Lunes, Junio 17, 2024

Artes y archivos: procesos constituyentes y trayectorias de los derechos

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Constanza Alvarado, Doctoranda en Comunicación de la Universidad Austral y Universidad de la Frontera de Chile. Colectivo ARDE.

El reconocimiento de la actividad artística en Chile como trabajo y consagración de los derechos en el campo de las artes escénicas es una materia que ha pulsado fuerte en estos días, incluyendo a sus actoras y actores. Recientemente se han aprobado, no sin fricciones importantes, artículos en esta materia que pasarán a formar parte del borrador de la “Nueva Constitución”. Dos de ellos son fundamentales, los Derechos de Autor y la Libertad de Creación y Difusión de las Culturas y las Artes. Uno de los debates más bullados ha girado en torno a la inclusión de la propiedad intelectual que busca proteger los derechos morales y patrimoniales de los(as) creadoras (es), cuestión que implica la distinción de la producción artística y cultural, la afirmación de su especificidad y una resistencia a ser considerada como cualquier otra propiedad. Un nuevo estatuto de la propiedad centrada en una relectura de lo in-material abre el espacio para una nueva cultura democrática.

El proceso constituyente chileno ha abierto un espacio para seguir avanzando en la disputa por los derechos fundamentales para el sector artístico y cultural. Ahora bien, la consagración de tales derechos inscribirá en la nueva carta magna -material, discursiva y simbólicamente-, las múltiples reivindicaciones que artistas, cultores y organizaciones de este ámbito de la sociedad han sostenido por años para robustecer su actividad y reforzar el valor de su presencia y su saber-hacer.

Dos artículos recientemente publicados en medios digitales, uno de autoría de Bárbara Negrón (Observatorio de Políticas Culturales, OPC) y el otro de Eduardo Carrasco (músico, fundador de Quilapayún y docente de la Universidad de Chile), repasan en un sentido histórico los avances en materia de derechos del sector de las artes y las culturas en Chile y fundamentan por qué los “derechos de propiedad intelectual” deben quedar consignados en el nuevo texto constitucional, de modo de no retroceder en esta materia sino más bien seguir ampliando el espacio para las y los trabajadores.

En un orden marcado por la “dominante neoliberal” que bajo la oposición ocio-negocio absorbe la actividad humana bajo los parámetros de “indicadores de productividad”, la disciplina y el consumo como episteme gestional, el valor de las artes -el trabajo de las y los artistas- es permanentemente cuestionado y precarizado. Basta recordar que hace un año la propia Ministra de Estado de la cartera señaló en medios -agravando la indigencia simbólica- que “un peso que se ponga en cultura es porque se deja de colocar en otro programa o necesidad de los ciudadanos”, negando los derechos al mundo de los (as) artistas. De paso dejó en una situación desmedrada la dimensión creativa, imaginal de la ciudadanía, agravando la precarización de la creatividad en nuestro proceso de transformaciones.

Bajo el modelo rentista y managerial, “lo contiguo”, “lo inmediato”, “lo fáctico” y “pre-crítico” adquieren un protagonismo fundamental en desmedro de las artes, muchas veces confinadas como “adornos” sociales. Ergo, han sido concebidas “difusamente como actividad laboral”, en palabras de Remedios Zafra. Y es que, siguiendo a la autora, las dicotomías entre dinero-saber, interés comercial-interés cultural, creación mundana-espiritualidad, nos hacen pensar que la “creación se hace aislada del mundo material” cuando sabemos que lejos de tal “abstraccionismo” las artes están atravesadas por diagramas de sentido y cotidianidad: el trabajo, el dinero, los espacios que habitamos, nuestros cuerpos y deseos.

A modo de ejemplo, desde el 2017 el Colectivo ARDE ha ido dando forma a una plataforma en red que busca contribuir a la valoración, visibilización y construcción de “memorias, narrativas” y evidencias en torno a los procesos de creación y trabajo de artistas y agrupaciones. Movilizadas por la comprensión de la memoria como un campo de batalla e intersecciones y no como un compartimento estanco (Nelly Richard), se ha trabajado en conjunto con las y los creadores en la generación de colecciones digitales que, a través de la puesta a disposición pública de documentos -afiches, cuadernos de proceso, fotografías, informes financieros, cartas, audios, entre otros-, dan cuenta de la densidad de los procesos de creación. Así podemos reconocer el laborioso espacio creativo de compañías teatrales, y colectivos que evidencian la producción de conocimiento y experiencia que este sector pone en movimiento, su anclaje en lo común, en la corporalidad, en el pensamiento crítico, la incertidumbre, la errancia y los afectos.

