tarea de las y los constituyentes no es menor, bajo un concepto solo modernizador se debería esperar una mirada territorial, más social y ecológica, que asegure la discusión respecto a la sustentabilidad socio-ambiental, la gobernanza de bienes comunes, las economías territoriales, entre otros.

En el caso de la acuicultura, el organismo de la ONU destaca que durante el 2018 la acuicultura mundial alcanzó un récord productivo histórico de 114,5 millones de toneladas, convirtiéndose en la principal fuente de pescado disponible para el consumo humano desde el año 2016, proyectando que durante los próximos años la acuicultura seguirá dominando el mercado de los alimentos de origen marino y que, mediante una gestión sostenible, podría tener un efecto transformador en la forma en que alimentamos a la población mundial. La acuicultura en Chile está orientada principalmente a la producción de peces, moluscos y algas para los mercados internacionales y ha sido una de las actividades de mayor crecimiento en los últimos años, las cosechas acumuladas a diciembre de 2020 fueron de 1,468 millones t, cifra 11,6% superior a lo registrado a igual fecha del año 2019. Los peces, tres especies de salmones, aportaron con el 71,1% del total de la acuicultura; mientras que los moluscos y algas participaron con un 27,7% y 1,2%, respectivamente. Estas cifras posicionan a Chile entre los 10 principales productores a nivel mundial, lo que da cuenta de nuestro potencial para la seguridad alimentaria. Su importancia es tal, que representa el segundo sector exportador después del cobre. Pero así como lo señalado para la pesca, la asamblea constituyente y la sociedad deberán reflexionar respecto a los principios que sustenten el desarrollo de una acuicultura sostenible. Hoy, la escasa diversificación de la acuicultura, concentrada en pocas especies, la mayoría introducidas, significa una resilencia reducida pensando en los efectos del cambio climático. La diversificación también debe asegurar la producción a diversas escalas, fomentando el desarrollo territorial de las comunidades. Temas como la preservación de biodiversidad acuática, efectos en el ambiente, enfoque ecosistémico y modelos de gobernanza, deberán formar parte de los principios y objetivos que modelen el desarrollo de la acuicultura, aspectos que por lo demás están comprometidos como país en acuerdos internacionales.

Finalmente lo que ya sabemos, el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible en la pesca y acuicultura será posible solo si se tiene debidamente en cuenta la investigación científica y tecnológica. La presidenta y miembros de la Academia Chilena de Ciencia, solicitaron a los constituyentes reconocer a la ciencia como un derecho constitucional, de esa manera se articula un beneficio del interés general, un financiamiento estatal sostenido y descentralizado fomentando las capacidades de las universidades regionales y centros de investigación. Más ciencia y participación en la nueva constitución para una pesca y acuicultura sostenible.

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