Tecnologías zombis y devenir zombis en rebelión

Ante las operaciones a favor de las tecnologías zombis desplegada por nuestras autoridades y gobernantes; ante el borramiento de los pueblos resistentes a los procesos desplegados por el capitalismo, el colonialismo, su discursividad tecnocrática y sus regímenes de representación, que pretenden dejar en el camino, apenas como daños colaterales, o el costo del desarrollo, a comunidades completas ¿Qué nos queda? ¿Nada? ¿La extinción? ¿La anestesiada sumisión?

Cuestiones como el avance del desarrollo tecnológico, la sustentabilidad, la innovación, la necesidad de energías, las prácticas artísticas, son todas cuestiones que actúan situadamente. Actúan desde y con- un contexto. Desde y con territorios. Desde y con los cuerpos vivos y no vivos que habitan ese territorio. Por ello, cada vez que se anuncia o genera un nuevo acuerdo al respecto, tenemos la posibilidad de hacer consciente, qué formas de la vida y qué formas de la muerte están implícitas tanto en la generación de esa técnica/tecnología, como en su replicación.

Hace una semana, la Unión Europea firmó un acuerdo para exportar gas natural desde Israel (pasando por Egipto), a fin de disminuir la dependencia energética de Rusia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, afirmó entonces –refiriéndose a Israel- que: “[…] estamos en pleno proceso de diversificación de las fuentes de energía de Rusia, a otras en las que se puede confiar. Y en ustedes se puede confiar[i]. Mucho más cerca de nuestro territorio, en nuestro país, en las últimas semanas, autoridades académicas, políticas y de gobierno, han hecho exhibición pública de diversas formas de colaboración con la Embajada de Israel en Chile[ii], dando cuenta de que aunque no utilicen la misma frase, creen lo mismo, es decir que: en el Estado de Israel se puede confiar. Los temas de estas colaboraciones son sin duda temas importantes: crisis hídrica, medio ambiente, derechos de las mujeres, asistencia médico-tecnológica. No es posible desconocer la relevancia de estas problemáticas, al mismo tiempo que es importante poner aquí algunas otras cuestiones vitales en perspectiva, que deberían completar las imágenes difundidas a través de redes sociales sobre estos felices acuerdos y felices fotografías.

¿Las cuestiones que atraviesan nuestras vidas mortales, son cuestiones que se atengan de forma abstracta al contenido? ¿Es posible pensar en innovación tecnológica sólo pensando en la técnica, sin considerar los modos de producción de esa misma técnica? ¿Qué encierra el declarar confianza en un Estado que comete crímenes de Apartheid contra los indígenas del territorio? Porque eso es lo que hace el Estado de Israel desde su instauración en el año 1948. Política de exterminio que no ha hecho más que agudizarse con el paso del tiempo.

Esta situación ha sido reconocida por organismos internacionales. Israel es un estado que ha sido condenado por diversas institucionalidades por violar sistemáticamente los Derechos Humanos del pueblo palestino, entre ellas: Human Rights Watch (HRW), Amnistía Internacional, la Organización para las Naciones Unidas (ONU); Tribunal Internacional de La Haya; Tribunal Russel; e incluso las ONGs israelíes  como Btselem y Yesh Din. Violaciones a los Derechos Humanos que incluyen: exilio; acoso; prohibición de casarse con personas de los territorios ocupados; espionajes desde el aire; control de los desplazamientos; expropiación de las aguas de las napas subterráneas de la tierra; destrucción de hospitales y escuelas; bombardeos; tortura; negación del derecho a trabajar; negación del derecho a voto; destrucción de sus casas; destrucción de sus huertos y modos de alimentación; expropiaciones de tierra; desplazamientos forzados; invisibilización y borramiento como presencias y existencias; destrucción de caminos, cisternas de agua, sistemas eléctricos y medios de comunicación; destrucción de los aeropuertos; expropiación de símbolos culturales; cárcel política; exposición a la peste; exposición al hambre; exilio del lenguaje; manipulación; asesinatos; muerte.

