Viernes, Junio 14, 2024

Columna de Rodrigo Karmy Bolton: Hacer Nada, el problema de la acción política

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En 1943 Hannah Arendt escribió un pequeño texto titulado Nosotros, los refugiados. En él, Arendt critica cómo los judíos alemanes forzados a vivir en otros países en calidad de “refugiados” intentaban asimilarse al nuevo país lo más rápido posible para no ser identificado a la figura del judío y el “refugiado”: “En lugar de luchar –o de pensar en cómo devolver los golpes- -sostuvo Arendt- los refugiados nos hemos acostumbrado a desear la muerte de amigos o parientes.” La clave de este pasaje reside en el problema que acongoja a Arendt respecto de los judíos y que constituirá uno de los hilos conductores de toda su obra: la cuestión política. ¿Por qué los judíos preferían “desear la muerte de amigos o parientes” en vez de “luchar”? Pregunta ruda y a la vez profunda, problema que exigirá “pensar la política” como premisa de todo su trabajo.

En los pasillos, las esquinas, los cafés –aquellos que aún conservan algo de vida- o en los espacios más íntimos de las amistades que fueron derrotadas en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022 se escucha decir, una y otra vez, “no se puede hacer nada”. Todo parece estar clausurado, el golpe oligárquico se ha consumado y ninguna fisura parece abrirse en el horizonte. Más aún, los acontecimientos de las últimas semanas relativos a la “agenda de seguridad”, en realidad se ha mostrado no como una pieza menor al interior de la configuración del nuevo pacto oligárquico, sino como su soporte más decisivo: será la policía la que terminará por justificar una Nueva Constitución. A su vez, el agotamiento impera, nadie quiere ni puede, en rigor, hacer nada. La impotencia campea lo que el léxico portaliano denominaba “el peso de la noche”.

Los partidos políticos de izquierda están totalmente paralizados, e incluso entusiasmados de la posibilidad que repiten como mantra de, por fin, terminar con la “Constitución de Pinochet”, y se han subido con júbilo, a la marcha oligárquica del “Acuerdo por Chile”. Si en la campaña del Apruebo gestaron una publicidad mimética respecto de la de la derecha, enfatizando el “orden” (lo que supuestamente la “gente quería”) y así perdieron, en la nueva campaña por consejeros constitucionales vuelven a replicar el mismo “error” y elaborar una publicidad que no cambia un ápice el discurso de la derecha: la agenda de seguridad.

Basta ver la publicidad del Partido Comunista que ha arriesgado perder su dignidad histórica en un mísero cartel de mala propaganda a favor de la “seguridad”. En cualquier caso, el punto decisivo es que el oficialismo del progresismo chileno se parece mucho a los “judíos refugiados” caracterizados por Hannah Arendt: en vez de luchar y actuar políticamente, permanecen en el fango de la parálisis y se han acostumbrado a “desear la muerte de amigos o parientes”. Por supuesto, no se trata de la muerte literal de “amigos o parientes” como señala Arendt, pero sí, de la muerte realmente decisiva en la actual escena: la muerte política. La destrucción incontestable del sector, el hecho de que pervive la percepción de que nadie desde las izquierdas puede hacer nada. Y si no puede hacer nada, simplemente, significa que no se existe políticamente. Constatar este asunto resulta un paso decisivo si lo que se pretende es ir más allá de la paradoja de cómo es que la agenda neofascista logró imponerse en medio de un gobierno progresista: justamente, ello constata que la izquierda –incluso siendo gobierno- está hace demasiado tiempo, políticamente muerta y que, si bien es capaz de ganar elecciones, es incapaz de hacer política.

Quizás, el problema de la derecha es al revés: no pueden ganar elecciones, pero sí son capaces de imponer su política. Aunque estoy seguro que, después de la elección de consejeros constitucionales a celebrarse el próximo 7 de mayo de 2023, esta última afirmación será totalmente desmentida: la derecha triunfará en sus consejeros y obtendrá su Nueva Constitución mientras al progresismo no le quedará más que celebrar el “triunfo de la democracia”.

Rodrigo Karmy
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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