Para una democracia en tiempos del trap

Si bien el plebiscito del 25 de octubre significó un proceso de deliberación, donde las amplias mayorías se manifestaron a favor de aprobar el cambio constitucional, y que la vía para ello sea la convención constitucional, los mecanismos diseñados por el congreso no representan las demandas expresadas por la ciudadanía. Vale la pena entonces detenerse y leer con atención el enorme lienzo levantado en Plaza Dignidad el 18 de octubre de este año: SECUNDARIXS POR LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE.

Sabido es que en 2019 son las, los y les estudiantes secundarios quienes inician movilizaciones en contra del alza del transporte público, y que es su acción colectiva la que deviene en una gran revuelta popular. Sin embargo, aún ha sido poco analizado que esta revuelta tiene en su base el pensamiento en red propio de nativas y nativos digitales.

Son jóvenes makers, prosumidores contraculturales, quienes irrumpen en la esfera pública con nuevos lenguajes y medios de protesta, bailes y perreos en el espacio público, que desafían toda represión.

La juventud chilena reveló una ruptura con la clase política y las tradicionales formas de movilización social, planteando la hibridación entre lo digital y lo presencial. De ahí que la revuelta popular se acompañe con memes, remixes, y que en el espacio público se eleven banderas en luto que anteriormente fueron levantadas por ídolos del trap y el rap en Puerto Rico como Calle 13 y Bad Bunny.

Así mismo, técnicas de lucha que fueron liberadas en internet, tales como tutoriales para apagar bombas, Parkour sobre carros policiales o juegos de laser propios de los levantamientos en Hong Kong, dieron cuenta que la internet, sin duda, era un aspecto fundamental de la revuelta en Chile.

La incomprensión de estos valores de co- producción, donde la ciudadanía deja de ser mero receptor de acciones institucionales, llevó a que el gobierno definiera al movimiento como “una invasión alienígena”, y declarara la necesidad de combatir a este “enemigo externo poderoso”.

La declaración de Estado de Emergencia y la represión policial que significó gravísimas lesiones oculares, muertes y torturas, así como la violencia política sexual hicieron que las y los manifestantes centraran la lucha en la idea de ACAB (todos los “pacos” son bastardos), evidenciando la necesidad de la protesta contra un Estado policial, que desde la dictadura de los años 70 mantiene políticas represivas y de violación a los Derechos Humanos.

Pero pese a la represión policial amparada en el Estado de excepción, las manifestaciones se fueron haciendo cada vez más masivas, y consignas como “evade”, “no son treinta pesos, son treinta años” y “Chile despertó” fueron mutando y multiplicándose en diversas demandas expresadas a modo de grafiti, dando cuenta del estado de precariedad en que nos deja el neoliberalismo, haciendo alusión a la necesidad de medioambiente, salud, vivienda, educación y pensiones dignas.

La calle, que como un video de trap gritaba fuego, comenzaba a dejar ver nuevos medios gráficos con bastos petitorios que derivaron en la exigencia de una Asamblea Constituyente. Sin embargo, y al parecer la falta de esa misma calle, hizo que la clase política no pudiera recoger las propuestas ciudadanas desplegadas en esta nueva galería urbana. En un ritmo incomprendido por la ciudadanía, se planteó desde el congreso un plebiscito para una reforma constitucional, sin embargo, su diseño de participación ciudadana desatendió las conclusiones de los cabildos autoconvocados.

Esta organización popular, a su vez, no logró ser una medida de presión, puesto que, siendo recogida vía mail por una unidad de partidos y organizaciones, aún se desconoce las conclusiones de su sistematización.

De esta forma, se impuso para el proceso constituyente un mecanismo de democracia representativa bajo la figura de Convención Constitucional que excluyó a los secundarixs y planteó un sistema de elección de constituyentes soportada en una lógica partidista que aumentó la brecha de desconfianza en la clase política y, en consecuencia, la protesta, la represión, la violencia y el agrietamiento-crackeo- del espacio urbano.

Si bien el plebiscito del 25 de octubre significó un proceso de deliberación, donde las amplias mayorías se manifestaron a favor de aprobar el cambio constitucional, y que la vía para ello sea la convención constitucional, los mecanismos diseñados por el congreso no representan las demandas expresadas por la ciudadanía.

