Connect with us

Opinión

Paula Narváez y la misión de transformar al bacheletismo en algo más que un club de fans

Publicado

on

Al bacheletismo, ese que hasta ahora no es más que un grupo de personas que rinden culto a la expresidenta. Una especie de club de fans que siempre vio en Bachelet una víctima más que un actor político; una buena madre conciliadora y no una mujer con estatura de estadista. Hoy es la oportunidad de sacarle todos los vestigios de secta y transformarlo realmente en un movimiento político que pueda administrar el eterno conflicto entre el mercado y los derechos sociales, de una manera moderna e inteligente.


La noticia del lanzamiento de la candidatura de Paula Narváez resulta interesante para el debate político al interior de todo el espectro progresista. Como es sabido, su figura no tiene la hinchada de estadio de Daniel Jadue, tampoco esa especie de adoración casi divina que algunos profesaron  a Michelle Bachelet, ni mucho menos esa fascinación transitoria que despierta cada cierto tiempo Pamela Jiles y su política de no hacer nada mientras cree estar haciéndolo todo. Pero eso no quita que su alternativa sea interesante para la construcción de algo que prometa más allá de las caras y los discursos altisonantes.

A diferencia de lo que se quiere hacer creer para darle ciertos toques de pureza, Narváez es una política con todo lo que eso conlleva; aunque su rostro no suene tanto como otros, eso no la hace cargar con menos trayectoria ni la hace ser portadora de una ingenuidad “buenista” que algunos parecen buscar en el próximo abanderado del sector. No. Ella ha caminado por los pasillos del poder, estuvo en La Moneda antes de que las cámaras la enfocaran, y sabe perfectamente cuál es el trabajo y cómo debe hacerse. No es pura ni virginal en el ejercicio del servicio público, y eso la convierte en un buen nombre para articular algo que está ahí y necesita ser ensamblado. Trae una frescura experimentada, dejando a los mastodontes de su partido y el PPD como una mala broma de una renovación que no es tal, como esos tíos viejos que quieren hablar el lenguaje de los “lolos” en un asado familiar.

¿A qué me refiero con eso que debe ser ensamblado? Al bacheletismo, ese que hasta ahora no es más que un grupo de personas que rinden culto a la expresidenta. Una especie de club de fans que siempre vio en Bachelet una víctima más que un actor político; una buena madre conciliadora y no una mujer con estatura de estadista. Hoy es la oportunidad de sacarle todos los vestigios de secta y transformarlo realmente en un movimiento político que pueda administrar el eterno conflicto entre el mercado y los derechos sociales, de una manera moderna e inteligente. Algo que, salvo errores de articulación política y definición ideológica-sumado a las presiones de los eternos fácticos de este país y a una Democracia Cristiana comandada por su sector más conservador e integrista-, el gobierno de la Nueva Mayoría intentó hacer de manera relativamente consistente.

¿Cómo se hace eso? Primero, y sobre todo, construyendo un relato que entienda al sujeto político  de los últimos treinta años, visibilizando el revés de los beneficios del mercado hacia el consumidor, que es básicamente la desprotección del ciudadano y sus nulas certezas públicas, caminando hacia una democracia que vea al individuo como un hombre y mujer libre y soberano de su futuro y su pasado. Esto es imposible hacerlo sobre la base de postulados igualitaristas, y menos sobre la idea de la eterna competencia entre quienes conforman una sociedad. Los derechos sociales deben ser los garantes de ese sujeto libre y que pueda consumir de acuerdo a lo que quiera y pueda, sin que esto signifique, como hoy, una necesidad vital para sobrevivir.

Advertisement

Esto, claro está, tendrá como telón de fondo un proceso constituyente en el que ambos factores, derechos sociales y mercado, sean discutidos y puestos sobre la mesa como lo que deben ser en una sociedad democrática. Cada uno en su lugar, cumpliendo el rol que deben para establecer un sano equilibrio. La misión de Narváez, con acuerdos de por medio, debería ser poder construir el camino de esa nueva conversación sin aires proféticos ni moralistas; sin grandes alardes de ser la dueña de la razón o del bien, sino haciendo política.

