“Nomadland”: El valor de desertar del sistema

Un pasado repleto de melancolía, en el que aflora el trauma y también la conciencia sobre un estilo de vida desapegado de lo material y entregado a las experiencias con las personas y a lo que ellas nos van dejando cuando pasan por nuestras vidas. Todo ello amparado por la visión lírica de Chloé Zhao, logran plasmar en “Nomadland” la belleza del nomadismo. 


Una vida desapegada de todo lo superfluo, donde prima la relación con un entorno natural, pero a la par, con una fuerte conciencia de comunidad sostenida en el apoyo mutuo. Ese es el pilar del discurso de Nomadland, película que ya ha salido victoriosa de casi todos los circuitos cinematográficos en los que ha participado y que nos vuelve a poner por delante una dirección y actuación encomiables. La película emerge como un grito contra el materialismo donde se discute, por ejemplo, sobre la necesidad de firmar una hipoteca a 40 años para sentir que tienes un hogar. 

Chloé Zhao no pretende ser definitiva con esta presentación, porque la vida nómade tiene también sus penurias y las muestra sin contemplaciones, como cuando Fern festeja sola el año nuevo, acompañada solo por la luz de una bengala, o aquello que le provoca observar los atardeceres, como un simil con Into the Wild (2007), aunque si bien es cierto la película de Sean Penn armaba una afrenta contra el sistema e idealizaba esa existencia en solitario, Nomadland evita todo elemento aleccionador y se basa, para lograr apartarse de aquello, en la historia de su vida de su protagonista y en la etapa final en la que ella se encuentra. 

La película es filmada en exteriores con gran trabajo del lente, sobre todo cuando abre los planos intentando que entre por la cámara la grandiosidad de la naturaleza; en algunos planos, Frances McDormand se come la pantalla, y en otros, el paisaje la devora a ella. Zhao convierte ese medio oeste en territorio adverso y así el film se pasea por el desierto, por enormes planicies, por la intemperie, por las carreteras hacia ninguna parte.

Las imágenes son bellas y desoladoras también, y acompañan a los personajes como sobrevivientes del sistema. La protagonista viaja por diferentes condados y se cruza con otros nómadas, con quienes intercambia inquietudes y recomendaciones de próximos destinos, armando una ruta para vivir el presente y para constatar que ese estilo de vida desapegado genera una unión, un compañerismo, un amor a la vida que el capitalismo no puede dar. En esas conversaciones, los planos son cortos y los diálogos algo inconexos, con actores no profesionales, nómadas reales, que le aportan al relato una perspectiva fresca y espontánea, casi de documental.

Nos queda la duda con la elección musical, ya que en una película de carretera, este elemento se vuelve un actor más. La elección de un compositor como Ludovico Einaundi es como un conector de Nomadland con la televisión, le da un toque moderno que una nómada no necesita. En ese sentido, Zhao se aleja de The Rider (2017), su anterior trabajo, cuando usa elementos que hacen una transición del nomadísmo de su protagonista, para adaptar una mirada urbana.

Nomadland

Frances McDormand es la dueña de todo lo que ocurre, de todo lo que emociona y duele de la película, dando vida a una mujer recién viuda y cuyo pueblo fue desterrado por los vaivenes económicos. Se mantiene a base de trabajos esporádicos que la obligan a moverse por distintos lugares, no perteneciendo a ninguno. Unas semanas aquí, otras semanas allá, señalando a los nuevos pobres, a los que viven en un viejo furgón, como ella, compartiendo los rigores de esa vida nómada.

Si en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017) eran unas vallas publicitarias las que le servían para denunciar la inercia policial, en Nomadland son las estrecheces de una camioneta lo que se erige como denuncia frente a un sistema que va “botando” personas, a pesar de una vida entregada al trabajo.

La última escena, cuando ella vuelve a su pueblo de toda la vida y que ahora luce abandonado, nos deja estampado el valor que significa salirse del sistema. ¿Qué pasa con todos esos recuerdos? ¿Se quedan en esa vieja casa que acumula polvo o viajan contigo en una mochila cargada de melancolía? La película apela mucho a este factor, es casi triste porque añora el pasado, pero que destila libertad por todos sus ángulos.

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