Parlamentarios y el amor no correspondido

Parlamentarios y el amor no correspondido

El ego se resiste al rechazo. Pero recuperar el amor inexistente es batalla perdida. Los senadores más antiguos, y que deben irse, se aferran a una relación no correspondida: Pizarro de la DC, Coloma, Pérez y Ruminot de derecha, Letelier del PS, Girardi del PPD, Navarro del PRO y el independiente Bianchi.

 

A todos nos ha ocurrido alguna vez. Perder el amor de la pareja. Es doloroso, pero el amor es asunto de dos. Si alguien no nos devuelve lo mismo es que se acabó el amor. En ese momento comienza el sufrimiento, cuando uno intenta aferrase a un amor no correspondido.

Los senadores han perdido el amor de sus electores. Así lo dicen las encuestas de opinión pública. Ellos tienen culpa porque han ayudado a deteriorar la segunda institución más importante de la República. Ahora que se ha propuesto una ley para terminar con la reelección, la desesperación cunde. Algunos senadores la rechazan abiertamente y otros lo hacen sibilinamente. Es que varios de esos tribunos llevan 30 años en una seguidilla interminable como diputados y luego senadores. Y no se resisten a convertirse en simples mortales.

El proyecto en curso se decide el 26 de mayo en el Senado, y propone terminar con la reelección consecutiva, después de dos periodos, o sea 16 años en el cargo, mientras los diputados podrán postular a ser reelectos dos veces, y así sumarán un máximo de 12 años en sus puestos. Además, el proyecto incluye retroactividad y, por tanto, de aprobarse la iniciativa dejará a 13 senadores y 37 diputados sin poder volver a postular a sus cargos. Eso provoca nerviosismo.

Senadores y diputados, afectados por la ley que termina con la reelección, no se dan por aludidos que el amor de sus electores ha terminado. El ego se resiste al rechazo. Pero recuperar el amor inexistente es batalla perdida. Los senadores más antiguos, y que deben irse, se aferran a una relación no correspondida: Pizarro de la DC, Coloma, Pérez y Ruminot de derecha, Letelier del PS, Girardi del PPD, Navarro del PRO y el independiente Bianchi.

El ego y la pasión por el poder son malas consejeras. Baste recordar las controvertidas reelecciones de Evo Morales en Bolivia y Maduro en Venezuela. Por la misma razón, Ortega no las tienes todas consigo en Nicaragua.

Si no te quieren no hay mucho que negociar. No sirve la cocina para arreglar el desamor. No hay acuerdo si ya las ganas no existen. Y, en el caso de nuestros parlamentarios es a todas luces evidentes la falta de ganas: menos de un 5% de reconocimiento de la opinión pública a diputados y senadores.

Entonces, es mejor dar un paso al costado, antes que persistir en la reelección, incluyendo la retroactividad. Es que el Parlamento no ha servido para atender las demandas ciudadanas, esas que quedaron de manifiesto el 18 de octubre: terminar con los abusos, desigualdades y corrupción. Ha sido todo lo contrario. Y por eso el amor está terminado.

Cuando se acaba el amor es inútil el “dame un tiempo para pensarlo” o “no estoy seguro”. Hay que terminar de una vez. Entonces, es mejor que senadores y diputados, eternizados en el Parlamento, actúen con dignidad, den un paso al costado y permitan que nuevos congresales refresquen las instituciones. Aferrarse a un amor no correspondido siempre termina mal.
Es una experiencia triste y humillante. Es preciso asumir el duelo.

Sobre el Autor

Roberto Pizarro Hofer

Economista.

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