martes, julio 23, 2024

Kissinger – La impunidad del imperio estadounidense

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Hoy se murió Henry Kissinger a los 100 años de edad. Eso me hace pensar en las palabras de Menandro, uno de los grandes dramaturgos de la Grecia Antigua, “Aquel a quien los dioses aman, muere joven”.

Kissinger con sus 100 años fue amado más bien por los diablos. Asesor del presidente Nixon, amigo personal de Hillary Clinton, consejero de la Casa Blanca en gobiernos de todo color político, siempre creía que la defensa de la democracia estadounidense requería apoyar las dictaduras y las violaciones de derechos humanos en el extranjero.

Lo conocemos bien en Chile. Cuando Allende ganó la elección de 1970 Kissinger declaró “no podemos permitir que un país se vuelva comunista por la irresponsabilidad de su electorado.” En grabaciones posteriores reconoció explícitamente que aunque no había organizado el golpe de Estado directamente sí dio la orden para crear las condiciones que lo hiciera posible.

El mismo año del golpe, 1973, le dieron el premio Nobel de la Paz. Darle un premio de paz a un criminal de la guerra supera la sátira dijo el cantautor y comediante Tom Lehrer, quién se retiró de la comedia por eso.

En estricto rigor le dieron el premio Nobel a Kissinger junto con el líder vietnamita Le Duc Tho por negociar los Acuerdos de París que terminaron con la Guerra estadounidense contra Vietnam.

Pero fue diferente que otras veces cuando dieron un nobel a dos partes en un conflicto. En 1994 le dieron el premio al líder palestino Yasir Arafat y al israelí Isaac Rabin (junto con Simon Peres) y en 1998 al líder irlandés católico John Hume y el líder protestante David Trimble también porque abrieron procesos de paz.

Pero en el caso de Kissinger le dieron el premio a una persona que había estado a cargo de la estrategia del recrudecimiento de una guerra. En la así llamada “operación Menú” Kissinger personalmente autorizó el bombardeo de fuerzas vietnamitas en Camboya, sin el permiso del congreso estadounidense. 150.000 personas murieron en esta escalada antes de que Kissinger tuviera que tirar la toalla y negociar la paz.

En realidad el prontuario sangriento de Kissinger es mucho más largo que Vietnam y Chile. Según Greg Grandin de la Universidad de Nueva York aproximadamente 3 millones de personas murieron en conflictos apoyados y exacerbados por Kissinger.

En la guerra de independencia de Bangladesh en 1971 el ejército de Paquistán occidental violó a mujeres como estrategia militar y cometió un genocidio de 500.000 personas. El consul estadounidense en Dhakar, Archer Blood, mandó telegramas desesperados pidiendo que Washington presionara a Paquistán a frenar la matanza. Kissinger dijo que no, porque quería usar Paquistán para acercarse a su aliado china para debilitar Rusia. El juego de ajedrez geopolítico importaba más que las vidas humanas.

4 años después, en 1975, Kissinger se juntó con el sangriento dictador anticomunista de Indonesia, Suharto, y le dio la luz verde para su invasión de la isla de Timor del Este. El mismo mes de la reunión, Indonesia ocupó la isla con un saldo adicional 200.000 muertos. Una vez más el juego geopolítico por sobre las vidas.

Pero, ¿por qué Kissinger justificó tanta violencia? ¿Tantos muertos? Hay que recordar que nació en Alemania, y a los 14 años tuvo que escapar de los nazis y gran parte de su familia se murió en campos de concentración.

Hajo Meyer, un sobreviviente de Auschwitz, físico y activista por los ddhh, habla de la “re-traumatización secuencial” de los judíos. Frente al más terrible trauma, tú puedes responder con empatía a todas las demás víctimas de violencia, o con tanto miedo que tomas el rol de victimario para nunca más ser víctima.

Ese segundo camino lo tomó Kissinger. En 2023, el año de su muerte, viendo las protestas en Alemania contra la masacre en Gaza, Kissinger dijo que fue un error que Alemania haya permitido la inmigración de tantos musulmanes, gente de una cultura y religión tan diferente que la alemana. Pero en 1937, cuando Kissinger se fugó de Alemania, los nazi atacaban a los judíos del Este por tener una cultura y una religión tan diferente que la alemana. Entonces, Kissinger, en el año de su muerte, había dado la vuelta completa.

Literalmente, él se transformó en el mal que alguna vez quería combatir

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