lunes, julio 15, 2024

El fútbol y las elecciones en Francia: Bajo el cemento también había pasto

Los futbolistas-ciudadanos de la selección francesa que, desde los resultados favorables de la derecha fascista en la primera vuelta, no dudaron en alzar la voz y comprometerse con la defensa de los derechos sociales, siempre encabezados por su capitán Kylian Mbappé.

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Parafraseo el título del segundo capítulo del maravilloso texto del español Quique Peinado, “futbolistas de izquierdas”, apartado que versa sobre los movimientos sindicalistas de la pelota y su nexo histórico con mayo del 68´. Se titula “En el mayo del 68, bajo los adoquines también había césped” precisamente porque rememora la anécdota de que, ante el uso de los adoquines de la ciudad como proyectiles de autodefensa, entre el pueblo se comentaba que “bajo ellos estaba la playa”.

Es que los resultados de las elecciones de este domingo nos invitan nuevamente a visitar nuestra morada predilecta: la reflexión sobre el rol social de lxs deportistas y su necesaria vinculación con lo que pasa fuera de las líneas de cal. 

Con una participación del 66%, el mayor número de escaños lo obtuvo la alianza de izquierda Nuevo Frente Popular, con 182; el partido centrista de Macron obtuvo 163 y el partido de ultraderecha 143.

El NFP es una alianza de socialistas, ecologistas, comunistas y La Francia Indomable. Han propuesto derogar las nefastas reformas de pensiones e inmigración aprobadas por el gobierno, crear una agencia de rescate para inmigrantes indocumentados, facilitar las solicitudes de visa, poner límite al precio de productos básicos para combatir el costo de vida y aumentar el salario mínimo. 

Estos partidos -pese a sus diferencias- decidieron formar un bloque para mantener al extremismo fuera del gobierno. 

Lo mismo hicieron los futbolistas-ciudadanos de la selección francesa que, desde los resultados favorables de la derecha fascista en la primera vuelta, no dudaron en alzar la voz y comprometerse con la defensa de los derechos sociales, siempre encabezados por su capitán Kylian Mbappé. El reciente fichaje del Madrid dio cátedra de compromiso social en una recordada conferencia de prensa y hace pocos días bromeó -y valoró- la ubicación (en la extrema izquierda) de un reportero en la sala de entrevistas.

El alivio Koundé, la defensa por la diversidad de Thuram y la exclamación de Tchouaméni: “¡La victoria del pueblo!”, nos demuestran, sumado a lo de Bielsa ayer, que no todo está perdido. 

“Futbolistas rabiosos”

Así fue denominado por la prensa lacaya un grupo de futbolistas franceses que el 22 de mayo de 1968 tomó la sede de la Federación Francesa de este deporte. Se organizaron bajo el nombre de “Comité de Acción de Futbolistas”. Redactaron un manifiesto con demandas laborales y colgaron los históricos lienzos: “El fútbol para los futbolistas” y “La federación propiedad de los 600.000 futbolistas”.

A ese proceso le antecede la lucha llevada a cabo por el legendario “Kopa”, jugador hijo de un minero polaco que tantas alegrías le dio al escudo del gallo. El futbolista fue suspendido 6 meses debido a un artículo que escribió titulado “Los futbolistas son esclavos”. El mismo Kopa, junto al histórico Just Fontaine, apoyaron años después la rebeldía del Comité de Acción.

Y así encontramos muchos ejemplos de consecuencia por la defensa de los derechos laborales, del fútbol ante el mercado y de las libertades políticas ante los autoritarismos.

Desde la gesta contrahegemónica de Sócrates de Oliveira y la Democracia Corinthiana, la patada antifascista de Cantona, hasta el no saludo de Caszely al tirano Pinochet y su réplica contemporánea de Bielsa a Piñera.

