¿Cadem o Time?

Boric representaría- o al menos debería representar- algo diferente a esas dos definiciones. En el texto se destaca la forma en que combina la responsabilidad fiscal y otras ideas como la economía sustentable hacia el futuro, y por supuesto el horizonte de un Estado que garantice derechos sociales. O sea, una reformulación de una socialdemocracia nutrida de una rigurosidad fiscal presente, sin ser un dogma, pero no por eso desatenderla al momento de realizar grandes cambios.
Foto: Agencia Uno

En la reciente edición de la revista Time el presidente Gabriel Boric salió entre los 100 personajes más influyentes de la actualidad. La primera autoridad del país compartió protagonismo con otros líderes mundiales que representan diversos intereses y posiciones en el planeta, como Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Xi Jiping, quien encarna todas las instituciones en la República Popular China, entre muchos otros.

Como suele suceder en casos como estos, adversarios y partidarios de Boric miden la importancia de esta publicación según su grado de aprecio o desprecio hacia la figura presidencial. Unos prefieren quedarse en lo que la cotidianidad de las encuestas muestra casi a diario sobre el respaldo a su gestión, poniendo énfasis en lo rápido que ha caído en estudios como Cadem, mientras otros encuentran mejor quedarse con el simbolismo que representa Gabriel Boric para la revista norteamericano.

En esto último sería bueno hacerse un par de preguntas. Y tal vez la principal es qué representa Gabriel Boric. Si es que nos detenemos en las frases repetidas una y otra vez, podríamos decir que es quien puede llevar a cabo una superación del neoliberalismo, el recambio generacional luego de muchas-tal vez demasiadas para algunos- décadas de padres de la patria transicional y sus hermanos chicos tontos, esos que no hicieron nada realmente importante, pero vivieron de lo que otros, bien o mal, hicieron. (En la cultura concertacionista está repleto de ellos, incluso aparecen diariamente dándole clases de gobernabilidad al presidente, como si hubieran tenido alguna relevancia real en el pasado).

Sin embargo, en el citado medio internacional lo que se destaca es algo más profundo y que debería ser -si no lo es- el horizonte a mediano plazo de esta administración. Me refiero a la superación no sólo del capitalismo tardío y sus vicios, sino también de los viejos códigos bajo los que se mueven las viejas izquierdas, ya sea las autodenominadas socialdemócratas o las que prefieren situarse más a la izquierda. 

Cuando digo que hay izquierdas “autodenominadas” socialdemócratas es porque parece importante comenzar un debate a futuro sobre la base de hechos y no convenientes remodelaciones del pasado. Si bien los llamados “30 años”, como todo proceso histórico, tiene luces y sombras, oportunidades perdidas y otras que simplemente no se quisieron aprovechar, lo que no hubo fue socialdemocracia.

La Concertación, salvo algunas reformas importantes al comienzo de la posdictadura, y luego en materia institucional con la mal explicada reforma de Lagos, se refugió en la concepción que tuvo de sí misma, confundió la excesiva adoración por la responsabilidad fiscal con la responsabilidad democrática, y dejó a Keynes olvidado creyendo que el crecimiento del 7% de los noventa (entre 1990 y 1998 exactamente) era todo lo justo y necesario para desarrollar una sociedad.

Por otro lado, cuando me refiero a quienes quieren situarse más a la izquierda de lo que fue el concertacionismo, me refiero a un sector que en el comienzo del 2000 renovó símbolos, sacó a Simón Bolívar del cajón del recuerdo, dándole una nueva interpretación, y trató de crear algo nuevo sin hacer nada realmente novedoso. Esta izquierda gusta echarle la culpa a los adversarios hasta de los errores propios, porque cree que el camino a recorrer y el objetivo a lograr son tan virtuosos, que no hay error-u horror- que no sea justificable.

Boric representaría- o al menos debería representar- algo diferente a esas dos definiciones. En el texto se destaca la forma en que combina la responsabilidad fiscal y otras ideas como la economía sustentable hacia el futuro, y por supuesto el horizonte de un Estado que garantice derechos sociales. O sea, una reformulación de una socialdemocracia nutrida de una rigurosidad fiscal presente, sin ser un dogma, pero no por eso desatenderla al momento de realizar grandes cambios. Todo esto, le agregaría yo, al ritmo de los tiempos, es decir sin el protagonismo de los antagonismos de antes, sino con muchos otros que logran ocultar uno transcendental que cruza toda sociedad capitalista.

Pero, ¿cómo conversa todo esto con el presente inmediato? ¿Cómo se pueden unir las expectativas y el fuerte peso simbólico que, valga la redundancia, pesa sobre Boric, con lo coyuntural?

Para decirlo en simple- y sin darle tanta importancia real a la encuesta-: ¿cómo conversa Cadem y todos esos estudios similares que quieren medir, muchas veces interesadamente, el actuar diario de una administración con la proyección política de La Moneda? Bueno, sencillo: haciendo política. Pero, ¿cómo se hace política con una ciudadanía tan dispersa y con tantos intereses a la vez, y que muchas veces baila al son de la pauta de la encuesta citada? Es complejo. Hoy más que nunca, poder unir lo contingente con lo que se puede, en el futuro, llegar a ser. Pero en eso consiste gobernar hoy en día.

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