Algunos se preguntarán por los acuerdos, ese concepto que ha estado tan vilipendiado por estos días. Bueno, al acordar, este texto no se refiere a esa imposición vestida de consenso en la que nadó por largos años la democracia chilena. No se refiere tampoco a ese aire despolitizado que la Concertación administró bajo la excusa de que, luego de la dictadura, se necesitaba descansar de las ideas y las confrontaciones ideológicas. Así no funcionan las sociedades inteligentes. Acordar realmente consiste en poner en disputa postulados que tengan la misma fuerza y representación política, cuestión que acá no sucedió.

¿Podrá Narváez timonear ese barco? ¿Podrá darle a la centroizquierda, más allá de los sueños vistosos y emocionantes que mucho electorado busca lejos de ella, una relegitimación basada en el realismo que merecen los tiempos que vivimos? ¿Podrá comandar el eje articulador de algo más grande y que tenga cierta permanencia en el tiempo, en días en que nada es permanente?

Leer más
Publicidad
1 Comment

1 Comment

  1. Luis vergara

    Febrero 2, 2021 at 6:07 pm

    La candidatura de Narváez refleja en toda su hondura al bacheletismo como expresión del espíritu oligárquico ,de la democracia partidaria abortada, de la representación falseada y en definitiva de un partido socialista corrompido hasta la médula

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público.

Opinión

El Fallido Plan B

No pueden garantizar nada. Son los firmantes de la carta los que han gobernado el partido durante la última década. En ellos recae la responsabilidad política ―que, por lo demás admiten como «fallas y omisiones en que hemos incurrido las élites políticas» y en el mea culpa «conscientes de los errores cometidos»― de haber desarmado la base ideológica y doctrinaria de una organización que al decir de Huneeus se preciaba de ser un partido institucionalizado, de la pérdida de presencia parlamentaria, de carecer de absoluta injerencia en la Convención, y de haber desaparecido del mundo social.

Publicado

on

En vísperas de la junta nacional que deberá realizarse el 16 de julio, nueve expresidentes de la Democracia Cristiana hicieron pública una carta exhortando la libertad de acción para divulgar los votos de Apruebo y de Rechazo, y agregando que la franquicia debería extenderse a todos los órganos de decisión internos, en clara alusión a la JDC y al Frente Feminista, que ya han resuelto votar Apruebo. 

Firman la carta exdirigentes refractarios al proceso constituyente y que esperan que la dispensa les permita promover sus opiniones e influir en el plebiscito de salida. El embajador Frei que sin dar razones avisó a la Convención que no concurriría a la Ceremonia. También Goic, Krauss, Foxley y Walker, que militan en Amarillos Por Chile y han sido públicos partidarios de un Plan B. El convencional Chahin, que es una voluntad disidente solitaria, no sólo respecto de su partido, sino de sus propios referentes en la Convención. Y Hormazábal, un crítico apocalíptico del texto, especialmente de los pueblos originarios en cuyo reconocimiento ve el rompimiento de Chile ―«se construye un Chile desconocido que convierte al país en un archipiélago de autonomías con una clase especial: las etnias originarias», ha escrito― y la defensa de privilegios.

Sin embargo, lo más importante de la misiva de los expresidentes es la acreditación del fracaso del Plan B que venía propugnando, principalmente, Ignacio Walker. Pérdida que asumen explícitamente los antiguos personeros cuando resignados señalan que «nos habría gustado una posición fundada, clara y propositiva, pero, la forma establecida, en torno a una elección binaria, de dos opciones, Apruebo o Rechazo, no nos permite matices ni cambios.» Y, claro, lo ideal habría sido la pregunta que instaló Izikson en la encuesta Cadem sobre una tercera vía que propusiera una nueva Constitución.

Los orígenes del Plan

Advertisement

¿Quiénes fueron los primeros en anunciar un Plan B?

Fueron quienes quedaron insatisfechos con la elección de convencionales ocurrida hace un año, y empezaron a sembrar dudas sobre el texto que estaba elaborando la Convención. Fijaron su posición aún antes de que se propusiera un solo artículo de la futura carta. ¿Por qué pensaron en un Plan B, si nadie había definido un Plan A? Lo pensaron como reflejo condicionado por una experiencia aprendida en 1989 y confirmada en 2005.

