Warnken y sus amigos que se creen salvadores de la patria

Lo interesante de Warnken y sus amigos empresarios es que no fueron electos por nadie para tomar una decisión respecto a lo que, bien o mal, se está haciendo; sin embargo, se comportan como si fueran representantes de algo, de un sentimiento, de una sensación. Y lo concreto es que no son más que los principales corpóreos de sus intereses personales y corporativistas.
Foto: Agencia Uno

                      

Según trascendió en varios medios, quienes se jactan de ser los poseedores cierto ethos “amarillo” frente a lo que consideran el radicalismo puro y duro, representado en las facciones que son o dicen ser de izquierda en la Convención Constitucional, se reunieron en el Hotel Sheraton en Providencia para expresarse mutuamente su desagrado y su horror hacia las deliberaciones que se han tomado en el órgano constituyente.

Como si fueran los verdaderos garantes de la patria, Cristián Warnken y un grupo de grandes y pequeños empresarios se juntaron a meterse miedo entre ellos, a defender “el modelo” y, sobre todo, a aplaudirse por ser los grandes señores de la sensatez y quienes tienen a la razón de su lado.

Se cuenta que se cantó la canción nacional. Tal vez, como ocurre con gremios que sólo piensan en sus intereses inmediatos, creyeron ver la conexión entre lo propio, sus negocios y la nación entera. A lo mejor, se sienten llamados a poner orden y parte de una tradición centenaria en Chile que identifica en el otro a la barbarie.

Lo interesante es que no fueron electos por nadie para tomar una decisión respecto a lo que, bien o mal, se está haciendo; sin embargo, se comportan como si fueran representantes de algo, de un sentimiento, de una sensación. Y lo concreto es que no son más que los principales corpóreos de sus intereses personales y corporativistas.

Con esto no me refiero particularmente a Warnken, porque, aunque crea que los fundamentos de su postura están débilmente argumentados, me parece que lo hace de manera honesta y hasta cándida. Lo que resulta complejo, en cambio, es que camioneros y otros defensores de sus réditos, crean ser algo más de lo que son y hablen como si fueran autoridades.

Es preocupante para una democracia, independientemente de cómo se esté llevando a cabo un proceso constituyente, que haya gente que se crea, sin legitimidad alguna, con la facultad de resolver un asunto de las dimensiones del que estamos tratando como sociedad; más aún cuando ese asunto, más allá de las conclusiones erradas y poco pensadas, no está terminado.

Pero quizás el gran problema, si entendemos la discusión en este encuentro en el Sheraton, es que lo que se trataba ahí tenía poco que ver, precisamente, con la democracia; lo que se debatía era la defensa del éxito de un modelo, con gente que había sido beneficiada por éste durante años. Por lo tanto, lo que se expresaba en esta reunión es el mayor vicio de una estructura política y económica que dejó de lado el ejercicio de la política como método para solucionar conflictos: agentes económicos atribuyéndose la sabiduría para poder darle cauce a una crisis estructural.

Con esto no pretendo condenar ni las ideas ni las miradas de Warnken y sus nuevos amigos, sino cuestionar lo que se creen llamados a hacer. Porque no hay nada más peligroso que los” salvadores”, del lado que sean. No hay nada más complicado para el desarrollo democrático de un país en crisis, que quienes insisten en los vicios que hicieron explotar esa crisis para salir de esta.

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