Kissinger: Padre de los periodistas de Vitacura

El cinismo inmoral de la vieja escuela diplomática (Kissinger) ha abundado en las últimas horas, por la vía de nuestros matinales. Kissinger es el Rector semiótico de un indolente modelo comunicacional que no entiende que la “guerra fría” terminó como un “falsete” que ha significado nuevos dolores.
Matamala

La guerra y la verdad nunca son compatibles. Tras ello se sostienen las lecciones de Kissinger durante el año 2014, anticipando el conflicto entre Ucrania y Rusia. Para el caso chileno un tropel de periodistas, encabezados por el “liberalismo millennial” de Daniel Matamala -en post/perestroika- la decadencia de Matías del Rio (lo público/cariado) y la “imaginación Disney” de Paulina de Allende-Salazar responden al “capitalismo alegre” de una profecía vulgar. Todos fueron incapaces de comprender que las derrotas “versallescas”, y sus golpes de nacionalismos, se hicieron presentes una vez más en la Rusia de Putin. Y ello sin negar la agresión brutal de las tropas rusas, cuestión que vulnera la soberanía de Ucrania y la Carta de Naciones Unidas.

Todo comenzó cuando “Rómulo y Remo” -Gorbachov y Yeltsin en 1991- abrieron una humillación imperial que la OTAN no supo cautelar, sino que agudizó espantosamente un futuro belicista. El continente no tomó nota de las lecciones de la Alemania post-guillermina, ni de la crisis temporal de la dominante vertical que implica el Zarismo, a diferencia de los Sultanes del gobierno corrupto de Zelenski en Ucrania. El aprendizaje de los acuerdos post guerras napoleónicas se ha derrumbado en cuestión de semanas. 

La comunidad europea ha fomentado autocracias pro-occidentales políticas de exclusión, segregación cultural, vulnerando toda estabilidad continental que ha contribuido al pacto entre el Kremlin y Pekín. Todo un retorno a “La sociedad de las Águilas”.

En suma, la herencia de dinastías y modelos imperiales fue la antesala de sendos conflictos territoriales que postergaron la constitución de los Estados Nacionales, hundieron el iluminismo del siglo XIX, sedimentado futuros colectivismos que agravarían el desequilibrio geo-político de Europa continental. Pese a lo anterior, la deriva europea en el conflicto chino-americano ha llevado a Europa a la mejor experiencia turística, a las memorables Universidades, y a convertir a Rusia en el clivaje de la “seguridad europea”. 

Cual déjà vu, todos los sucesos mencionados hasta aquí forman parte de un conjunto de “agitaciones geo-políticas” donde las monarquías ancestrales –el summum imperial- colisionó con las “energías” del progreso ilustrado.

Pero hemos presenciado un retorno a sociedad de las águilas. A ello se suma la ausencia de consciencia historiográfica de nuestros “empleados cognitivos” (pactos mediáticos) que han respondido a los pactos corporativos -amos financieros- defendiendo a “raja tablas” una democracia de “baja intensidad” (caso chileno). Tal obsecuencia se hace extensiva al gobierno transformador de Gabriel Boric Font, en una posición que homologa sin más la rudeza de Putin al Gran “Oso Ruso”, a los maleficios de Gadafi, Hussein, cual film hollywoodense, o en el mejor de los casos algo de Woody Allen. Todo ocurre cuando prácticamente occidente ha cortado toda la transmisión desde Rusia, a sabiendas que es imposible “romantizar Moscú”. 

El cinismo inmoral de la vieja escuela diplomática (Kissinger) ha abundado en las últimas horas, por la vía de nuestros matinales. Kissinger es el Rector semiótico de un indolente modelo comunicacional que no entiende que la “guerra fría” terminó como un “falsete” que ha significado nuevos dolores. Vladimir Putin agudizó el escenario y hoy se desangra bajo el Tiktok. A la hora de negociar hace falta una fuerza que los aliados occidentales no tienen.

Por fin la comunidad europea se encuentra representada por la más triste generación desde 1945, no solo por no gozar de ningún proyecto social demócrata en los últimos 30 años, sino por expulsar a Rusia hacia Euro-Asia, los separatismos y abundantes nacionalismos. Y, sobre todo, por especular con la “melancolía imperial” de los Romanov o Pedro El Grande, y aventurar que todo se esfumaría de la historia, a sabiendas de las mafias, la pobreza y la prostitución que afectaría el autoritarismo de La Duma. Pero los periodistas de Vitacura se niegan a cuestionar las bases militares de Estados Unidos en el Reyno de Chile. Por estos días nuestros lacayos mediáticos abundan en justificar una rusofobia que agudiza el analfabetismo de nuestra capitanía. 

Pero es imposible invocar algún curso de Edward Said.

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