Jueves, Mayo 23, 2024

Giorgio: el propagandista del ‘Rechazo’

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a la Revuelta, a los que solo buscan invocar su crimen…

En las últimas horas el ministro Giorgio Jackson, en alianza con la Concertación y un sector de la derecha, terminó de develar la histeria de la gobernabilidad. Una vez que cayó la lírica y los napoleones huyeron, no es posible reeditar ninguna épica de las militancias. Bajo el martillo del realismo, Jackson Drago fue al confesionario de Marcel, y devenido en un “propagandista fugaz” del Rechazo, abundó en una sobrevaloración soterrada del mismo -inédito pragmatismo- jugando el rol de la “neutralidad valorativa”, pero haciendo equivalente la disputa hegemónica entre Apruebo y Rechazo (¿empate técnico ante la encuesta viciada y el boicot empresarial?).

En su calidad de artífice, Jackson terminó de aislar la Convención, encapsular todo en cálculos y devastar “lo político”. Invocando el verbo de la dominación, el plebiscito de salida deja de ser una oportunidad. Ni qué hablar de algún comando o plataformas por el Apruebo: todo oportunismo es posible. Y en la medida en que Boric Font siga cayendo en las encuestas (20% en un mes), algunas más inoculadas que otras, se hace evidente que hay una sola cosa que no es posible hacer: el oficialismo no debe, ni puede, salvo con absoluto esmero, establecer apoyos públicos y prescindir de la mayor sobriedad emocional a la campaña del Apruebo. Tal es la tragedia que devela el ministro Jackson. Apruebo Dignidad y la Convención se encuentran en medio de la grieta. 

Lo más nefasto para el Apruebo (que pese a todo se impondrá en septiembre) es que el gobierno democrático, especialmente los diputados del FA, aparezcan muy vinculados a la Convención. Bajo tal aporía es fundamental mantener una consistencia política, reducir los vacíos estratégicos, quizá apoyar de modo intenso y sibilino, y después de un tiempo disputar la legitimidad que implicará el nuevo texto constitucional -en su operatividad-.

Quizá, figuras del talento intuitivo de Camila Vallejo podrían entender la concavidad del apoyo y la delicadeza de la operación política -y evitar caer como un “peso muerto”-. Pero Camila, amén de su talento, no vive sus mejores horas. También existe el riesgo de un populismo mediático y que en la hora nona el Gobierno decida visitar los territorios en nombre del Apruebo, emplazando el espantoso conformismo burocrático. Ello sería el despeñadero, porque el desborde heredado de Piñera y agravado por el quiebre entre política institucional y vida cotidiana, implicará la pedrada y una emenización más contra la revuelta (2019). Luego vendrá la compleja puesta en práctica de la nueva Constitución, la interpretación de cada artículo en medio del “forcejeo interpretativo” y todo un campo de implementación que implica una gestión política que no existe. 

Y en medio de un Presidente que más allá del retrato de “Social demócrata radical”, al decir de la prestigiosa Chantal Mouffe, hoy figura como un “Socialista Romántico” que se estrella con los límites de la economía política. El Gobierno de Apruebo-Dignidad, pero en especial el FA, no puede resolver la expansión que implica la política hegemónica (heterogeneidad de demandas) sin abandonar su base identitaria. He aquí el quid de un ancestral dilema de la concitada teoría hegemónica. 

Con todo, el FA entiende que el estatuto horizontal de la protesta social contra el sistema de AFP -Marcel y la soberbia de la técnica- representa una demanda central que debe ser aborrecida para aumentar en realismo y ganar un caudal de legitimidad elitaria. De un lado, esto se refiere a obviar la extensión de demandas ciudadanas por la vía de una lucha central con distintos agenciamientos de sentido (¡No + AFP!) y, de otro, alude a la identidad política que debe vertebrar de modo más vertical la orientación de estas demandas: el «Frente Amplio» se enfrenta a un dilema trascendental.

Si asumimos este desafío desde el punto de vista de la extensión de las demandas insatisfechas –poli/clasistas y horizontales-, puede ser un recurso interesante abrazar una heterogeneidad de reivindicaciones insatisfechas, pero si lo abordamos desde la perspectiva de la densidad, el FA hipoteca prematuramente su vigor ideológico por la necesidad de articular un acervo general de demandas cada vez más gestionales y burocráticas que, a poco andar, podrían terminar de diseminar su identidad. Se trata de dos momentos fundamentales de la política hegemónica; horizontalidad y verticalidad forman parte de una compleja articulación, pero un desliz gramatical (¡ciudadanos sí, zurdos no!) puede resultar fatal si los ideológicos del FA no resuelven con cierta creatividad una tarea que forma parte de los desafíos primarios de una agenda transformadora.

Por fin, no está demás recordar los sucesos del año 2011. Hoy debemos subrayar con mayor perseverancia que lo sucedido aquel año respondió a una reactivación del “reclamo social”, y en ningún caso a un “movimiento derogante” contra la dominante neoliberal. El año 2011 no hubo lucha de clases, sino modernización corregida y una comunidad de heraldos angustiados. Con todo, la dirigencia del Frente Amplio persiste en argumentar que se trató de un cuestionamiento ontológico o estructural a los cimientos materiales, simbólicos y culturales del Chile neoliberal. Pero de bruces cayó la razón técnico-gestional desde Hacienda y se impuso en el quinto retiro imputando que la inflación responde a un exceso de retiros. 

Por fin, y cuando la “galera tuitera” no dice demasiado, qué izquierda tenemos si no existe política afirmativa, salvo la perezosa incapacidad para cuestionar creativamente a las AFPs y a los grupos económicos que han disparado la inflación. Son los días grises del gobierno transformador.

Temuco, calle Trizano.

Mauro Salazar J.
Mauro Salazar J.
Investigador del centro internacional de Estudios Frontera y Doctorado en Comunicación, UFRO/UACH.

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