lunes, junio 24, 2024

Allende: ¡Las mujeres abrimos las grandes Alamedas! *

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Y se abrieron las grandes alamedas, por donde pasó la mujer libre. Y éramos decenas, cientos, miles. Todas de negro, todas con nuestras velas, todas con una sonrisa de emoción porque sabíamos que la actividad había congregado a más de las cinco mil, que llevaban semanas inscribiéndose.

Nuestros gritos y cantos se extendían por el vagón del metro, que nos llevó de Ñuñoa al centro de Santiago. Supimos ahí que el acto sería grande, lo que ratificamos cuando salimos al Paseo Ahumada y llegaban mujeres desde cada rincón. “Somos caleta, más que la chucha, somos mujeres unidas en la lucha”, sonaba.

Nos apostamos en la calle Bandera, obedientes con las instrucciones que habían llegado por grupos de whatsapp y redes sociales toda la semana. De repente, se armó una fila que se veía interminable. “Llega hasta Mac Iver”, dijo una.

Las mujeres estábamos en grupos, pero interactuábamos. La conversación analizaba lo pasado en la mañana en la tradicional romería y el susto de que nos reprimieran o atacaran. A pesar de eso, ninguna de las que estaba a mi alrededor se cuestionó su participación en Mujeres x Nunca +, el nombre de este acto por la memoria.

De repente, una mujer de pelo cano y marcos redondos reparó en un tipo que miraba hacia todas partes y llevaba un audífono. “Debe ser porque está Irina Karamanos, acaba de pasar”, la tranquilizan.

Un poco más atrás que nosotras en la larga fila, estaban la pareja del presidente y la ministra vocera de gobierno, Camila Vallejo.

“Perdón, es que me angustié por tanta violencia”, lanza la mujer del pelo cano y, bromeando, cuenta que tiene Rize por si a alguna le da crisis de pánico.

Cuando por fin comenzamos a avanzar y vimos la cantidad de mujeres que nos movíamos en orden al llegar a la esquina de Morandé, se acabaron las conversaciones banales y los gritos. El silencio se apoderó de quienes avanzábamos a la luz de las velas y al ritmo de un kultrún. La voz de una de las voluntarias pedía paciencia y silencio, al tiempo que nos tranquilizaba.

Y llegamos frente a La Moneda en un silencio absoluto, con el corazón apretado y sonando más fuerte que el kultrún.

“Es impactante lo que las mujeres logramos organizadas”, comentamos con las compañeras, abrazadas, haciéndonos cariño, con lágrimas en los ojos de la emoción.

La Moneda solo estaba iluminada con velas dentro de botellas de plástico y nos conmovimos pensando que hace 50 años, ese lugar fue bombardeado por Hawker Hunters, lo que terminó con la primera vía democrática al socialismo y dio inicio a una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica.

Entonces, nos avisaron que comenzaban los gritos. Y empezó una catarsis colectiva. “¡No Más la Democracia Bombardeada! ¡No Más Niñas Robadas! ¡No Más Cuerpos Quemados, Degollados! ¡No Más un Canto Silenciado! ¡No Más Dictadura! ¡No Más Dictadura! ¡No Más Dictadura!”.

Las mujeres, tal como esos fatídicos días de los 80’s, diciendo fuerte y claro: ¡NUNCA MÁS!

*Esta columna fue escrita originalmente para Nodal.

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