Después del triunfo del NO de 1988 ―algo inesperado para vencedores y vencidos―, hubo que arribar a acuerdos de reforma constitucional con quienes detentaban el poder de la dictadura. Esas negociaciones fueron el comienzo de la vía transaccional a la democracia tutelada y semi-soberana que sobrevino. Un Plan B que siete millones de ciudadanos convocados por líderes como Aylwin y Lagos, se movilizaron para sacramentar en las urnas, pero cuyo propósito fue mantener vigente la Constitución del 80, porque tenían el poder para mantener la Constitución del 80. Algunos censuran a quienes apoyaron esa salida y siguen siendo críticos de la Constitución de Pinochet. Lo consideran una contradicción porque entienden que el plebiscito del 30 de julio de 1989 dotó de legitimidad de origen a la institucionalidad autoritaria.

Por eso, también hablan de la Constitución de Lagos, y no de la del 80 o del 89. Y es que el año 2005, firma sobre firma, otro Plan B vino a declarar la extinción de normas transicionales tales como el fin de los senadores designados y vitalicios, que, sin embargo, participaron en la redacción y aprobación de la reforma pactada en la Cámara Alta. Fue así como prevaleció la poción mágica de la derecha, el quórum de un tercio del sistema binominal que les aseguraba ser mayoría en las asambleas deliberantes, y que recién vino a ser suprimido en 2015, más exactamente en 2018.

El Plan B del que se habla ahora, siempre ha sido y será una bisagra que permita a los gestores de la Constitución de la dictadura, negociar el estatus de su poder e influencia en los emergentes escenarios políticos. La figura de un Plan B torna necesaria la presencia de negociadores que se entiendan y se comprometan con los artífices de la actual Constitución, y éstos no pueden ser sino los actores y herederos del 89 y del 2005, cuyo perfil biográfico más nítido lo ofrece Amarillos por Chile.

El caso es que esta vez no funcionó un Plan B alternativo al itinerario constituyente inaugurado en 2019, como sí operó con éxito en 1989, durante las negociaciones Cáceres-Aylwin, porque el gobierno de Pinochet no esperaba perder el Plebiscito del 5 de octubre de 1988 ni enmendar su Constitución; y en 2005, para los acuerdos Lagos-Romero, porque se agotaban las instituciones transitorias de la Constitución del 80 que permitían a la derecha el control político, y resultaba urgente prolongar la democracia de los consensos.

Con todo, en la misma coartada de los expresidentes está también su talón de Aquiles. En 1980 también hubo dos opciones y, no obstante, el presidente Eduardo Frei Montalva, quien encarnaba la voz de la oposición, no tomó la palabra en el Caupolicán para invocar la libertad de acción, sino para convocar al país a una Asamblea Constituyente. También en 1988 hubo dos opciones, y el llamado de la Concertación de Partidos por el No fue a votar en contra de prorrogar la permanencia de Pinochet en el poder. Y en 1989, no hubo borradores, ni debates territoriales, ni críticas a los convencionales que, a la sazón, eran los propios negociadores. La ciudadanía entendió que había que concurrir a votar para acabar con la dictadura, porque confiaba en los mensajes de los líderes políticos, religiosos y sociales, y no porque creyera que así debía ser la transición democrática. El dolor y el sufrimiento padecidos por el pueblo, exigía ponerle fin a ese estado de cosas, más allá de los “matices y cambios”.

Advertisement

Boric inspira a Maritain

¿Por qué los expresidentes defienden la coexistencia de dos acciones políticas diametralmente opuestas y simultáneas dentro del partido? Porque la consideran legítima, como quien vota en conciencia en el Congreso a favor de la supresión de la pena de muerte o de la eutanasia. Algo legítimo es algo justo, razonable, verdadero o legal. Apelan para ello, no a Maritain, no a El Hombre y el Estado, sino a la iluminadora reflexión del presidente Gabriel Boric, que ha señalado que ambas opciones son legítimas. Su autoridad es la palabra de Boric. ¿Qué esperaban que dijera Boric? Es el presidente de todos los chilenos y son las reglas del juego que gobiernan a todos los chilenos. Como tal debe dar garantías a todos, desde putinistas hasta ultramontanos republicanos. Luego, lo que es legítimo para Boric, y para la sociedad en su conjunto, no necesariamente lo es ―y no lo es en esta ocasión― para la Democracia Cristiana.

