Opinión

La condición laboral de migrantes forzados en Chile

“Las almas quedan perdidas bajo una neblina del anonimato, fuera de la protección institucional, en un país que los invitó a residir, viviendo sus íntimas tensiones, producto de la anemia política también; país que hizo la vista gorda a la corrupción, la que se agrietaba cada año, no actualizando sus políticas públicas para el beneficio de la sociedad bajo consignas como derechos sociales y ambientales, y el cual vivía privatizándolo todo con la marca del Neoliberalismo”.

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Imagen referencial / Agencia Uno

Rodolfo Hlousek es Dr. (c) en Comunicación, universidad de La Frontera y Universidad Austral de Chile.


Quienes arribaron a Chile por razones de fuerza mayor, han debido adaptarse a una sociedad receptora, con características sociales y culturales, diferentes, así también en lo legislativo y geográfico. Este tipo de migrantes, en su tipología sociológica, son los denominados migrantes forzados, quienes buscan horizontes laborales, no importando sus géneros y credos; la urgencia es resolver los problemas económicos y de este modo ayudar a sus familiares, quienes, en este caso, quedaron en el Caribe insular.

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Así, Haití queda en avión a diez horas de distancia, trecho no menor, para familiares quienes han tenido que enfrentar una crisis política y, en consecuencia, económica, y que a diario desestabiliza las condiciones laborales, la alimentación, la seguridad y las condiciones ambientales, producto de la corrupción administrativa de un Estado que aún no encuentra su rumbo, marcado no hace mucho por el asesinato del Presidente Moïse, factores que empujan a migrar a la población, al sur del mundo, buscando solo concretar el sueño cotidiano de la estabilidad.

Así, las almas, quedan perdidas bajo una neblina del anonimato, fuera de la protección institucional, en un país que los invitó a residir, viviendo sus íntimas tensiones, producto de la anemia política también; país que hizo la vista gorda a la corrupción, la que se agrietaba cada año, no actualizando sus políticas públicas para el beneficio de la sociedad bajo consignas como derechos sociales y ambientales, y el cual vivía privatizándolo todo con la marca del Neoliberalismo.

A este contexto llegaron olas de migrantes preparados técnica y profesionalmente y, otros, únicamente con las herramientas del esfuerzo, a un contexto crítico de humanidad y con los derechos humanos desactualizados del presente, entre otros temas, la legislación en materia de migración (fue tan así la ambigüedad en materia diplomática, que debieron muchos ser deportados).

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En este ejercicio genealógico de las condiciones de vida del chileno, la gubernamentalidad o el control de la población se les escapó de las manos -no creo en tal inocencia-, sino que más bien se justifican aún las peores condiciones laborales. Leamos el siguiente enunciado: “Dejar Haití normalmente es para buscar una vida mejor. Dejar Haití por el tema de la política, que no está bueno, es también para buscar una vida más mejor, por eso yo dejo Haití en el año 2016, para llegar a Chile”. 

Luego, la urgencia es resolver la residencia, como queda expresado: “Tengo que postular por una residencia (…) Tienes que tener un contrato de trabajo para postular, para tener una residencia definitiva”, nos dice quien llegó a la ciudad de Temuco el año 2017 desde Santiago. Posteriormente, nuestro invitado se dio cuenta que para tener salud requería tener trabajo, pero no cualquier empleo, sino aquel formalizado a poco tiempo de su arribo. Leamos: “Tienes que tener siempre Fonasa; es la primera palabra, Fonasa es súper importante acá en Chile. Porque cuando uno llega al hospital, esa es la primera palabra: ¿Tú estás trabajando? ¿Tienes Fonasa?”.

Así se van articulando las condiciones indispensables para vivir en Chile, se van dando cuenta que es el trabajo lo fundamental para contar con residencia, con una vivienda, o para recibir asistencia de la salud pública y ser parte del sistema de educación. Sin embargo, las circunstancias no son las mejores. Para hablar de las condiciones laborales de los inmigrantes haitianos puedo decir que es un poco difícil por la causa de los papeles, porque aquí para trabajar tú tienes que tener tus papeles al día y para conseguir papeles aquí es muy difícil, porque a veces uno consigue un carnet para dos a tres meses, algunos consiguen carnet para una semana y, cuando pasan ese tipo de cosas, es difícil para tener un contrato indefinido.

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Por lo que se lee, el trámite ante la oficina de Extranjería no es tan regular y cómodo de conseguir. Respecto a la estabilidad laboral, otro caso relata lo siguiente: “Yo varias veces le pedí, pero nunca, nunca, me da el contrato, y en junio de 2019, casi un año en ese trabajo (…) la señora nunca me quiso dar el contrato. Y después de diez meses, cuando ellos supieron que estoy embarazada, me dicen chao no más, eso es la peor cosa que me pasó acá en Chile”. 

Otro de los relatos describe: “Los haitianos están sufriendo de la discriminación en muchos trabajos, los haitianos no solamente por el color de su piel, también porque varios de ellos no hablan español, por eso en sus trabajos (…). los trabajos más duros, y ellos trabajan muy duro y no cobran mucho. Los están pagando como el sueldo mínimo o alguno de ellos que están cobrando menos que el sueldo mínimo. Ellos no hablan español, muchos de ellos no conocen la ley, por eso”.

No obstante, es mejor eso que nada, nos dice: “En vez de estar pidiendo en la calle es mejor que el trabajo sea malo, o duro, pero para ellos siempre es mejor hacer un trabajo que sea malo o duro, es mejor trabajar que estar pidiendo en la calle”.

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*Las fuentes usadas pertenecen a la tesis Migración forzada, racialización y nuevas subjetividades: análisis de la experiencia barrial como práctica descolonizadora de inmigrantes haitianos residentes en la ciudad de Temuco, región de La Araucanía.

*Rodolfo Hlousek Astudillo es escritor, periodista y licenciado en Comunicación Social, Dr. (c) en Comunicación de la Universidad de La Frontera y Universidad Austral de Chile. Ayudante de investigación del Proyecto Anillo “Converging Horizons: Production, MediatIon, Reception and Effects of Representations of Marginality” (SOC180045), Conicyt, Ministerio de Educación, Chile, Programa de Investigación Asociativa. 

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