No son un número más: Yoel Reyes, el trabajador peruano que falleció en el Hospital San José por falta de ventilador invasivo

La noche del 10 de mayo los funcionarios del hospital denunciaron la muerte de un hombre de 36 años por no contar con un equipo de ventilación mecánica invasiva. La situación fue desmentida por el subsecretario de Redes Asistenciales apoyado por la dirección del recinto. Un profesional confirma que el ministro de salud, Jaime Mañalich, se comunicó con uno de los doctores y, aunque estaba al tanto del problema con los equipos, el lunes el Gobierno aseguró que ningún paciente había muerto por esta situación. Reyes había llegado el 2013 a Chile, era maestro albañil y tenía dos hijos.

Cuando Yoel Reyes llegaba a su casa en la calle Los Olivos, en Recoleta, lo primero que hacía era preguntar por sus hijos Dania (11) y Saúl (4). “¿Dónde está mi beba? ¿Dónde está mi otro bebé?”, decía. Otras veces se anunciaba con el vozarrón grave que lo caracterizaba “¡Acá llegó el engreído de la familia!” y los niños salían corriendo a buscarlo. El segundo de los siete hermanos de la familia Reyes era así, conservaba el humor hasta en los peores momentos.

En la misma casa habitan veinte familias de inmigrantes. Vivía en una pieza con su esposa y sus padres Fortunato y Yolanda. La pandemia vino precarizar aún más una vida difícil y sacrificada. Yoel llegó a Chile el 2013 siguiendo a sus padres que ya estaban asentados en Santiago desde el 2008, todos salieron desde Paramonga, una provincia en el “Norte chico” de Perú a 190 kilómetros de Lima. Don Fortunato ya trabajaba en la construcción.

Con el tiempo su padre se enfermó y no pudo seguir trabajando para renovar la Visa. Yoel se convirtió en el pilar de su familia con los 600 mil pesos que ganaba en la constructora Colcún.

Joel Reyes

En palabras de Ana González, su esposa, Yoel era un hombre feliz. Una foto del año pasado lo retrata sonriendo con sus compañeros en un alto que hicieron camino al trabajo para disfrutar de la nieve. Posa contento con los dedos en V.

Todo cambió abruptamente con el inicio de la pandemia. Lo despidieron a fines de marzo, en un período que coincide con el dictamen de la Dirección del Trabajo que permite exonerar obligaciones de contratos laborales por cuarentena. Recibió un finiquito de 448 mil pesos.

Dos semanas después la misma constructora lo llamó para incorporarse a una obra en la comuna Lo Barnechea, pero de forma independiente.

-Le preocupaba el tema del Covid, usaba mascarilla hasta para salir a comprar, habíamos hablado de los cuidados, pero él tenía que salir a trabajar-, explica su hermana Jessie al otro lado de la línea.

En un país como Chile, el encierro, en medio de la cuarentena, también es un privilegio.

Yoel comenzaba su jornada a las siete de la mañana caminando hasta la estación Mapocho donde lo pasaba a buscar una camioneta de acercamiento que lo trasladaba hasta el barrio alto.

El lunes 4 de mayo comenzó con los primeros síntomas de un resfrío. Estaba inquieto y le contó a su familia que uno de sus compañeros –un joven haitiano-, al parecer, tenía todos los síntomas de Covid -19.

No había tiempo para el descanso, el arriendo de la pieza costaba 230 mil pesos y su sueldo era el único ingreso de la familia. Ana y su cuñada antes habían cuidado niños -sin contrato- pero con la cuarentena también quedaron sin trabajo.

Para el dolor de cabeza, Yoel tomaba dos Paracetamol al día y combatía los demás síntomas con “Baños de eucaliptus”. La fiebre bajaba a ratos, y así aguantó hasta el domingo. Ese día el calor se volvió asfixiante, se bañó con agua fría, a la cinco de la tarde no soportó más.

-Ana me falta el aire, no puedo respirar, no puedo respirar- alertó a su esposa.

Llamaron al Hospital San José, pero les colgaron en cuatro ocasiones. Trataron de subirlo a un taxi. Nadie los quiso llevar. En su desesperación, Ana le dijo a su cuñada que siguiera insistiendo, hasta que contestaron. La ambulancia llegó a buscarlo a las seis, se fueron casi veinte minutos después. Ellos denuncian que los paramédicos no hicieron mucho caso a los síntomas de Yoel.

-¡Cómo no va a poder respirar!-, le dijo uno de los hombres a Ana.

Ella les entregó su cédula de identidad y se fueron.

-Luego volvimos a llamar, no obtuvimos respuesta, así que decidimos partir al Hospital con sus hermana, allá no nos dieron razón, solo los guardias nos guiaron, estábamos desesperados-, recuerda Ana.

