Viernes, Junio 14, 2024

La crisis de las isapres y los pungas capitalistas chilenos

Los “sensatos” celebran que no haya “primado la ideología” (como si las isapres no sean una expresión sumamente ideológica), mientras los “consecuentes” lamentan la "entrega del oficialismo a los ejecutivos de las isapres".

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Aprobada la nueva ley corta de isapres que, entre otras cosas, les da más tiempo a las aseguradoras privadas de salud para pagar su deuda por los sobreprecios con sus clientes, muchos discursos han llenado las páginas de la prensa nacional.

Mientras unos aplauden, desde la supuesta “sensatez” oficial, que el gobierno no haya dejado caer a las aseguradoras, otros, desde la república independiente de la “consecuencia” han, una vez más, acusado a La Moneda de traicionar sus principios y sus promesas de campaña, como si en eso no consistiera, entre muchas otras cosas, gobernar.

Los “sensatos” celebran que no haya “primado la ideología” (como si las isapres no sean una expresión sumamente ideológica), mientras los “consecuentes” lamentan “la entrega del oficialismo a los ejecutivos de las isapres”. Lo que nadie parece preguntarse, en cambio, es sobre la calidad de nuestros capitalistas y la manera en que han abordado este tema como si no fuera responsabilidad suya.

¿A qué me refiero? A que lo que hemos visto estos meses con la crisis de las isapres nos habla bastante de lo pungas que son esos encorbatados ejecutivos que no sienten ninguna responsabilidad con otra cosa que consigo mismos y la plata que deberán gastar para pagar algo que no es más que resultado de su nula conciencia de la labor social que estaban llevando a cabo, más allá de ser un buen modelo de negocios.

Sí, porque no hay peores representantes del sistema de isapres que sus dueños y ejecutivos. Gracias a ellos nos damos cuenta de que todo ese discurso altruista del que somos testigos en eventos empresariales es el resultado de un autoconvencimiento de una supuesta superioridad moral por ser quienes dan trabajo al resto. Y que, en realidad, como personas, no son más que tipos demasiado empeñados en tener la razón, y que, como hemos visto a lo largo de los años, no están dispuestos a que se diga lo contrario.

¿Quieren realmente fortalecer el sistema que dicen defender o sólo quieren salvar su pellejo a costa de lo que sea para volver, en unos años más, a la misma instancia y así, una y otra vez, se vuelvan a vivir momentos como éste? No sé si quisieran que sucediera lo último, pero parece que no les molestaría. Todo indica que sus ansias de jugar al límite, siempre bajo el ethos del mercado y corriendo al borde de la legalidad, es algo que les parece más importante incluso que la defensa de su ideología.

Es decir, pareciera que creen que su modelo de negocios se defiende solo. Al saber que la salud pública está debilitada, entienden que lo único que queda es sentarse con ellos infinitas veces y lograr un acuerdo hasta el fin de los tiempos.

¿Tienen razón? Así como está la cosa, sí, ya que no parece haber otra alternativa que hacer esto una y otra vez, sin que las isapres tengan la más mínima razón para replantearse, y sin que haya tampoco voluntad política para preguntarse qué se hace con el sistema público. Pero más importante aún: sin que haya un trabajo para que lo público no siga siendo mirado con desdén.

Hay muchas preguntas que hacer. Y me atrevería a decir que, en estas circunstancias, más que cuestionarnos o no la desaparición del sistema privado de salud, deberíamos preguntarnos cómo en Chile éste está en manos de sujetos caprichosos que hacen y deshacen sin un poco de prolijidad y sin la más mínima presión regulatoria para que hagan funcionar bien eso que defienden. Y con bien no me refiero sólo a la calidad de la atención, sino a no cobrar más de lo que deben.

Podría en este texto haber hecho una apología del sistema público, que me resulta esencial en toda democracia para darle certezas a los ciudadanos; sin embargo, me parece mejor bajar un poco el discurso y poner en entredicho lo que existe ahora. Y lo que hay son capitalistas ensimismados, tipos que creen ser grandes gestores del desarrollo nacional y que, realmente, salvo excepciones, son mercachifles de cuarta que no son ni siquiera capaces de hacer rentable su negocio.

Francisco Méndez
Francisco Méndez
Analista Político.

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