Todas estas acciones y políticas mortíferas -o necropolíticas en palabras de Mbembe- están completamente omitidas en las imágenes difundidas tanto por las autoridades europeas, como por las autoridades chilenas, porque la declaración principal explícita o implícitamente señala que: en Israel se puede confiar. Declaración de confianza que ha decidido flagrantemente borrar el sufrimiento del pueblo palestino, para poder tomar la feliz instantánea del progreso.

Que Europa confíe en Israel no extraña tanto ¿Cómo no confiar en un Estado que Europa misma puso ahí, a fin de occidentalizar Medio Oriente e impedir el avance de un dominio oriental-asiático al territorio? El Estado de Israel es un hijo de las culpas y ambiciones de Europa, por tanto, puede parecer hasta lógica la perpetuación de la colaboración, por más que se contradiga con muchas de sus declaraciones respecto de Derechos Humanos, civiles, raciales, ecologistas, etc. Pero ¿qué hacen autoridades nacionales generando estas múltiples colaboraciones sobre la negación del Apartheid en Palestina? Independiente de las razones profundas de nuestras autoridades – que por razones obvias desconozco- lo que veo cuando veo las felices fotografías de los acuerdos es un acto de invisibilización. De edición de la realidad, a favor de un discurso tecnocrático, cuyo lema orientador sería algo así como: el progreso justifica los medios.

La inquietud corporal que me han producido estos acuerdos e imágenes en los últimos días, me ha hecho pensar en la potencia zombi de los modos de producción y los acontecimientos. Con ello me refiero a una potencia de carácter ambivalente, que puede accionar en dos sentidos: como tecnologías zombis y como zombis en rebelión.

En el primer sentido, en la potencia zombi de la tecnología, en nombre de una buena causa (crisis hídrica, sostenibilidad, innovación, intercambio cultural, derechos de las mujeres y comunidades LGTBIQ+), se activaría una operación zombi de parte de las autoridades y poderosos de turno, que contiene un crimen dentro de sí misma, aunque lo omita. Es decir, una operación en donde la fuerza implacable del zombi se manifiesta indiferente a lo correcto y a lo incorrecto, en aras de conseguir su objetivo/milagro/progreso – hacer salir agua del desierto, por ejemplo. Operación que encierra odio racial contra los pueblos y comunidades que han sido condenados a una posición de apenas sobrevivencia, para la efectiva materialización de ese desarrollo. Como acontece en la situación en Palestina. Aquí la potencia zombi de la técnica, es indiferente a lo humano, en sentido amplio, pues racializa, a qué humanos beneficiar con esta técnica y a cuáles humanos sacrificar con la misma técnica. Cuestión que hasta podemos leer como una especie de contemporánea eugenesia social. Por ello, las felices fotografías mencionadas anteriormente corresponderían a la potencia zombi de la tecnología. Desde esta perspectiva, otras cuestiones podrían también devenir zombis: ecología zombi, sostenibilidad zombi, innovación zombi, feminismo zombi. Alguien podría contra argumentar que la ecología nunca podría devenir zombi implacable, porque pretende salvar la tierra y salvarnos, pero ¿un marco técnico de desarrollo ecológico que ignora las vidas de determinadas comunidades de forma interseccional –raza, clase, género, sexualidad, derecho a documentación, derecho o no a vivienda, derechos laborales y civiles- no sería acaso una ecología de la muerte?