Vale la pena entonces detenerse y leer con atención el enorme lienzo levantado en Plaza Dignidad el 18 de octubre de este año; SECUNDARIXS POR LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE.

Recordar la figura de una asamblea ciudadana es una invitación a no pensar en la democracia representativa como única forma de deliberación política. Amparadxs en las nuevas tecnologías es posible crear una participación efectiva, sorteando las trampas de un proceso que aún es conducido por los mismos de siempre. 

Secundarios, flaites y feministas haciendo historia a punta de trap y reguetón

En el contexto de revuelta popular no fue extraño que el trapero Pablo Chille-e apareciera en las calles repartiendo limones y motivando la lucha.  Pablito Chile, ídolo del trap a nivel internacional, irrumpe la escena musical con su tema FACTS canción con la que se iluminan una serie de hechos que constituyen la histórica desigualdad chilena.

Más tarde, el mismo Pablito enaltecerá una nueva conciencia de clase: los flaites. Haciendo valer el origen del término que pareciera derivarse del inglés flighter, volador, los flaites sacarán alas no sólo para demostrar su capacidad de, como dice la canción, hacer money, sino de crackear-agrietar un sistema-tal como se crackearon las licencias privativas para hacer música.

Esta fuerza creativa empoderará a las periferias de Pinochet para salir de esa marginalidad y condición de vulnerabilidad que sólo alimenta a los expertos en análisis social.

Respaldados por su computadora, los flaites crackearon licencias y construyeron comunidades de resistencia en las redes sociales. Así, por ejemplo, la cultura digital les permitirá abrirse espacio creando una gran industria creativa como es el sello discográfico Shishigang Records.

No conforme de ello y reforzando el trabajo social de muchas generaciones, desde Puente Alto surge la Coordinadora Social Shishigang, que permitirá volver a poner en la esfera pública la histórica organización barrial chilena, creando una red de solidaridad mutua donde el pueblo ayuda al pueblo. 

Bajo la consigna “no tenemos nada que perder”, los flaites serán un extraterrestre más en esa invasión alienígena incomprendida por la clase política. Esa incomprensión que surge de ver llegar a un sujeto extra- terrestre.

El político chileno, heredero generación tras generación de la conducción del país, es parte de esa oligarquía que no habita guetos y flota en un oasis.

Los flaites en el centro de la ciudad rompen los límites establecidos para la ciudadanía de segunda clase.

Los barrios, en que a fuego se desarticuló la lucha social y se introdujo el narcotráfico, sorprenden con una ciudadanía informada que no teme a una violencia policial. ¿Qué se puede temer si se lleva más de 18 años conviviendo con tanquetas, si ahí siempre ha existido un estado de excepción?

El crackeo del sistema de los flaites denuncia a una clase política incapaz de empatizar con el dolor de unas abuelas a quienes se les quitó la tuición de sus nietos, de los y las niños derivados al SENAME cuando sus familiares encarceladas desaparecen, de quienes han sentido hambre.

Quizás sólo, como dice Pablito, con una pastillita, con un tour por la pobla, con un blunt, la clase política renuncia a sus privilegios, aunque la transformación de hoy no es reformista y por ello, la Constitución se escribe en hoja en blanco, debiendo ser escrita por todos y todas.

En las calles de Chile flaites y feministas se reúnen cada viernes. Se turnan las cabalgatas a torso desnudo sobre el monumento de Baquedano, un general que gracias a la wikipedia sabemos que fue un líder en la masacre del pueblo Mapuche.

Por su parte, las feministas, de 2018 en adelante, hacen un llamado a no soltar las calles y recuperar, tal como los flaites y los secundarios, ese espíritu popular chileno de solidaridad y festejo.

Así es que, en Chile, la manifestación se repleta de consignas de amor, de espacio de celebración, que, al ritmo de Ivy Queens, exigen la transformación del modelo patriarcal de abuso, exclusión, desigualdad y represión.

En 2019, las feministas resignifican nuevamente las redes sociales, a través de denuncias, que en el mundo entero dan cuenta de la violencia ejercida por los poderosos que administran el país: los jueces, la policía, el estado y sus múltiples figuras de administración.

