Paula Narváez, candidata presidencial

Paula Narváez toca temas importantes, y lo hace bien. Sin embargo, una propuesta transformadora exige atacar la base material que da sustento a los abusos y desigualdades que ha sufrido la sociedad chilena. Esa base material es el sistema económico que ha concentrado la riqueza en unos pocos, expoliando a la mayoría. Ello ha significado que el 1% más rico sea dueño del 30% de la riqueza (mientras el 10% controla el 70% de la riqueza).


Interesantes primeros lineamientos de Paula Narváez como precandidata presidencial. Reconoce que los desafíos que se le presentan al país son ineludibles y consecuencia del estallido social del 18-0, a los que se agrega la terrible pandemia, que ha puesto en evidencia la desprotección que sufre la familia chilena. Señaló en Cooperativa que “la nueva Constitución le pertenece al estallido social” y “hay que construir desde abajo hacia arriba” (14-01-2021).

Declaraciones desafiantes, bastante alejadas de ese socialismo complaciente con el neoliberalismo que ha rechazado la ciudadanía.

Apunta a lo principal cuando señala que “el proyecto de futuro debe democratizar todos los espacios”, destacando prioridades como la seguridad social, salud, educación y el medio ambiente. Tampoco oculta su preocupación con temas problemáticos para la vieja Concertación como la corrupción, la gobernanza de la seguridad, con reforma de las instituciones policiales y, por cierto, la situación dramática de la Araucanía (EMOL, 14-01-2021).


En pocas palabras, Paula Narváez toca temas importantes, y lo hace bien. Sin embargo, una propuesta transformadora exige atacar la base material que da sustento a los abusos y desigualdades que ha sufrido la sociedad chilena. Esa base material es el sistema económico que ha concentrado la riqueza en unos pocos, expoliando a la mayoría. Ello ha significado que el 1% más rico sea dueño del 30% de la riqueza (mientras el 10% controla el 70% de la riqueza).

Por tanto, es la inédita concentración económico donde radica el poder de la minoría y ese es el principal desafío democratizador que tiene el país. Por tanto, la propuesta de Narváez le exige enfrentar el poder del 1% más rico del país. No es tarea fácil, pero imprescindible.

La base del enriquecimiento de la minoría ha sido, por una parte, la producción y exportación de recursos naturales, con concesiones generosas (inaceptables) del Estado; y, por otra, las inmensas ganancias del sector servicios, comercial y financiero que, gracias a la colusión y arbitrariedades, expolia a consumidores, clientes y estudiantes. Aquí radica el fundamento material de las desigualdades.


Así las cosas, la acumulación de ganancias de los grupos económicos les ha otorgado un inmenso poder fáctico en el país, mediante la propiedad de los principales medios de comunicación y el control ideológico de las universidades.

Pero, lo más a grave ha sido la utilización de ese poder para corromper políticos y favorecer sus negocios. En esas condiciones, el sistema político no controla al gran empresariado, no lo regula, no le cobra royalties por la explotación rentista de nuestros recursos naturales, le facilita la colusión y la elusión impositiva y, además, le ha abierto ancho camino para que opere, sin control, en paraísos fiscales.

Es preciso reconocer, entonces, que el gran capital es el que manda en Chile. Y aquí radica el problema central del país porque la inexistencia de democracia económica impide generar oportunidades al conjunto de la sociedad. Así las cosas, el Estado ha perdido toda su fuerza para impulsar una estrategia de desarrollo que vaya más allá de los núcleos de poder del gran capital.

En consecuencia, el Estado se ha convertido en un aliado del gran capital. Entregó a los grupos económicos, sin costo (sin royalties), nuestras tierras, ríos y mares para que exportaran alimentos y minerales para la industrialización y urbanización de China. Al mismo tiempo, permitió un sistema comercial y financiero oligopólico que extrae inmensos excedentes gracias a la colusión y a la desregulación. Impulsó una política social, que entregó al gran empresariado la educación, salud y previsión. Entretanto, las principales instituciones regulatorias han sido inútiles para al regular los mercados y evitar los abusos y desigualdades.

La propuesta democratizadora de Paula Narváez es interesante pero no tiene en cuenta el poder monopólico de los grupos económicos. Regularlo, controlarlo y disciplinarlo es ineludible si se desea abrir oportunidades de progreso al conjunto de la sociedad. Si se desea terminar con los abusos y desigualdades. Al mismo tiempo, ello permitirá frenar el poder fáctico de los grupos económicos sobre los medios de comunicación y sobre todo su efecto corruptor en el sistema político.

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  1. MUY INTERESANTE ARTÍCULO DEL ECONOMISTA ROBERTO PIZARRO HOFER. SINTÉTICO, CLARO Y CON UN CONTENIDO QUE SE CORRESPONDE CON LAS DEMANDAS DEL 80% DE LOS CHILENOS.

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