Para dar paso a un segundo sentido de la potencia zombi, zombis en rebelión, es importante recordar que en las tradiciones haitianas la palabra zombi significa “espíritu de los muertos” y representa el miedo de los antiguos esclavos a ser resucitados de entre los muertos y esclavizados de nuevo[iii]. Recordar este significado nos posibilita asociar la cuestión del zombi, a los procesos de colonización. De hecho, gran parte de la representación del imaginario zombi, responde a narraciones generadas por el imaginario del colonizador, en donde suele reiterarse la idea de que los zombis son esos seres no completamente humanos, negros, oscuros, venidos de la muerte, o de algún olvidado lugar en el inframundo, o directamente de la nada, para acabar con el mundo de la superficie, de los buenos blancos humanos vivos. Categorías: no ser completamente humanos, ser negros, salvajes de algún lugar indómito, que son parte del imaginario de la colonización de forma transversal. Pero ¿son sólo eso los zombis? Si vienen de la nada y no tienen nada que perder ¿podríamos también entenderlos como un sujeto colectivo que traspasa las fronteras de la vida y la muerte para cobrar venganza por los crímenes de la ley, el orden y la verdad? ¿Podríamos pensar que ese “espíritu de los muertos” de los antiguos esclavos vuelve, pero no para ser esclavizado nuevamente, sino para accionar una rebelión? ¿Y con ello ponerse en red de parentesco con otros pueblos colonizados, bárbaros, salvajes, oprimidos? Algunas de las configuraciones performativas colectivas más imborrables del movimiento estudiantil chileno (2011), accionaron en esta posibilidad de la imaginación (Thriller por la educación, zombis que protestan); así como algunas de las acciones activadas en la ocupación de Wall Street (2011), en donde aquellos sujetos casi exprimidos por la lógica de un capitalismo zombi, desde su ser zombi, reclamaron su derecho a vida y no sólo a sobrevida, desde una suerte de mundo zombificado en donde los zombis también se rebelaron. En vínculo con esto último es que se puede pensar la segunda posibilidad de lo zombi: la capacidad de traspasar el mandato de muerte – la condena a muerte- de las tecnologías zombis, despertar otra vez a la vida y devenir zombi, muerto viviente, muerto-vivo pero no alienado. Ser negro, oscuro, amerindio, queer, ch’ixi, salvaje, intifada, en rebelión.

Ante las operaciones a favor de las tecnologías zombis desplegada por nuestras autoridades y gobernantes; ante el borramiento de los pueblos resistentes a los procesos desplegados por el capitalismo, el colonialismo, su discursividad tecnocrática y sus regímenes de representación, que pretenden dejar en el camino, apenas como daños colaterales, o el costo del desarrollo, a comunidades completas ¿Qué nos queda? ¿Nada? ¿La extinción? ¿La anestesiada sumisión?

Tenemos experiencias aquí, cerca, allá, lejos, que nos señalan otras posibilidades. La revuelta es una; el pluriverso zapatista es otra; la intifada es otra. Son diferentes y no, poseen las particularidades de sus contextos, pero tienen en común que muestran la posibilidad de los pueblos de ser no sólo carne muerta y sangre derramada; o lo silencioso, lo omitido de la historia, sino también lo potencial.

Lo potencial, aquella forma de la vida, del acontecimiento, de la escritura, que surge del intento de silenciamiento, omisión o borramiento.

¿Habría emergido este texto/ruido desde mis labios oscuros y dedos negros sin la arremetida de la naturalización de las relaciones de los estados y autoridades institucionales con el confiable Estado sionista de Israel? Sospecho que no.

¿Qué busca este texto/ruido? Imaginarnos zombis en rebelión. Resonando entre aquellas vidas categorizadas como monstruosas, salvajes y no lo suficientemente humanas. De allá y de acá. Relacionando las operaciones de mortalidad y necropolíticas que se activan en la complicidad de los Estados e instituciones cuando en nombre del progreso y la tecnología, se omiten violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. Allá, acá. En Palestina, en este territorio con forma de ají que se llama Chile. Abandonando la neurosis de tratar de mantener separado lo que no puede estar separado. Allá, acá. Resonando, en una rítmica y poética alternativa, de la ética, la política y el deseo.

24 de junio de 2022, Solsticio de Invierno, Hemisferio Sur[iv]


[i] https://www.elmundo.es/economia/2022/06/15/62a9f20efc6c83883c8b4585.html las negritas son nuestras

[ii] Para detalles de estas colaboraciones ver:

[iii] Criaturas salvajes. El desorden del deseo, Jack Halberstam (2020).

[iv] Amigxs imaginarixs que me ayudaron a escribir este texto: Achille Mbembe, Silvia Rivera Cusicanqui, Suely Rolnik, Jack Halberstam.

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