lunes, julio 15, 2024

La sociedad allanada

¿Desde cuándo comenzamos de nuevo a celebrar los “Golpes”? ¿en qué momento se festejan los allanamientos a un comedor popular que lleva el nombre de Luisa Toledo en Villa Francia? ¿cómo ponerle guirnaldas a la violencia de Estado que martilla el corazón mismo de la memoria de una población que resistió heroicamente las metralletas y los tanques? ¿por qué criminalizar el nombre de Luisa Toledo, de sus hijos Rafael Vergara Toledo y Eduardo Vergara Toledo, asociándolos a un imaginario delincuencial donde lo que hicieron fue, desde el margen, resistir a la barbarie?

Comparte

En memoria de Luisa Toledo

En Chile se coronó una sociología de lo securitario.

No me refiero a la disciplina, sino al entramado relacional extenso que organiza subjetividades en torno a un núcleo significativo y que otorga sentido a las prácticas sociales gestionando los temores, definiendo las interacciones más pedestres y también las que están mediadas por las instituciones.

Se trataría de una sociología que cosifica las emociones y que vertebra una razón en torno a la cual se construye un paradigma y un dogma; un dispositivo que se desparrama en una sociedad completa estableciendo el régimen y la jerarquización de nuestros miedos, el estatuto de la angustia y, así, inseminando legitimidad a la prédica de la seguridad que llega amparada –y repleta– de mesianismo a terminar de “golpe” con el enemigo endémico (el “delincuente nacional”) y el excéntrico (“el inmigrante criminal”).

Esta razón securitaria no es porque sí ni menos espontánea. Viene gestándose desde la derrota del “Apruebo” por una nueva Constitución en 2022 desde la cual, al día inmediatamente  siguiente del desplome, se comenzó con un proceso de larvada restauración conservadora que tuvo sus laureles con la segunda vuelta de Kast en las presidenciales y con la victoria de su tropa ultrona en el Consejo Constituyente –digamos que en ese mismo momento, y aunque perdió su propuesta de Constitución franquista/neoliberal (Jaime Guzmán y José Piñera respectivamente), ya se anunciaba el pulso del síntoma que estaba por cristalizarse–.

A esto se le suma toda la batería de discursos, monumentos y políticas públicas pro-orden que el gobierno de Gabriel Boric ha desplegado sin complejos para contentar a una derecha que ha visto cómo, leyendo mejor que nadie el tiempo político y la generación del canon securitario, los y las otrora precursores/as de la desobediencia se cuadran hoy con la “inteligencia” disciplinaria.

La noche de ayer Carolina Tohá llamó “Golpe policial” a una serie de allanamientos simultáneos de carabineros en diferentes sectores de Santiago. Dijo además que era un “Golpe para felicitar y muy valioso”.

Entonces la perplejidad y las preguntas: ¿desde cuándo comenzamos de nuevo a celebrar los “Golpes”? ¿en qué momento se festejan los allanamientos a un comedor popular que lleva el nombre de Luisa Toledo en Villa Francia? ¿cómo ponerle guirnaldas a la violencia de Estado que martilla el corazón mismo de la memoria de una población que resistió heroicamente las metralletas y los tanques? ¿por qué criminalizar el nombre de Luisa Toledo, de sus hijos Rafael Vergara Toledo y Eduardo Vergara Toledo, asociándolos a un imaginario delincuencial donde lo que hicieron fue, desde el margen, resistir a la barbarie?

Por otro lado, Matthei pide que “prometan y prometan seguridad” en un gesto de populismo policial evidente y que no resiste ningún lavado mediático. Al mismo tiempo apoya y abraza –literalmente lo abraza– como candidato a alcalde de Maipú al republicano Enrique Bassaletti, ex general dado de baja que en tiempos de la Revuelta sostuvo: “Cuando el tratamiento al cáncer se hace con quimioterapia (…) se matan células buenas y células malas”, recuperando la fraseología deletérea e indignante de la dictadura que en lenguaje médico/farmacológico veía a la disidencia como un cáncer a extirpar y exterminar.

Como sea, “estamos adentrándonos en la época de la cosificación obligatoria” como apuntaba Michel Foucault refiriéndose a la separación de las palabras y las cosas.

Decimos “seguridad” al tiempo que la cosa objeto de esa palabra es la “población” que se debe perseguir, vigilar y castigar. Entre la palabra y la cosa ya no hay vínculo, por lo tanto, que la palabra haga de la cosa lo que se le plazca, porque no habrá regulación ni óbices para el desmadre de la persecución.

La razón securitaria está en curso, la sociedad allanada es el tiempo, la policía entra en desacato.

Javier Agüero Águila
Javier Agüero Águila
Doctor en Filosofía. Académico Universidad Católica del Maule.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Te puede interesar

Lo Último

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.