La Democracia Cristiana es un partido político, una asociación libre de personas que coinciden en una declaración de principios, unos estatutos y unos órganos de deliberación, de ejecución y de justicia. Adhiere a unos principios que son la dignidad esencial de la persona y de sus derechos. A unos valores de justicia, de solidaridad, de libertad, de paz y tolerancia. En virtud de todo esto comparte una noción de la sociedad, el Estado, las comunidades, la naturaleza y la democracia. Y su deber es ofrecerle al país su proyecto social, que empieza por la Constitución Política. No es legítimo, porque entrañan proyectos sociales distintos, la voluntad de perpetuar la Constitución del 80, que es lo que confirma el voto de Rechazo, y al mismo tiempo y junto a la decisión de remplazarla por la nueva Constitución, que es lo que significa el voto de Apruebo, en una colectividad que está llamada a zanjar esta disputa.

Y no es legítimo porque la controversia sigue cruda y lacerante. No por nada, expresamente, la carta de los expresidentes diluye el reconocimiento de los pueblos originarios, realzado por la Convención en la figura de un Estado plurinacional, en el neoercillano poema de «un proyecto de país que nos garantice un presente y futuro en que nuestros pueblos originarios y las corrientes migratorias que le han dado forma a nuestro querido país encuentren un marco común…» Otros, en la vereda opuesta, seguirán profundizando lo que hace nueve años escribieron en el programa de Orrego: «La propuesta fundamental que estamos haciendo hoy, ya no es solamente que Chile reconozca a los pueblos originarios, sino que Chile tiene que reconocerse como un Estado Plurinacional y pasar del tratamiento sectorial de la temática de pueblos indígenas a uno de carácter nacional, para lo cual proponemos la creación del ministerio de Pueblos Indígenas y Asuntos Interculturales, que permita tener una visión integral tanto política, económica, cultural y educacional de toda la temática indígena».

Un acta de disolución

Advertisement

La libertad de acción entraña la renuncia a la función esencial del partido, que es la organización de los intereses generales de la sociedad chilena. Es la abstención moral respecto de los principios, valores y fines de la acción política. Es el abandono de la misión para la cual han sido convocados los militantes, adherentes y ciudadanos. Es convertir a la comunidad de personas libres en un campo de fuerzas, en un cuadrilátero de disputa, donde sin miramientos por la camaradería, se confrontarán lo mismo las fuerzas brutas del Apruebo como la competencia salvaje del Rechazo. Se trata de un escenario auto flagelante y autodestructivo que la Democracia Cristiana no se merece. Por eso, es ilegítima la libertad de acción. Sería más legítimo que triunfara el Rechazo, y que quienes creen que lo mejor para Chile es el voto de Apruebo, se limitaran a su libertad de conciencia en la cámara secreta, o renunciaran al partido para promover y difundir su opción. 

Sin embargo, los expresidentes prometen que la libertad de acción aplacará las tensiones y permitirá resolver los conflictos dentro de tres años. La pregunta que surge entonces es ¿cómo se cumplirá esta promesa? La Democracia Cristiana hoy es un espejo trizado, algo que no ignoran quienes piden libertad de acción para, a lo menos, satisfacer la expectativa de una ruptura pactada.

No pueden garantizar nada. Son los firmantes de la carta los que han gobernado el partido durante la última década. En ellos recae la responsabilidad política ―que, por lo demás admiten como «fallas y omisiones en que hemos incurrido las élites políticas» y en el mea culpa «conscientes de los errores cometidos»― de haber desarmado la base ideológica y doctrinaria de una organización que al decir de Huneeus se preciaba de ser un partido institucionalizado, de la pérdida de presencia parlamentaria, de carecer de absoluta injerencia en la Convención, y de haber desaparecido del mundo social. Mas, son los expresidentes quienes escriben en su carta que «la propuesta de la Convención Constitucional requiere un estudio profundo y riguroso». Deberían preguntarse cuándo perdió el partido esas capacidades de análisis y elaboración. ¿En la administración de Latorre, que debió haber realizado el Sexto Congreso, o en la de Chahin, que limitó su gestión a su pura planificación?

Esto nos recuerda las lecciones del profesor Mario Fernández, que para rebatir el texto de la Convención sostenía que el presidencialismo chileno no tenía acreditación empírica, es decir, que era un mito, desconociendo con ello todos los antecedentes que los Congresos de la Democracia Cristiana tuvieron a la vista para propugnar el tránsito hacia un régimen semi-presidencial o semi-parlamentario.

