Otra forma de luchar: El estallido social visto desde el lente de un secundario

Vivió el inicio de la revuelta con su cámara en mano, vestido de escolar y desde ese día se ha convertido en un testigo documental de la historia reciente chilena. Hoy sigue en las calles registrando las movilizaciones y el proceso constituyente. Esta es su historia.


*Fotos: Luis Araya

Luis Araya (18) viste un cortaviento, pantalones negros, totalmente protegido de perdigones, gases químicos y piedrazos. Antes lo hacía con ropa escolar, antes de la brutal represión policial en las manifestaciones. Recorre las calles de Santiago con su cámara colgada del pecho capturando lo que él define como las injusticias, horrores y bellezas del Chile actual. Esa fisura de desigualdad y rabia. Tiene 18 años y no le gusta ser el centro de atención. Es de bajo perfil y tímido, pero en sus fotos parece todo lo contrario, ya que con su lente ha documentado uno de los acontecimientos políticos, sociales y económicos más importante de los últimos 40 años: el estallido social chileno.

Su primera incursión en la fotografía fue ejerciendo el periodismo estudiantil en el Colegio Salesianos de Alameda y en su rol comunicativo tuvo grandes problemas con las autoridades del colegio, ya que creó una página de memes que no le agradó a los sacerdotes. Lo censuraron y casi lo expulsaron por photoshopear a un cura. 

Pertenece a esa generación que nació con un celular y un computador en la mano. Creció con las redes sociales y es hijo de la democracia y el consumo de los primeros años del milenio. Mismos hijos que en octubre del 2019 se rebelaron contra el sistema que soportaron sus padres y abuelos.

El 18 de octubre de 2019 junto a sus compañeros pudo salir temprano del colegio, ese viernes se celebraba a los profesores en su día, y al igual que 1.850 estudiantes, comenzaron a manifestarse. En menos de 20 minutos, todas las estaciones próximas al colegio estaban cerradas. 

Recuerda que se fue con un grupo de compañeros al metro Unión Latinoamericana. “Ni siquiera alcanzamos a evadir”, dice entre risas. Mientras sus compañeros arrancaron para capear las lacrimógenas, él se quedó detrás de un árbol sacando fotos, hasta que experimentó segundos de terror: vio cómo los carabineros le tiraron una lacrimógena directo al cuerpo, solo por el hecho de ser estudiante.  

Al igual que muchos chilenos, ese día tuvo que caminar en busca de transporte público para llegar a su casa, mientras que en decenas de estaciones otros miles de estudiantes llamaban a evadir el pasaje recientemente subido de precio. “Caminé por el centro buscando algún hecho que fotografiar, pero solo me encontré con más represión policial por las calles”, cuenta.

En el metro Baquedano no pudo sacar muchas fotos porque estaba rodeado de Carabineros, pero un detalle captó su atención, era una puerta de vidrio quebrada y parchada de forma muy desprolija. “Ese día sentí que algo se había roto”, comenta.

Luis estaba hambriento, tras llegar a su casa y devorar un contundente plato de lentejas, se fue a dormir y despertó pasada las seis de la tarde. Para él fue como despertar en otro país. El Metro de Santiago ya se encontraba con todas sus estaciones cerradas. De fondo se escuchaban las cacerolas y en casi todas las esquinas se habían encendido barricadas. “En ese momento no sabía hacer muy bien fotos de noche, era la primera vez que me enfrentaba a protestas nocturnas”, dice. 

En mi barrio ni siquiera para el 11 de Septiembre prendían una barricada. Esa fue la primera muestra de que algo raro estaba pasando”, recuerda. Nada era normal, ese día precisamente 20 estaciones del metro de Santiago fueron vandalizadas y en las poblaciones la gente se volcó a las calles. En las primeras horas del 19 de octubre, la capital amaneció bajo Estado de Excepción Constitucional y Toque de Queda, este último no se aplicaba en la ciudad desde la dictadura. 

La rabia, el temor al pasado, entre otros sentimientos, provocaron que la gente se convocará en las calles ese sábado de octubre. Su padre lo acompañó a reportear hasta la estación Las Rejas. Luis se emociona al recordar las conversaciones y espíritu de la protesta recién floreciendo. La gente no quiere ser violenta todo el día”, espeta.  

Y vinieron más marchas, las que solo hibernaron con la llegada de la pandemia.

El momento más simbólico de la revuelta fue el 25 de octubre del 2019, en la llamada “La marcha más grande de Chile”, donde miles de personas gritaron y exigieron dignidad en todo el territorio chileno. En comparación al resto de las manifestaciones populares, estas fueron catalogadas por el Gobierno, Carabineros y canales de televisión como una protesta pacífica.  

“No fue pacífica, sí hubo represión”, dice Luis. En pocos días en la calle, a esa fecha, ya había sido reprimido en varias ocasiones.

El desenfoque de alguna de sus fotos de ese momento dejan entrever ese miedo de los primeros días de manifestaciones. “Estaba cagado de susto, todo era muy irreal”.

Luis al igual que muchos de su generación, nunca imaginaron lo que habían detonado cuando saltaron los torniquetes del metro Santa Ana.

“Más que miedo, pasé a sentir rabia de que se dijera que todos lados que había sido pacifico y que estaba bien, cuando yo había visto gente herida”, relata.

Uno de los momentos más impactantes para el joven fotógrafo fue ver a una persona herida en el cuello por un perdigón percutado por Carabineros en el cruce de Ramón Corvalán con la Alameda. “En ese momento todo era muy improvisado, y me acuerdo que al tipo le estaban haciendo un tapón en el cuello (…) Me gusta mucho eso, porque en la foto se refleja la solidaridad de las personas”, recuerda.

Así fueron pasando los días hasta que llegó el cumpleaños del presidente Sebastían Piñera y los manifestantes decidieron ir hasta su casa ubicada en el sector oriente de la capital, no precisamente para cantarle el cumpleaños feliz, sino que a manifestarse. En ese momento también estaba Luis, quien trató de asistir a ese lugar lo más “decente” posible para no levantar sospecha, pero se olvidó de un detalle: sacarse el aro. “Me rotearon”, cuenta entre risas.

Pese a esto, logró registrar en ese momento cómo los vecinos de Piñera le daban desayuno al grupo de Fuerzas Especiales.

A la protesta por el alza del transporte público se sumaron las pensiones, los problemas en educación y salud; incluso salió al baile la Constitución de 1980, impuesta en dictadura a través de un plebiscito sin registros electorales. 

El 15 de noviembre los partidos políticos suscribieron “El acuerdo por la paz” para implementar un artículo que incluyera la posibilidad de someter a plebiscito un cambio constitucional. Los chilenos y chilenas deberán decidir si cambian o no la constitución de 1980 y bajo qué mecanismo lo iban a realizar. 

La pérdida del miedo lo instó a asistir a las marchas por el rechazo, en las cuales muchos periodistas fueron agredidos por miembros del grupo Capitalismo Revolucionario. Sacó pocas fotografías porque mientras estaba capturando imágenes, fue identificado y expulsado de la protesta.

Hoy Luis continúa en las calles. Ahora registrará parte del plebiscito y asiste a diversas convocatorias para capturar el presente del proceso y lo que vendrá. Ese futuro, que aunque no le guste admitirlo, él fue precursor, como tantos otros estudiantes.

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