Los movimientos feministas han luchado a lo largo de la historia por romper los cercos que impone la democracia formal. En Chile, a comienzos del siglo XX se llevó a cabo una intensa lucha por fuera de los límites de la legalidad para el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas, pero también por la emancipación biológica, económica y social.

Luego, en los años ochenta, a punta de ollas comunes y manifestaciones feministas, se luchó contra la dictadura con la consigna: “Democracia en el país, en la casa y en la cama”.

Es así, que retomando esta tradición de lucha que ha permitido correr los cercos, en los últimos años los feminismos han vuelto a irrumpir en el espacio público y en la cotidianidad, cuestionando las formas de relaciones sociales y políticas que se imponen desde el capitalismo patriarcal.

En esta línea, así como se ha dado cuenta que las mujeres son consideradas “ciudadanas de segunda clase”, conceptos como la interseccionalidad, han permitido comprender que no es solo el ser mujer lo que nos mantiene esta condición, sino que las vidas de las subalternidades están cruzadas por cuestiones como la raza, clase, identidad sexual y discapacidades.

De este modo, apenas comienza a levantarse la demanda por una “Asamblea Constituyente”, los movimientos feministas demandan su carácter feminista y plurinacional, sólo así será realmente democrática.

Revueltas sociales, populares y teknologías hacker

Tal como en Chile, en el mundo entero, desde el mundo árabe, hasta los guetos de Estados Unidos, pasando por Colombia, Ecuador y Bolivia, se ha utilizado la internet para levantarse contra el modelo neoliberal.

En el caso de España en 2011, la ciudadanía expresó su indignación y, tal como señala el catedrático catalán Joan Subirats, su disconformidad frente a una clase política volcada de lleno a resolver las cuestiones institucionales.

A través de la ocupación de centenar de plazas y espacios públicos, las personas reunidas en acampadas expresaron una ruptura con las matrices arquetípicas y las metáforas de los movimientos sociales tradicionales. La acampada representó la necesidad de hacer comunidad. El descontento se refería, especialmente, a los partidos más asentados, a propósito de su desconocimiento de las necesidades reales de la sociedad y sobre cómo fueron concentrando cada vez más su atención en las tareas eficientes de la política representativa.

La administración de los recursos y la elaboración de políticas públicas fue la praxis con la que la clase política simbolizó la autoridad. Ante ello, Fernández Savater ilumina que los movimientos sociales que se levantaron contra el orden neoliberal, plantearon otra forma de razonar e instituir polifónicamente en el aquí y el ahora, creando diferentes puntos de fuga que minaban lo ya instituido. Una clara intención de actuar bajo nuevas éticas que permitiera la emergencia de otras orgánicas soportadas en una acción colectiva y en la idea de lo abierto.

El espíritu hacker en España fue parte del movimiento de indignados e hizo que las experiencias de la protesta ciudadana utilizaran la tecnología para conseguir la reunión y la representatividad de diversos actores que participaban a distintos niveles en la movilización, generando un movimiento soportado en la diversidad y el respeto a la diferencia.

Este trabajo en red creó una estructura de interdependencia, que eliminó las jerarquías y los flujos convencionales de autoridad. Luego, tras una toma del poder de la administración pública española de la mano de feministas como Ada Colau y Manuela Carmena, se abrieron las puertas del gobierno a la gente corriente, que, tal como describe el Xabier Barandarian, ex responsable del área de participación y democracia del Ayuntamiento de Barcelona, había sido secuestrada por una lógica partidaria perversa.

La relectura de los códigos de participación para una profundización de la democracia permitió la implementación de una plataforma digital DECIDIM.BARCELONA, que facilitó que las personas pudieran aportar con ideas y debates a las acciones que llevaría adelante la gobernanza que surgió desde la revuelta social.

El software libre Decidim surgió con el propósito de impulsar una sociedad radicalmente democrática y, por medio de la tecnología, amplificar la voz de asambleas locales, y la sociedad civil organizada.