La libertad de acción es un acta de disolución del Partido Demócrata Cristiano. Es el costo que deberían pagar los democratacristianos para satisfacer las necesidades políticas de sobrevivencia de quienes coinciden con la derecha en los fundamentos del voto de Rechazo. El partido tiene el deber de defender su memoria y su identidad.

Advertisement

Continue Reading

Opinión

Como se ganan en Chile muchos millones de dólares sin trabajar

El regalón Comando de Bienestar del Ejército de Chile se embolsó una suma equivalente a más de USD 44 millones actuales y nadie de la administración pública civil sabe en qué se usó tal dinero obtenido con la venta de un terreno cedido por el Estado para que fuese utilizado exclusivamente en los fines propios de esa rama de las FF.AA. y no para lucrar con el mismo.

Publicado

on

Durante las últimas semanas los medios de comunicación que se especializan en cubrir las actividades de negocios de las empresas más grandes del país, informaron que el Banco Santander compró a la inmobiliaria Territoria Vespucio SpA un terreno de casi una hectárea, localizado en la esquina de las avenidas Américo Vespucio Norte y Presidente Riesco, en la comuna de Las Condes, para construir allí su nueva casa matriz y que la inversión en el proyecto será del orden de los USD 350 millones.

Este nuevo y magnífico edificio corporativo estará listo en el año 2026 y nos alegramos sobremanera de que esta importante institución financiera española tenga confianza en nuestro país. La prensa especializada señalaba con ingenuidad que el predio “le perteneció al Ejército hasta el 2016” (sic).  

En efecto, el Ejército de Chile es la rama de las Fuerzas Armadas (FF.AA.) chilenas que ha tenido la mayor vocación para desprenderse con fines comerciales de los inmuebles que el Estado le ha asignado para sus exclusivas necesidades institucionales. En este caso, el Comando de Bienestar del Ejército de Chile vendió ese predio a la inmobiliaria Ralei, la que tuvo problemas en la Dirección de Obras Municipales (DOM) de Las Condes para ejecutar su proyecto de 2 edificios habitacionales en altura, más espacios comerciales. 

Ante este traspiés, la inmobiliaria Ralei vendió en marzo de 2019 el apetecido predio a Territoria Vespucio SpA, la que, a su vez, se le vendió al Banco Santander. A este tipo de inmuebles fiscales administrados por los Comandos de Bienestar de las instituciones militares se les conoce como “Patrimonio de Afectación Fiscal” (PAF). 

Las distintas operaciones mercantiles de este predio fiscal, denominado Lote 3A de la subdivisión del sector B del Parque San Luis en la comuna de Las Condes, son las siguientes:

Advertisement

1.- En febrero de 1983 el Serviu Metropolitano cede este terreno al “Fisco-Ejército de Chile”. 

2.- En junio de 1988, por aplicación del artículo 18° de la ley N° 18.712 dicho inmueble “se entiende” (sic) inscrito a nombre del Comando de Apoyo Administrativo del Ejército, bajo la figura de PAF.

3.- En julio de 2017 la Sociedad Ralei Development Group SpA compra ese terreno en la suma de UF 1.177.613 al Comando de Bienestar del Ejército.

4.- En julio de 2017, como vemos, en la misma fecha, la Inmobiliaria RDG Riesco SpA compra el terreno en la misma suma de dinero, UF 1.177.613 a la Sociedad RALEI Development Group SpA. Nótese que RDG significa Ralei Devolpment Group,  por lo mismo RDG Riesco SpA es parte de RALEI y por ese motivo el precio es igual.

5.- En junio de 2019 la sociedad Territoria Vespucio SpA compra el terreno a Inmobiliaria RDG Riesco SpA en UF 1.550.627.

Advertisement

6.- En mayo de 2022, según la prensa mercantil, Territoria Vespucio SpA le vende el terreno al Banco Santander, sin conocerse hasta ahora el precio del contrato de compraventa. 

Comparando las cifras antes indicadas, se concluye que entre julio de 2017 y junio de 2019, la inmobiliaria RDG Riesgo SpA, “sin moverse de su escritorio”, luego sin correr riesgos, solo con algunos llamados telefónicos, obtuvo la no despreciable utilidad de UF 373.014, monto equivalente USD 14 millones al día de hoy.

