Para construir una Matria nueva

Que el gobierno abiertamente, y con un fuerte apoyo y presión de la derecha, se niegue a respetar el convenio 169 de la OIT en el caso de los presos políticos mapuche de la región, es la clara evidencia de que es abiertamente un grupo y sus intereses quienes gobiernan en realidad.

Si bien el conflicto del Estado Chileno-Pueblo Mapuche es un tema que resuena actualmente con mucha fuerza, es una situación que nada tiene de nueva. Podríamos hacer nuestro mejor esfuerzo en tratar de unirles en “nombre de la paz”, pero lo concreto es que la Constitución chilena, como la conocemos, no menciona pueblos originarios ni una sola vez.

El escenario actual de nuestra región es una recreación a medias de lo que sucedió en 1861 en manos de un Cornelio Saavedra, hoy encarnado en muchos rostros, aunque con la misma finalidad. Lo cierto es que, ante la resistencia centenaria mapuche, la élite “sureña” ha ido desarrollando y dando vida a un discurso lleno de odio y racismo donde el pueblo mapuche debe ser “dominado y reducido” porque representarían supuestamente lo contrario al bienestar. Aunque bastaría ahondar un poco para darnos cuenta de que bajo su cosmovisión rica e infinita, muchos de nuestros anhelos se verían reflejados, y entonces, ¿seríamos todas y todos terroristas?

Si bien el pueblo mapuche y los pueblos originarios son abiertamente apolíticos, no es posible siquiera imaginarnos una Matria nueva donde no estén. No podemos volver a reescribir Chile sin que sea mestizo, plurinacional y feminista.

Los escaños reservados no son un “beneficio del gobierno”, y en una sociedad abiertamente desarrollada asumirnos plurinacionales sería algo tan natural como respirar. No hacernos cargo de esa carencia de sentido común socialmente aceptada sería omitir parte del problema. La realidad que construyó este país fue aislar geográfica y culturalmente a todos los pueblos originarios que le componían, y no sólo fue consecuencia del neoliberalismo aunque este llegó para aumentar los índices de pobreza, aumentando inmoralmente el de riqueza en otros sectores. Y como la pobreza, se incrementó el racismo, la violencia, los montajes y lo vivido a comienzos de este mes no fue más que el reflejo fiel de lo que hemos permitido se construya e instale como una realidad.

Que el gobierno abiertamente, y con un fuerte apoyo y presión de la derecha, se niegue a respetar el convenio 169 de la OIT en el caso de los PPM de la región, es la clara evidencia de que es abiertamente un grupo y sus intereses quienes gobiernan en realidad. Malamente esos intereses en una de las regiones más pobres del país, resultaron ser el saqueo sin tregua de nuestros recursos naturales y el coste no solo ha sido económico, muchas vidas han costado también. El Chile que gobierna es genocida y eso no es una especulación.

Ante la nula representatividad de los pueblos originarios en los aparatos estatales y la represión sufrida por parte de los mismos, es mínimamente reivindicatorio asumirles parte importante e imprescindible de lo que todas y todos esperamos sea un nuevo Chile, un Chile más justo con y para todas y todos.

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