Pase de movilidad: el error de “incentivar” a la gente a vacunarse como si no fuera una obligación

¿Por qué digo que falta rigor intelectual? Debido a que quienes defienden este pase caen en una serie de lugares comunes que poco tienen que ver con la racionalidad realmente democrática. Unos, como Pepe Auth en un programa de televisión, han dicho que les parecía interesante esto porque era un “incentivo” para que la gente se vacunara. Auth agregó que él, como parlamentario, no legislaría ningún proyecto de ley que obligara a la gente a vacunarse. Grave error.


La conversación por estos días se ha dado en torno a si corresponde o no, conocidas las cifras de contagios en los últimos días, otorgar un pase de movilidad a quienes ya tengan las dos dosis de vacuna. La discusión ha sido, como siempre, sin mucho rigor intelectual, sino más bien una gran lucha de emociones fuertes en torno a una falsa dicotomía: economía versus humanidad.

¿Por qué digo que falta rigor intelectual? Debido a que quienes defienden este pase caen en una serie de lugares comunes que poco tienen que ver con la racionalidad realmente democrática. Unos, como Pepe Auth en un programa de televisión, han dicho que les parecía interesante esto porque era un “incentivo” para que la gente se vacunara. Auth agregó que él, como parlamentario, no legislaría ningún proyecto de ley que obligara a la gente a vacunarse. Grave error.

¿Dónde reside ese error? En la visión de libertad y obligación. En la falsa concepción de que la libertad no va de la mano de una obligación en un régimen democrático. Y en que para lograr una sociedad altamente inmunizada, lo que se requiere es que los ciudadanos, al igual que en la lógica de mercado, tengan incentivos para cumplir su rol de tales.

Seamos claros: la vacunación no debe ser vista como una opción. Ser “antivacuna” no es algo así como una perspectiva distinta sobre un tema. Es una irresponsabilidad. Es ser el producto más grande de un sistema que se dice querer combatir. Es vestir de inteligencia y astucia la tontera.

Formar parte de una comunidad humana involucra una mirada bastante más rica sobre qué es o no ser libre. El humano solo, distante y no sometido a reglas comunes, no está disfrutando de ningún tipo de libertad. Está alejado del terreno que se la debería garantizar. Porque la relación directa o indirecta con el otro es lo que lo hace ser consciente de esa libertad.

Por lo tanto, estamos hablando de un tema bastante más profundo que tiene que ver con cómo una sociedad enfrenta su futuro y las situaciones que lo amenazan. El ciudadano es un sujeto político que tiene derechos y responsabilidades inseparables. Estos derechos y responsabilidades no deberían depender del estado de su ánimo o un falso ejercicio de deliberación por sobre normas comunes que tengan como fin lo colectivo.

Me gustaría insistir en esto: darle “incentivos” a las personas para cumplir un deber común, es no comprender qué es lo común suponiéndolo como algo optativo. Y así se malentiende la democracia y cómo debe funcionar. La lógica mercantil arrasa con el otro con tal de obtener un beneficio, mientras que en un estado de derecho eso debería ser impensable.

Confundir la compra o venta de productos, acciones o lo que sea con la convivencia humana, es el gran problema ideológico en el que estamos enfrascados consciente o inconscientemente, y medidas como el pase de movilidad son otra oportunidad para hacernos preguntas al respecto en días en que solo estamos repletos de certezas que se enfrentan y muy pocas preguntas que las cuestionen.

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