Previamente, el regalón Comando de Bienestar del Ejército de Chile se embolsó una suma equivalente a más de USD 44 millones actuales y nadie de la administración pública civil sabe en qué se usó tal dinero obtenido con la venta de un terreno cedido por el Estado para que fuese utilizado exclusivamente en los fines propios de esa rama de las FF.AA. y no para lucrar con el mismo.

Si los lectores desean conocer detalles sabrosos sobre los lucrativos negocios que se han estado haciendo, desde hace muchos años, con este tipo de terrenos fiscales denominados PAF, pueden leer el último libro titulado “Prohibido el paso: propiedad militar”, del escritor y periodista Dauno Tótoro.  Este columnista les garantiza que, con su lectura, se escandalizarán

Advertisement
Continue Reading

Opinión

Tecnologías zombis y devenir zombis en rebelión

Ante las operaciones a favor de las tecnologías zombis desplegada por nuestras autoridades y gobernantes; ante el borramiento de los pueblos resistentes a los procesos desplegados por el capitalismo, el colonialismo, su discursividad tecnocrática y sus regímenes de representación, que pretenden dejar en el camino, apenas como daños colaterales, o el costo del desarrollo, a comunidades completas ¿Qué nos queda? ¿Nada? ¿La extinción? ¿La anestesiada sumisión?

Publicado

on

Cuestiones como el avance del desarrollo tecnológico, la sustentabilidad, la innovación, la necesidad de energías, las prácticas artísticas, son todas cuestiones que actúan situadamente. Actúan desde y con- un contexto. Desde y con territorios. Desde y con los cuerpos vivos y no vivos que habitan ese territorio. Por ello, cada vez que se anuncia o genera un nuevo acuerdo al respecto, tenemos la posibilidad de hacer consciente, qué formas de la vida y qué formas de la muerte están implícitas tanto en la generación de esa técnica/tecnología, como en su replicación.

Hace una semana, la Unión Europea firmó un acuerdo para exportar gas natural desde Israel (pasando por Egipto), a fin de disminuir la dependencia energética de Rusia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, afirmó entonces –refiriéndose a Israel- que: “[…] estamos en pleno proceso de diversificación de las fuentes de energía de Rusia, a otras en las que se puede confiar. Y en ustedes se puede confiar[i]. Mucho más cerca de nuestro territorio, en nuestro país, en las últimas semanas, autoridades académicas, políticas y de gobierno, han hecho exhibición pública de diversas formas de colaboración con la Embajada de Israel en Chile[ii], dando cuenta de que aunque no utilicen la misma frase, creen lo mismo, es decir que: en el Estado de Israel se puede confiar. Los temas de estas colaboraciones son sin duda temas importantes: crisis hídrica, medio ambiente, derechos de las mujeres, asistencia médico-tecnológica. No es posible desconocer la relevancia de estas problemáticas, al mismo tiempo que es importante poner aquí algunas otras cuestiones vitales en perspectiva, que deberían completar las imágenes difundidas a través de redes sociales sobre estos felices acuerdos y felices fotografías.

¿Las cuestiones que atraviesan nuestras vidas mortales, son cuestiones que se atengan de forma abstracta al contenido? ¿Es posible pensar en innovación tecnológica sólo pensando en la técnica, sin considerar los modos de producción de esa misma técnica? ¿Qué encierra el declarar confianza en un Estado que comete crímenes de Apartheid contra los indígenas del territorio? Porque eso es lo que hace el Estado de Israel desde su instauración en el año 1948. Política de exterminio que no ha hecho más que agudizarse con el paso del tiempo.

Esta situación ha sido reconocida por organismos internacionales. Israel es un estado que ha sido condenado por diversas institucionalidades por violar sistemáticamente los Derechos Humanos del pueblo palestino, entre ellas: Human Rights Watch (HRW), Amnistía Internacional, la Organización para las Naciones Unidas (ONU); Tribunal Internacional de La Haya; Tribunal Russel; e incluso las ONGs israelíes  como Btselem y Yesh Din. Violaciones a los Derechos Humanos que incluyen: exilio; acoso; prohibición de casarse con personas de los territorios ocupados; espionajes desde el aire; control de los desplazamientos; expropiación de las aguas de las napas subterráneas de la tierra; destrucción de hospitales y escuelas; bombardeos; tortura; negación del derecho a trabajar; negación del derecho a voto; destrucción de sus casas; destrucción de sus huertos y modos de alimentación; expropiaciones de tierra; desplazamientos forzados; invisibilización y borramiento como presencias y existencias; destrucción de caminos, cisternas de agua, sistemas eléctricos y medios de comunicación; destrucción de los aeropuertos; expropiación de símbolos culturales; cárcel política; exposición a la peste; exposición al hambre; exilio del lenguaje; manipulación; asesinatos; muerte.