En el caso del Colectivo ARDE cabe consignar otros nudos. Participamos junto a otras agrupaciones de una investigación activa y común que tiene como horizonte propiciar la construcción de archivos procesuales y la producción de documentos que potencien la generación de “narrativas diversas” en torno al quehacer y experiencia artística. De esta forma nos interesa conjuntamente contrarrestar la centralidad de los archivos institucionales y, en especial, de los discursos hegemónicos (adultocéntricos) que precarizan a aquellas/os artistas y grupos que han permanecido al margen del oficialismo cultural y de los paradigmas visuales y estéticos de las élites.

Destacamos el proyecto Teatro y Memoria Concepción, resultado del levantamiento de testimonios y documentos sobre el quehacer del teatro en el Bío-Bío y de las vidas que resistieron por medio de él durante la última dictadura en Chile; NICE, Núcleo de Investigación y Creación Escénica, con su investigación y publicación “Evidencias. Las otras dramaturgias”, sobre el trabajo de mujeres dramaturgas del siglo XX en Chile; el Centro de Creación y Residencia NAVE que inauguró recientemente un archivo digital que difunde su actividad artística centrada en la investigación y experimentación en torno a las/los cuerpas/os; La MAE, la Memoria de las Artes Escénicas de Costa Rica, proyecto sostenido por un equipo de mujeres dedicado al almacenaje, la preservación y difusión de los documentos escritos, gráficos, fotográficos y audiovisuales de actividades escénicas de este territorio; por nombrar algunas agrupaciones amigas. Sumamos también la labor fundamental que un grupo de investigadoras y docentes chilenas se encuentran realizando con el proyecto Catastro Nacional de Archivo de Artes Escénicas con el fin de hacer patente la necesidad de generar políticas públicas para el archivo y la memoria en torno a las artes escénicas en Chile.

Tras esta sinopsis y a través de un nuevo proyecto de investigación que presentaremos prontamente, nos sumamos a la insistencia por la reivindicación de los derechos del trabajo de mujeres artistas que, al igual que en otros sectores sociales, han sido escasamente atendidos. Para ello, nos vinculamos con un grupo de mujeres de las artes escénicas que cuentan con trayectorias diversas y que han incursionado en múltiples oficios de la escena: Margarita Poseck, Ana María Cabello, Ximena Schaaf, Claudia Rosales, Patricia Campos y Marcela Cornejo; actrices, dramaturgas, directoras, bailarinas, coreógrafas y pedagogas, todas ellas residentes en Valdivia; Catalina Devia, Montserrat Catalá y Amaya Clunes, diseñadoras teatrales de distintas generaciones; Ana María Allendes y Paulina Beltrand, actrices, titiriteras y agentes culturales de Santiago y Valparaíso respectivamente; y a la poeta, dramaturga, actriz y performera Maha Vial, fallecida el 2020 en la ciudad de Valdivia, a través de documentos y testimonios de compañeras y amigas. La participación mayoritaria de creadoras de esta última ciudad -artes escénicas en Valdivia- se debe a que la investigación se concibe desde una perspectiva regional e incluye otros territorios para favorecer un estudio situado y establecer a la vez interacciones más amplias.

La trayectoria recorrida hasta ahora nos recuerda que la “práctica del archivo” no se centra exclusivamente en “documentar algo, sino que más bien en entablar una conversación”, como diría Agnès Varda. Hemos vislumbrado en el diálogo con las artistas que las mujeres trabajadoras de las artes no solo enfrentan las dificultades asociadas al género, sino también las complejidades propias de trabajar y vivir de las artes, ganarse la vida en medio de “contextos informales”, conciliar los tiempos laborales con el cuidado, y muchas veces, enfrentar la sobrevaloración de la presencia patriarcal (lo heteronormativo masculinizado).

En algunos casos, la subestimación de las capacidades de las mujeres en los quehaceres técnicos y los roles de dirección, sobre todo en las generaciones mayores. Ahora bien, las narrativas de las creadoras no son homogéneas, además de develar las marcas generacionales y territoriales traslucen la elaboración de subjetividades que, tramadas a las de sus compañeras de escena, a sus maestras y maestros, a sus inspiraciones sociales y políticas, atraviesan sus procesos de creación, los movilizan y los dotan de sentido y complejidad.

En estos días de conmemoración de las(los) trabajadoras(es) concebimos que una de las fuerzas del archivo en las artes es correr la cortina del espacio privado de la creación para poner en común las dimensiones procesuales y laboriosas que hacen de las artes un trabajo más, sin por ello renunciar a su especificidad.

Constanza Alvarado
Constanza Alvarado
Constanza Alvarado, Doctoranda en Comunicación de la Universidad Austral y Universidad de la Frontera de Chile. Integrante Colectivo ARDE.

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