En Chile, distintas agrupaciones han hecho uso del software, sin embargo, aún ninguna ha podido canalizar la acción colectiva que surge desde la multiplicidad de espacios de encuentro y debates populares, en pro de construir una nueva constitución hecha desde, para y por quienes históricamente hemos sido excluidos y excluidas de los espacios de poder.

Por ello desde julio de 2020, la revuelta popular y los medios digitales lograron conectar a la Coordinadora Social Shishigang, feministas constitucionalistas, diseñadores de procesos, teknopiratas y representantes de la Asociación Decidim. Creando una amistad con la fuerza necesaria para poner en el centro del proceso la empatía, se dio inicio a una transferencia de conocimientos con objeto de canalizar la fuerza cracker de la revuelta a una ética hacker para la descentralización del poder.

De este modo, se inició la implementación de una metodología y tecnología digital bajo el nombre de LA CONSTITUYENTE para que, las organizaciones sociales del DISTRITO 12 -el distrito más grande de la periferia sur de Santiago- prototipe el uso software libre de participación ciudadana DECIDIM.ORG en la elaboración de su constitución-.

Luego de meses de diálogo y diseño metodológico, La Constituyente se levanta desde la multiplicidad de espacios de encuentro y debates populares, para construir una constitución hecha desde, para y por quienes históricamente hemos sido excluidos y excluidas de los espacios de poder.

A Hackear la Constitución de 1980

Históricamente las constituciones en Chile han sido escritas por “comisiones de expertos”. Los procesos constituyentes han surgido en contextos de descontento popular que son procesados a través de un cambio institucional encauzado por las mismas clases dominantes.

Así las cosas, si bien recién con la constitución de 1980 hablamos de su “ilegitimidad” de origen, por ser creada en un contexto dictatorial, la elaboración de las cartas fundamentales que le anteceden no ha sido muy distinta.

Estos procesos constituyentes elaborados desde la exclusión, han significado que, no obstante el reconocimiento universal de la ciudadanía a nivel formal, en la práctica son generalmente hombres, blancos, heterosexuales y propietarios, quienes tienen la posibilidad de incidir y tomar las decisiones políticas que afectan a la sociedad toda.

Esto se ha traducido en una creciente desconfianza en la democracia y sus instituciones, puesto que los escándalos de corrupción, las penas diferenciadas por clase social -clases de ética para los ricos, privación de libertad para las y los pobres-, y el que la posibilidad de vivir una vida digna esté determinada por la capacidad económica, dan cuenta de que, pese a las declaraciones formales, Chile no es realmente una “república democrática”.

En vista de ello y en tiempos de la wikipedia, es necesario crear un proceso y tecnología constituyente feminista, es decir, uno que se construya desde las mismas asambleas territoriales y que permita amplificar la voz de les invisibles. Así, en primer lugar, las asambleas y los territorios deben decidir los ejes temáticos a discutir (educación, salud, ciudadanía, plurinacionalidad, etc.) según sus propias afectaciones.

Las asambleas por su parte, contando con una tecnología, podrán debatir y comentar las temáticas que sean planteadas, comparando los contenidos de la constitución de 1980 con otras constituciones del resto del mundo levantadas en procesos constituyentes participativos.

Chile fue un gran laboratorio neoliberal, y por tanto debe ser un gran laboratorio del procomún creando nuevos experimentos, que permitan hackear, de buena vez, un sistema soportado en la marginalidad.

Es con este ímpetu, que surge La Constituyente, plataforma que se plantea como un espacio para la deliberación política de forma horizontal, interrogando las lógicas de representatividad que históricamente han acallado nuestras voces, y delineado los límites de la participación política. La Constituyente es cuidada por un equipo abierto, que recibe talento colectivo y creatividad ciudadana, un equipo territorial organizado por distrito y una red de voluntarias y voluntarios que será responsable tanto de conectar a las asambleas con la tecnología, como de organizar las propuestas para su posterior votación.

De esta manera, la plataforma permitirá visibilizar los procesos de debate y deliberación hasta llegar a la votación de las propuestas. De este modo, serán las mismas comunidades quienes vayan sistematizando sus discusiones, sin la intervención de “expertos” que externamente y desde arriba saquen conclusiones sobre los resultados de la deliberación política.  Eso es una democracia de los afectos, esa que surge en los tiempos del trap.

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