Hoy, guardando proporciones propias de la sociedad líquida, la posta la tomaron los jóvenes migrantes de la selección azul. Jules Olivier Koundé viene de una familia proveniente de Benín (oeste de África); Aurélien Djani Tchouaméni desde Camerún y Marcus Lilian Thuram Ulien nacido en Francia -padre proveniente de El Caribe- que lleva su nombre como homenaje al activista de la causa negra Marcus Garvey (uno de los propulsores de la ideología rastafari, aunque no exento de críticas por su mirada más elitista de la cultura Afro).

Estas jóvenes figuras nutren a la selección gala de triunfos, pero también -a su modo- de conciencia de clase, tal como lo hizo la camada de migrantes del mundial 1998 (recomiendo el documental “Les bleus 2018”). Lo hacen con valentía y sabiendo utilizar su posición mediática:

Marcus Thuram dijo ayer: “Felicitaciones a todos aquellos que respondieron al peligro que se cernía sobre nuestro hermoso país. Viva la diversidad, viva la República, viva Francia. La lucha continúa”. Jules Koundé secundó: “Felicitaciones a todos los franceses que se movilizaron para que este hermoso país que es Francia no se encuentre gobernado por la extrema derecha”.

Estos futbolistas entendieron, tal como sus antecesores del 68´, que como reza un rayado en una pared parisina en medio de las celebraciones: “la izquierda no es perfecta, pero la izquierda no es fascista”.

Ante la barbarie, decir para no ser cómplices

El alza mundial de la ultraderecha no es una novedad. En nuestra cancha y en las europeas el conservadurismo autoritario está teniendo cada vez más presencia. La derecha nacionalista, por ejemplo, no tenía representación en el poder legislativo en varias naciones donde hoy ya son parte de la normalidad institucional: es el caso del VOX en España, país que era uno de los últimos del viejo continente en los que la extrema derecha no tenía participación parlamentaria. Ahí, Abascal y su partido logró 24 diputadxs pese a estar abiertamente contra el aborto en casi todas las causales, querer abolir el sistema descentralizado en España, eliminar los parlamentos y los gobiernos autonómicos, expulsar inmigrantes sin papeles, acabar con la ley de violencia de género y reducir al máximo los impuestos.

Se suman al caso de Italia con el Partido de la Liga Norte que en sólo cinco años y bajo la dirección de Salvini (como ministro del Interior prohibió que el barco de rescate de migrantes en el Mediterráneo Aquarius, que llevaba 629 personas a bordo, pudiera hacer puerto en alguna ciudad italiana) hoy es el tercer partido de Italia según las elecciones generales de 2018. En Hungría el ultranacionalista Viktor Orbán transita su tercer mandato con un rotundo discurso anti inmigración.

Al mismo tiempo, en Alemania, los líderes de “Alternativa por Alemania” (AfD) han sido acusados de minimizar las atrocidades cometidas por los nazis y su éxito electoral es interpretado como una señal de descontento con la política de puertas abiertas a los refugiados de la canciller Angela Merkel. La formación de este último conglomerado, pertenece a la misma familia política que el Partido por la Libertad austriaco, el Partido por la Libertad holandés y, lo más interesante, que el recientemente derrotado Partido de Agrupación Nacional en Francia.

¿Cómo se contrarresta esto?, alzando la voz con unidad, luchando colectivamente por humanizar el fútbol, las gradas, las calles y la vida. Exigiendo a lxs referentes culturales que no callen: ¿se imaginan a Messi hablando de la catástrofe que implicaba que Milei fuera presidente o a Alexis Sánchez alentando a que participemos en las elecciones para que no avance el nefasto Partido Republicano? Hubiese sido hermoso.

Ninguno de los tres jugadores franceses ha visto “entorpecido” su rendimiento o concentración en la Copa por darse el tiempo de mirar fuera del campo y decir lo que piensan. Lo mismo el querido Loco, que horas antes de una histórica victoria ante los pentacampeones, se detenía a hablar del fútbol (y mundo) que necesitamos cuidar. Tener las agallas y el tiempo de pensar la realidad es una exigencia ética, de lo que no hay que distraerse es precisamente de aquello.

Necesitamos compromiso con el juego bonito, pero también con la comprensión de que sin dignidad popular no hay deporte que valga la pena ver o jugar.

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