Paula Narváez y el fracaso del neoliberalismo

Si no se trata sólo palabras, el desafío de Paula Narváez de desmantelar el neoliberalismo no será tarea fácil. Está obligada a modificar de forma sustantiva el modelo económico y las políticas sociales que han caracterizado a nuestro país por 40 años. Para ello necesita de técnicos y políticos dispuestos a esos cambios, que tengan una real convicción por la trasformación y que no se encuentren subordinados o pagados por los grupos económicos.


Paula Narváez, candidata socialista a la presidencia, ha declarado que “el modelo no da para más”. “Y no hay que tener miedo para decir que el neoliberalismo fracasó”. Al fin una dirigente connotada de la Concertación-Nueva Mayoría se atreve a decir lo que no dijeron Frei, Lagos y Bachelet. Sus afirmaciones desafían especialmente al presidente Lagos, quien ha defendido, con la convicción que lo caracteriza, a los gobiernos postdictadura y ha sido explícito en señalar que “Los gobiernos de la Concertación no fueron neoliberales” (El Ciudadano, 10-01-2012).

John Williamson, en 1990, acuñó el término “Consenso de Washington”, para precisar los ejes definitorios del neoliberalismo, los que se resumen en lo siguiente: disciplina presupuestaria; reforma fiscal con bases imponibles amplias y tipos marginales moderados; liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés; tipos de cambio competitivos; liberalización comercial; apertura a las inversiones extranjeras; privatizaciones; desregulaciones; cambios en las prioridades del gasto público a favor de sanidad, educación e infraestructura (con rigurosa focalización) y, garantía de los derechos de propiedad. Este decálogo, también denominado neoliberalismo, ha sido de aplicación rigurosa en Chile.  

Los gobiernos de la Concertación y sus economistas resultaron más neoliberales de lo que ellos mismos imaginaron. La “crítica al modelo”, que la oposición a la dictadura realizó hasta fines de los años ochenta, pasó al olvidó cuando se convirtió en gobierno. Como en el cambalache, todo lo que antes se había quemado comenzó a adorarse.

El Clarín.cl en Documentos Ocultos (21-02-2021) entrega pruebas irrefutables:

“Pinochet realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo. Hay que reconocer su capacidad visionaria y la del equipo de economistas que entró a ese gobierno en año 73, con Sergio de Castro a la cabeza” (Alejandro Foxley, ministro de los presidentes Lagos y Bachelet, en revista Cosas, 05-05-2000).

“Chile aprendió hace pocas décadas que no podía seguir intentando remendar un modelo económico que lo dejaba al margen de las tendencias mundiales. El cambio fue doloroso, pero inevitable. Quienes lo diseñaron y emprendieron mostraron visión y liderazgo” (Eugenio Tironi, Jefe de Comunicaciones del presidente Aylwin, en su libro La irrupción de las masas y el malestar de las elites).

“En el mediano plazo la tendencia es que el Estado debería deshacerse de la mayoría de las empresas públicas. La única excepción es Codelco, que debería seguir en manos del Estado” (Nicolás Eyzaguirre, ministro de los gobiernos de los presidentes Lagos y Bachelet, en revista Qué Pasa, 02-09-2000).

“El modelo (económico) ha funcionado muy bien, permitiendo crecimientos económicos y bajas en la pobreza. Es un modelo que concita el gran apoyo de la ciudadanía y por eso la Concertación ha sido reelecta. El compromiso es profundizar esas políticas.” (Andrés Velasco, ministro de la presidenta Bachelet, en La Segunda, 31-01-2000).

“El Estado se volvió superfluo en el campo de la ´producción directa de bines y servicios. La resistencia a privatizar las sanitarias, puertos y empresas como ENAMI o ENAP o, incluso, a revisar el estatuto empresarial de Codelco, son resabios del pasado y forman parte de un desfallecimiento imaginario fiscal. Pero, hay que aceptar, además, que la producción de bines públicos esenciales como la educación y la salud admiten también esquemas más variados-privado y comunales- que aquellos hasta aquí ensayados”. (J.J. Brunner, ministro del presidente Frei, en La Tercera, 16-08-1998).

