Paso a Paso, nos cuidamos. ¿Pero quién cuidará de Martín?

Paso a Paso, nos cuidamos. ¿Pero quién cuidará de Martín?

El gobierno ha decidido levantar las medidas y María tiene una disyuntiva: Seguridad de Martín o sustento. Pero en realidad el Estado no le ha dado alternativa. Finalmente, no tiene opción, y el sustento debe asegurarse. Es la leona de esa pequeña manada de dos. Hoy debe buscar cómo asegurarse de que Martín logre ser cuidado. Reflexiona y busca el lado positivo, “por suerte, Martín no es tan pequeño”, quizás pueda quedarse en la casa solo, y yo tratar de regresar lo antes posible.

El martes una madre, que llamaremos María, y que vive en la comuna de La Reina, deberá presentarse a su trabajo que se encuentra en la comuna de Ñuñoa. Ella vive sola con su hijo, y como muchas y muchos vive con lo justo.

Cuando comenzó la cuarentena María temió por su trabajo, pero su empleador le señaló que harían todos los esfuerzos por no despedir a nadie, confiado en que la suspensión de actividades duraría poco. Eso si, le dijo si era posible que desde su hogar pudiese trabajar en algunas cosas de la oficina. María respiraba profundo y la cesantía que veía a su alrededor se veía algo más lejana.

A los dos meses, su empleador le dijo que debían bajar los sueldos. Algo que María sin duda vio con preocupación, pero también con alivio. Seguía con trabajo, aunque había tenido que comprar un computador en cuotas y que hoy comparte con Martín su hijo de 11 años que por razones obvias no va a la escuela. También debió contratar un servicio de internet pues el prepago no le daba para las necesidades laborales y escolares del hogar.

Preocupada María, escuchó con alegría la noticia sobre la posibilidad de volver a su oficina. Con eso aumentaba la posibilidad de que no fuese despedida y más aún, que en algún momento lograse el mismo sueldo que tenía antes de la cuarentena.

Pero la alegría duró poco. Martín, por razones obvias y que comprende como necesarias, no regresa a clases. Sus cuidadores antes de la pandemia eran los tatas que, ya mayores, hoy no puede arriesgarlos a que sean contagiados, y que no visita desde fines de marzo. Más que mal María usa transporte público y por muchas medidas que tome, es imposible asegurar que no lleve el virus a casa, se contagie ella, Martín y así a los tatas, ella lo tiene claro y le preocupa.

Pero María también sabe que esa alternativa ya no existe, si Martín vuelve a la escuela bastará que alguien se enferme para que todos queden en cuarentena y vuelva a casa.

María sabe que la escuela para Martín no solo es el lugar de estudio. Es también un refugio, donde está cuidado, recibe alimentación y le permite a ella trabajar. Pero aun no sabe cómo enfrentar esta nueva normalidad de la que tanto se habla.

El gobierno ha decidido levantar las medidas y María tiene una disyuntiva: Seguridad de Martín o sustento. Pero en realidad el Estado no le ha dado alternativa. Finalmente, no tiene opción, y el sustento debe asegurarse. Es la leona de esa pequeña manada de dos. Hoy debe buscar cómo asegurarse de que Martín logre ser cuidado. Reflexiona y busca el lado positivo, “por suerte, Martín no es tan pequeño”, quizás pueda quedarse en la casa solo, y yo tratar de regresar lo antes posible.

Las emergencias son sociales, el centro deben ser las personas, sus comunidades, a partir de sus necesidades y características, abordando así la gestión y con ello las decisiones que deban tomarse. Protección y bienestar debe ser el único foco, y debe ser la misión prioritaria de un Estado que en esta emergencia ha mostrado no solo falta de empatía, sino una ausencia que solo ha incrementado el dolor y ha extendido la crisis.

Con una estrategia donde equivocó un camino que aun no corrige a pesar de estar Chile dentro de los 10 países con más personas fallecidas por millón de habitantes en el mundo, se ha optado por poner al virus, los ventiladores y la economía en el centro, en vez de hacer un cambio tan radical como urgente, poner a las personas en el centro, proteger y salvar vidas cortando la cadena de contagio. Algo que es de sentido común y posee fundamento ético y técnico, una estrategia que busque evitar lo más posible que las personas se contagien, enfermen y muchos mueran.

Con una estrategia que mantiene en la ecuación salud y economía, que no tenía, ni tiene un plan social, María y Martín solo representan una parte de las consecuencias de esta carencia, sin un enfoque asociado a la protección de niños, niñas y adolescentes, de género, hacia comunidades vulnerables, grupos de riesgo, etc., manejando esta emergencia de una forma que no sintoniza con la realidad de las comunidades, que se ha construido en el lenguaje de los rankings económicos, pero no en el fortalecimiento de la verdadera riqueza de una nación, su gente, sin contrapeso alguno de otros poderes del Estado e instituciones.

Hoy María sabe que tiene trabajo, ha visto que las autoridades se pelean, celebran y otros se recriminan por una serie de beneficios que aun no tiene la menor idea de cómo acceder. Hoy su razón de vida, como su desvelo, es Martín, pues el martes aun no sabe quien lo cuidará mientras la leona sale a buscar el sustento.

Sobre el Autor

Michel De L’Herbe

Consultor en Gestión de Emergencias.

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