Palabras y muerte: Los cuerpos mancillados de las mujeres

Lo que parece necesario investigar a fondo, es hasta que punto esta pyme de Izquierdo está asociada con un asesino de mujeres o de “maracas” como las nombran, porque el discurso público de su secuaz, Roberto Belmar, es una abierta instigación al femicidio, a la complicidad y desde luego, más allá de la provocación a la  integridad de las  mujeres, se puede inferir la existencia de una posible ayuda para la huida impune del asesino.


                                

Atravesar el 2020 significa reconocer que a lo largo del año se consolidó, de manera intensa, una forma de archivo social todavía en curso. El año 20 condensa tiempos y espacios, incluye décadas que lo preceden marcadas por el “modelo” socioeconómico neoliberal y su impacto sobre los territorios y en los cuerpos. Demuestra hasta qué nivel y en qué  dimensión, el capitalismo salvaje segmenta y opera como fuente de enriquecimiento incontrolado e incontrolable para el 1% de la población. Muestra los resultados de una prolongada complacencia y naturalización política que incluye a partidos filiados al llamado “progresismo” o a la socialdemocracia, antes considerados izquierda, que aceptaron el curso y transcurso de una desigualdad de proporciones inéditas.

La plaga viral, el hambre, la exclusión y la muerte pobre, se encadenó a la revuelta social que produjo una emancipación de grandes proporciones, restauró la comunidad, desplazó en parte (solo en parte) el individualismo, puso de relieve el feminismo como horizonte colectivo, la protesta como arma, pero, a la par, desencadenó la vulneración masiva de derechos humanos por parte de la policía. Así el 2020 porta múltiples sentidos que, en su conjunto, plantean el desafío de producir analíticas culturales, sociales y políticas, que, pienso, se extenderán a lo largo de toda la nueva década.

Pero, en medio del caos, me parece que se produjo una situación extremadamente grave que atañe al universo político y a las posiciones feministas. Desde mi perspectiva, habría que pensar la relación indiscutible entre crimen y política en el asesinato de la estudiante María Isabel Pavez. Se trata de una conexión ineludible en la medida que puso en el escenario criminal a Sebastián Izquierdo y a su padre Felipe Izquierdo, en una estrecha relación con el asesino Igor González. Más aún si se adjunta la declaración-confesión  de Roberto Belmar (acólito de Sebastián Izquierdo) que señaló en  su red “social” que el asesino, a quien consideraba y considera su amigo, tenía tres pasaportes, lo que se une a la hipótesis (no consolidada a plenitud) de que este asesino ya había matado a otra joven en México y estaba prófugo. Los “tres pasaportes” fueron mencionados por su amigo Belmar, que fue enfático en declarar que estaba completamente de acuerdo con el asesinato de la estudiante Isabel Pavez “por maraca” y que sin dudar un instante lo habría ayudado a escapar.

El “Capitalismo Revolucionario” es la micro Pyme de Sebastián Izquierdo, ex neonazi. A través de su Pyme ofrece sus servicios a parte de la derecha y de la ultraderecha a cambio de dinero para cumplir con las funciones de: apalear personas, gestionar la violencia pública desde las oficinas de la UDI, celebrar a Pinochet lanzando al mar a detenidos-desaparecidos en las camisetas que comparte con José Antonio Kast, entre otras ofertas que consideran incluso el asesinato. Se trata en definitiva de un grupo que encontró un nicho para conseguir dinero desde esta Pyme, que convoca a un grupo de vagos descerebrados que necesitan de visibilidad pública para justificar las donaciones que obtienen por una parte de la derecha y de la ultraderecha, dinero que les permite vivir y hasta pagar cuotas de alimentos para sus hijos.

Lo que parece necesario investigar a fondo, es hasta que punto esta pyme de Izquierdo está asociada con un asesino de mujeres o de “maracas” como las nombran, porque el discurso público de su secuaz, Roberto Belmar, es una abierta instigación al femicidio, a la complicidad y desde luego, más allá de la provocación a la integridad de las mujeres, se puede inferir la existencia de una posible ayuda para la huida impune del asesino. Hay que entender, con toda claridad, que Belmar le habla a los donantes que los financian, se vende a ellos y les vende su discurso. Emite un habla que les permite mantenerse y sobrevivir. Es un discurso necesario para incrementar la pyme fundada en toda la publicidad posible y que los valida ante sus donantes. Así, sus donantes “producen” violencias múltiples que incluyen apaleos, fobia a las mujeres y el crimen.  

Pero, la pyme, las cuentas, las oficinas que ocupan, desde mi perspectiva, deben formar parte de una investigación criminal ahora que capturaron al asesino-amigo que forma parte de este negocio. Los nombres de los donantes deberían ser públicos para trazar la ruta de la violencia.  Las voces como la de Belmar, más que escandalizar a la ciudadanía, deben ser entendidas como “capitales” para producir ganancias, una estrategia de propaganda y recaudación de fondos destinada a complacer la violencia de una parte de la derecha y de la ultraderecha.

Este crimen no es una mera coincidencia domiciliaria, forma parte de esta estructura que una y otra vez nos ha mostrado que los apaleos y el crimen son un negocio rentable.

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