“(Los candidatos presidenciales de 1999) tendrán que enfrentar el fin de tres grandes mitos con apariencias de dogmas intocables: que nuestra independencia depende de la propiedad estatal de Codelco, que la mayor equidad social depende solamente del mayor gasto público y, por ende, de mayores impuestos, y, que podemos transformarnos en un país moderno sin profundizar y abrir nuestro mercado de capitales. Ha llegado el momento de discutir fórmulas que transformen muy profundamente a Codelco, combinando el interés fiscal con formas de participación privada en su propiedad cada vez mayores.” (Enrique Correa, ministro del presidente Aylwin, en El Mercurio, 02-02-1999

Trasmutación ideológica, el miedo a los poderes fácticos y sobre todo la captura empresarial de la clase política tradicional condujo a los gobiernos de la Concertación a una sorprendente complacencia con el modelo neoliberal. Los dirigentes de la Concertación creyeron que a la ciudadanía le bastaba con el “crecimiento con reducción de la pobreza” y tuvo que venir la explosión del 18-0 para que se entendiera que lo que en realidad demandaba la sociedad chilena era el término de las desigualdades y abusos.

Si no se trata sólo palabras, el desafío de Paula Narváez de desmantelar el neoliberalismo no será tarea fácil. Está obligada a modificar de forma sustantiva el modelo económico y las políticas sociales que han caracterizado a nuestro país por 40 años. Para ello necesita de técnicos y políticos dispuestos a esos cambios, que tengan una real convicción por la trasformación y que no se encuentren subordinados o pagados por los grupos económicos.

La tarea no es fácil porque las grandes ganancias acumuladas por los grupos económicos le han otorgado un inmenso poder fáctico, que se expresa en la propiedad de los principales medios de comunicación, en el control ideológico de las universidades y en la utilización de ese poder para comprar políticos y favorecer sus negocios. Y, en realidad, desafiar el neoliberalismo significa enfrentar los intereses de los principales grupos económicos.

En primer lugar, se precisa modificar el extractivismo, anclado en la minería, la pesca y el sector forestal para impulsar un modelo productivo diversificado. Ello exige terminar con el Estado subsidiario y, por cierto, olvidarse del generoso regalo existente actualmente en favor de la explotación de recursos naturales sin procesar. Sólo un Estado activo, con políticas públicas inteligentes, podrá potenciar nuevos sectores productivos, que agreguen valor a los bienes, para extender la economía a todos los territorios y empresas del país, favoreciendo un empleo de mejor calidad.

En segundo lugar, se requiere de una regulación efectiva para terminar con las colusiones de precios y los acuerdos oligopólicos entre empresas productoras de bienes y servicios, así como en la banca y el comercio. Es la manera de controlar la expoliación inmisericorde sobre consumidores y clientes.

En tercer lugar, es imprescindible desarmar la muralla que divide a los chilenos en la salud, educación, vivienda y pensiones, así como entre territorios. El término de las políticas focalizadas y la recuperación de la universalidad resulta imprescindible para que no persistan los abusos y desigualdades sociales, regionales y comunales. Ello ayudará también a cerrar las puertas de la delincuencia y drogadicción que se extiende en las poblaciones marginales, las que exigen prevención e integración social.

Para lograr este triple propósito es imprescindible una estrategia de alianzas que reúna las fuerzas del Estado, trabajadores, organizaciones de la sociedad civil, junto a pequeños y medianos empresarios. Es la manera de hacer contrapeso al gran capital y forzarlo a un compromiso con un proyecto nacional de desarrollo integrador e incluyente. Por cierto, esta alianza requiere de políticos y técnicos independientes del gran empresariado y con   voluntad transformadora. El tiempo dirá la última palabra.

La sociedad demanda el término del neoliberalismo porque el actual orden económico y las políticas de segregación social han multiplicado la riqueza del 1% más rico, acrecentando el descontento de la gran mayoría de chilenos y chilenas. Además, ese poder material y fáctico de los grupos económicos ha debilitado al propio sistema político y por tanto a la democracia. Es valorable entonces que la candidata presidencial socialista declare el fracaso del neoliberalismo. 

Total
1
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Artículos Relacionados
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.