Miércoles, Febrero 21, 2024

APRUEBO, con profunda convicción democrática

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En pocas semanas, los y las habitantes de este hermoso país tendremos que tomar una decisión trascendental: aprobar o rechazar una nueva Constitución, emanada del proceso de cambio de la Constitución pinochetista logrado por las grandes movilizaciones del pueblo chileno a partir de octubre de 2019. Algo por lo que el pueblo pagó un altísimo costo en vidas, en lacerantes heridas de cientos de jóvenes que perdieron un ojo o ambos debido al sistemático atropello a los Derechos Humanos en que incurrió el gobierno derechista de la época, sin que fuese sancionado por un Congreso pusilánime. Un año después, en octubre de 2020, en plena pandemia del Covid 19, el 80% de las chilenas y chilenos dijeron que querían una Constitución plenamente nueva, elaborada por convencionales democráticamente elegidos por el pueblo y sin parlamentarios.

Pese a los candados y cerrojos con que los desprestigiados partidos trataron de evitar que accedieran a la Convención ciudadanas y ciudadanos comunes y corrientes, independientes, estos lograron una significativa representación y los partidos, todos, se vieron fuertemente disminuidos. La derecha en particular ni siquiera logró conquistar el tercio que le habría permitido ejercer un poder de veto de todo aquello que no le gustara.

Desde entonces, la derecha, que controla buena parte -si no todos- los medios de comunicación, se dedicó a desprestigiar sistemáticamente el trabajo de la Convención, echando mano a desaciertos y errores de algunos convencionales, magnificándolos, o bien a su arma preferida: infundir miedo y mentir. En esto, lamentablemente, han estado acompañados por los sectores conservadores de lo que fue la Concertación, que nunca estuvieron en realidad en contra del modelo pinochetista heredado, más bien se acomodaron al mismo o entraron derechamente en alianzas de negocios con el gran empresariado.

El 4 de septiembre votaré con profunda convicción por el Apruebo. Los convencionales nos han dado una gran Constitución, llena de desafíos y de posibilidades de democratizar profundamente este país, distribuir mejor el poder y las oportunidades, y distribuir de manera más justa la torta de la riqueza nacional que producen los millones de chilenas y chilenos trabajadores.

No tengo objeciones respecto a los contenidos de la nueva Constitución que se nos propone, que he estudiado con detención. Más me preocupan algunos vacíos o debilidades en temas que considero importantes para el futuro del país, que no obstante podrán ir siendo llenados a futuro. Y, sobre todo, me preocupan las grandes dificultades que habrá para llevar a la práctica las nuevas disposiciones constitucionales. Porque eso requerirá leyes. Leyes que tendrán que ser aprobadas por un Congreso donde hay una sobrerrepresentación de las fuerzas derechistas y conservadoras, a quienes no les gusta esta Constitución y se están jugando con todo por el Rechazo, usando sin desparpajo la mentira y la distorsión.

Lo que se logre implementar de la nueva Constitución dependerá, una vez más, de cuánta lucha social se ponga en juego para conseguirlo. Aprobar la nueva Constitución es solo el inicio de una batalla aun mayor y más larga, que requerirá que se mantenga un alto nivel de lucha social por parte de todos quienes quieren y se han jugado por producir cambios verdaderamente profundos en el país, que esta Constitución posibilita, pero no asegura. Si no, la elite conservadora -derecha oligárquica y sectores de la ex Concertación- pondrán el freno o mediatizarán todo cambio, haciendo que las cosas parezcan que cambian, pero en esencia dejándolas igual. Nunca quisieron, en realidad, cambiar la Constitución pinochetista y su modelito económico; solo remozarla. Y ahora eso ha quedado en evidencia absoluta.

Mi último sueño político es, en realidad, que el Apruebo arrase el 4 de septiembre próximo. Después de eso me podré morir feliz. Todas las luchas dadas, los miedos vividos y sufrimientos sentidos durante la dictadura que esta cavernaria oligarquía chilena apoyó con tanto entusiasmo y cuya institucionalidad nos encadenó hasta ahora, habrán valido la pena.

Germán Correa
Germán Correa
Sociólogo, académico y ex Presidente del Partido Socialista. Actualmente es integrante de "Plataforma Socialista".

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