Domingo, Mayo 19, 2024

Marcela Cubillos, la falsa independiente

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La competencia al interior de la derecha comenzó en Las Condes. En medio de una gestión UDI cuestionada por curiosos pagos de horas extra, Daniela Peñaloza, actual alcaldesa de la comuna y cercana a lo que algunos divertidamente llaman el “ala liberal” del partido gremialista, se bajó para así dejar el camino libre a Marcela Cubillos, exmilitante de la colectividad y representante del más puro espíritu de Jaime Guzmán, ese que algunos ven extraviado con la administración de Javier Macaya y la influencia piñerista.

Cubillos dice ser independiente, sin embargo, es la encarnación de la más vieja cepa de una derecha neoconservadora hoy expresada con mayor nitidez en el Partido Republicano. Para ella lo importante es mantener la identidad de su sector por sobre cualquier tipo de transacción. Pero no cualquier identidad, sino aquella que fusiona el gremialismo y el neoliberalismo, creando la mezcla que le dio sustento ideológico a la dictadura de Pinochet y a la institucionalidad democrática posdictatorial.

Cualquier negociación, según su mirada, es transar con el gobierno y, por lo tanto, perder; y sabemos que la derrota no está en su léxico, ni en el de su familia. Así debió enseñarle su padre, Hernán, exasesor de Agustín Edwards y ministro de Pinochet, quien confabuló en la Cofradía Náutica Austral junto con el exdirector de El Mercurio para que así Salvador Allende no llegara al poder.

Como si fuera la enviada celestial para traer una “buena nueva”, su regreso a la arena política ha sido cubierto por los medios como si no se supiera quién es; como si fuera un nuevo rostro, sin un programa político detrás. Y lo cierto es que eso es falso. Ella, como todo político de su trayectoria, responde a ideas y objetivos. Y en este caso, como hemos señalado más arriba, estos son relacionados a la derecha más integrista de este país, esa sobreidelogizada y que ve ideologizados en todas partes, salvo en sus ideas y su mirada del país.

Es cosa de recordar su aparición en el funeral de Sebastián Piñera, instancia en que no encontró mejor que salir a disparar a diestra y siniestra en contra de todo lo que ella consideraba una afrenta golpista en contra de la administración de la que ella formó parte. Porque ella ve golpismo en todo, salvo en lo que apoyó y aplaudió. Ella ve extremismo en eso lejano, extraño, y no en lo que abrazó y sigue abrazando.

La exministra de Educación no vuelve a renovar la política ni a darle un aire fresco a Las Condes, sino a dar una batalla ideológica al interior de su sector y tratar de detener eso que parece imparable, que es que la derecha negocie todo “valóricamente” con quienes se autodenominan “centro político” y, en cambio, sólo son exconcertacionistas despechados que andan buscando un espacio para ser lo que no pudieron ser en los años de la mal llamada “socialdemocracia chilena” por haber sido opacados por sus padre y abuelos políticos.

En entrevistas ha dicho que quiere ser la candidata de unidad del sector y los “independientes”, para así evitar un enfrentamiento entre las derechas. Pero es claro que su misión es recuperar lo que ella cree perdido. Ese ethos gremialista que de independiente no tiene absolutamente nada.

Francisco Méndez
Francisco Méndez
Analista Político.

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