Todas estas acciones y políticas mortíferas -o necropolíticas en palabras de Mbembe- están completamente omitidas en las imágenes difundidas tanto por las autoridades europeas, como por las autoridades chilenas, porque la declaración principal explícita o implícitamente señala que: en Israel se puede confiar. Declaración de confianza que ha decidido flagrantemente borrar el sufrimiento del pueblo palestino, para poder tomar la feliz instantánea del progreso.

Advertisement

Que Europa confíe en Israel no extraña tanto ¿Cómo no confiar en un Estado que Europa misma puso ahí, a fin de occidentalizar Medio Oriente e impedir el avance de un dominio oriental-asiático al territorio? El Estado de Israel es un hijo de las culpas y ambiciones de Europa, por tanto, puede parecer hasta lógica la perpetuación de la colaboración, por más que se contradiga con muchas de sus declaraciones respecto de Derechos Humanos, civiles, raciales, ecologistas, etc. Pero ¿qué hacen autoridades nacionales generando estas múltiples colaboraciones sobre la negación del Apartheid en Palestina? Independiente de las razones profundas de nuestras autoridades – que por razones obvias desconozco- lo que veo cuando veo las felices fotografías de los acuerdos es un acto de invisibilización. De edición de la realidad, a favor de un discurso tecnocrático, cuyo lema orientador sería algo así como: el progreso justifica los medios.

La inquietud corporal que me han producido estos acuerdos e imágenes en los últimos días, me ha hecho pensar en la potencia zombi de los modos de producción y los acontecimientos. Con ello me refiero a una potencia de carácter ambivalente, que puede accionar en dos sentidos: como tecnologías zombis y como zombis en rebelión.

En el primer sentido, en la potencia zombi de la tecnología, en nombre de una buena causa (crisis hídrica, sostenibilidad, innovación, intercambio cultural, derechos de las mujeres y comunidades LGTBIQ+), se activaría una operación zombi de parte de las autoridades y poderosos de turno, que contiene un crimen dentro de sí misma, aunque lo omita. Es decir, una operación en donde la fuerza implacable del zombi se manifiesta indiferente a lo correcto y a lo incorrecto, en aras de conseguir su objetivo/milagro/progreso – hacer salir agua del desierto, por ejemplo. Operación que encierra odio racial contra los pueblos y comunidades que han sido condenados a una posición de apenas sobrevivencia, para la efectiva materialización de ese desarrollo. Como acontece en la situación en Palestina. Aquí la potencia zombi de la técnica, es indiferente a lo humano, en sentido amplio, pues racializa, a qué humanos beneficiar con esta técnica y a cuáles humanos sacrificar con la misma técnica. Cuestión que hasta podemos leer como una especie de contemporánea eugenesia social. Por ello, las felices fotografías mencionadas anteriormente corresponderían a la potencia zombi de la tecnología. Desde esta perspectiva, otras cuestiones podrían también devenir zombis: ecología zombi, sostenibilidad zombi, innovación zombi, feminismo zombi. Alguien podría contra argumentar que la ecología nunca podría devenir zombi implacable, porque pretende salvar la tierra y salvarnos, pero ¿un marco técnico de desarrollo ecológico que ignora las vidas de determinadas comunidades de forma interseccional –raza, clase, género, sexualidad, derecho a documentación, derecho o no a vivienda, derechos laborales y civiles- no sería acaso una ecología de la muerte?

Para dar paso a un segundo sentido de la potencia zombi, zombis en rebelión, es importante recordar que en las tradiciones haitianas la palabra zombi significa “espíritu de los muertos” y representa el miedo de los antiguos esclavos a ser resucitados de entre los muertos y esclavizados de nuevo[iii]. Recordar este significado nos posibilita asociar la cuestión del zombi, a los procesos de colonización. De hecho, gran parte de la representación del imaginario zombi, responde a narraciones generadas por el imaginario del colonizador, en donde suele reiterarse la idea de que los zombis son esos seres no completamente humanos, negros, oscuros, venidos de la muerte, o de algún olvidado lugar en el inframundo, o directamente de la nada, para acabar con el mundo de la superficie, de los buenos blancos humanos vivos. Categorías: no ser completamente humanos, ser negros, salvajes de algún lugar indómito, que son parte del imaginario de la colonización de forma transversal. Pero ¿son sólo eso los zombis? Si vienen de la nada y no tienen nada que perder ¿podríamos también entenderlos como un sujeto colectivo que traspasa las fronteras de la vida y la muerte para cobrar venganza por los crímenes de la ley, el orden y la verdad? ¿Podríamos pensar que ese “espíritu de los muertos” de los antiguos esclavos vuelve, pero no para ser esclavizado nuevamente, sino para accionar una rebelión? ¿Y con ello ponerse en red de parentesco con otros pueblos colonizados, bárbaros, salvajes, oprimidos? Algunas de las configuraciones performativas colectivas más imborrables del movimiento estudiantil chileno (2011), accionaron en esta posibilidad de la imaginación (Thriller por la educación, zombis que protestan); así como algunas de las acciones activadas en la ocupación de Wall Street (2011), en donde aquellos sujetos casi exprimidos por la lógica de un capitalismo zombi, desde su ser zombi, reclamaron su derecho a vida y no sólo a sobrevida, desde una suerte de mundo zombificado en donde los zombis también se rebelaron. En vínculo con esto último es que se puede pensar la segunda posibilidad de lo zombi: la capacidad de traspasar el mandato de muerte – la condena a muerte- de las tecnologías zombis, despertar otra vez a la vida y devenir zombi, muerto viviente, muerto-vivo pero no alienado. Ser negro, oscuro, amerindio, queer, ch’ixi, salvaje, intifada, en rebelión.

Ante las operaciones a favor de las tecnologías zombis desplegada por nuestras autoridades y gobernantes; ante el borramiento de los pueblos resistentes a los procesos desplegados por el capitalismo, el colonialismo, su discursividad tecnocrática y sus regímenes de representación, que pretenden dejar en el camino, apenas como daños colaterales, o el costo del desarrollo, a comunidades completas ¿Qué nos queda? ¿Nada? ¿La extinción? ¿La anestesiada sumisión?

Advertisement

Tenemos experiencias aquí, cerca, allá, lejos, que nos señalan otras posibilidades. La revuelta es una; el pluriverso zapatista es otra; la intifada es otra. Son diferentes y no, poseen las particularidades de sus contextos, pero tienen en común que muestran la posibilidad de los pueblos de ser no sólo carne muerta y sangre derramada; o lo silencioso, lo omitido de la historia, sino también lo potencial.

Lo potencial, aquella forma de la vida, del acontecimiento, de la escritura, que surge del intento de silenciamiento, omisión o borramiento.

¿Habría emergido este texto/ruido desde mis labios oscuros y dedos negros sin la arremetida de la naturalización de las relaciones de los estados y autoridades institucionales con el confiable Estado sionista de Israel? Sospecho que no.

¿Qué busca este texto/ruido? Imaginarnos zombis en rebelión. Resonando entre aquellas vidas categorizadas como monstruosas, salvajes y no lo suficientemente humanas. De allá y de acá. Relacionando las operaciones de mortalidad y necropolíticas que se activan en la complicidad de los Estados e instituciones cuando en nombre del progreso y la tecnología, se omiten violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. Allá, acá. En Palestina, en este territorio con forma de ají que se llama Chile. Abandonando la neurosis de tratar de mantener separado lo que no puede estar separado. Allá, acá. Resonando, en una rítmica y poética alternativa, de la ética, la política y el deseo.

24 de junio de 2022, Solsticio de Invierno, Hemisferio Sur[iv]

Advertisement

[i] https://www.elmundo.es/economia/2022/06/15/62a9f20efc6c83883c8b4585.html las negritas son nuestras

[ii] Para detalles de estas colaboraciones ver:

[iii] Criaturas salvajes. El desorden del deseo, Jack Halberstam (2020).

[iv] Amigxs imaginarixs que me ayudaron a escribir este texto: Achille Mbembe, Silvia Rivera Cusicanqui, Suely Rolnik, Jack Halberstam.

Advertisement
Continue Reading

Lo más visto

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.