***

A las 22:56 del mismo domingo 10 de mayo, la Federación de Asociaciones de Salud Pública (Fedasap) informó a través de su cuenta de Twitter el fallecimiento de un paciente COVID-19 de 36 años, debido a la falta de un ventilador mecánico. “Que el gobierno y el Ministerio de Salud expliquen dónde están los ventiladores disponibles” publicaron,encendiendo las alarmas en el Ministerio de Salud frente a un eventual colapso en el complejo hospitalario.

Hospital San José

Al día siguiente, el subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, salió a desmentir la denuncia de Fedasap. Fue avalado por la dirección del hospital San José desde donde afirmaron -por medio de un comunicado- que no era efectivo que no se dispusiera de un equipo de ventilación mecánica invasiva en el momento de la atención del paciente.

Según una funcionaria del Hospital-quien prefiere mantener su nombre en reserva- el mayor error que se cometió con Yoel fue no contar con un ventilador invasivo. El ventilador que había se intentó convertir y utilizarlo como uno invasivo, cuando se descompensó y se tomó la decisión de intubarlo. Sin embargo, para transformar ese ventilador se necesitaban una serie de elementos (set de ventilación): dos mangueras, un filtro especial, sensor de flujo y otras piezas que deben ir calzando para acoplar al tubo del paciente. El hospital no contaba con todas las piezas y la atención se extendió.

Yoel siguió descompensándose, vino el primer paro cardiorespiratorio y luego un segundo, se le hicieron maniobras de RCP por media hora. No hubo resultado y falleció a las 20:00 según su certificado de defunción.

-Él siempre estuvo en Urgencias, no pasó por la carpa, pero lo debieron haber subido-, explica. El hombre llegó sin poder respirar y por eso debió haber sido tratado en la Unidad de Pacientes Críticos.

Los funcionarios del hospital insisten en que la muerte se produjo por la falta de respiradores mecánicos. Esta versión fue respaldada públicamente por su vocera, la paramédica Gloria Pinto, y ya se habría iniciado una investigación al médico que trató a Yoel para esclarecer los errores en el procedimiento.

Mauricio Navarro, dirigente de la Asociación de Profesionales Universitarios de la Salud del Hospital San José (FEDEPRUS) del hospital, confirma que después de la denuncia se aumentó el número de equipos (cuentan con aproximadamente 44 ventiladores invasivos) pero enfrentan un segundo problema al no contar con dependencias preparadas para atender a pacientes críticos, puesto que se requieren de implementos especiales -gases clínicos, sistema de ventilación-, y las salas comunes no poseen esos instrumentos.

Con el transcurso de la pandemia han debido modificar espacios para atender a la mayor cantidad de pacientes dentro en lo posible. El hospital hoy se ve colapsado, con filas ambulancias en el exterior y  familiares tratando de obtener información.

Un segundo profesional consultado por este medio, que trabaja en la Unidad de Urgencias del Hospital San José y también solicitó resguardar su nombre, aportó más datos de lo que habría ocurrido ese día.

-Recuerdo que el fin de semana fue caótico y la mala atención que recibió este paciente, tiene directa relación también con la falta de personal que hubo esos dos días. En Urgencias estaban todos los ventiladores ocupados, se utilizó un ventilador mecánico no invasivo, y el único ventilador mecánico que había estaba desarmado, ya que el sensor de flujo se estaba esterilizando, lo que demoraba unas seis horas. En lo práctico no había un ventilador disponible-, relata.

La opción de derivarlo a otro hospital también fue imposible, porque el paciente venía en malas condiciones y estaba inestable.

Otra de las falencias que reconoce ocurrieron en la atención de John Reyes, fue que su médico tratante no contaba con la suficiente experiencia para enfrentar un caso de tal complejidad y no analizó la opción de utilizar una máquina de anestesia como respirador mecánico.

-Habían dos médicos haciendo el trabajo de seis. La gente que se ve involucrada son profesionales no capacitados, y claramente la dirección del hospital ocultó lo sucedido- comenta.

Según su relato, uno de los médicos recibió un llamado del ministro de Salud, Jaime Mañalich.

– Preguntó sobre lo sucedido, y consultó el por qué -el paciente- no había sido conectado a una máquina de anestesia. Se le explicó y además se le solicitó que hiciera mejoras en el hospital, él se comprometió a tomar cartas en el asunto. Después el mismo ministro salió hablando que tomaría medidas legales contra este médico que dio a conocer esta denuncia.- explica.

Lo más grave a su juicio es también la actitud del director del hospital quién insiste en afirmar en que todavía no están frente a una situación de crisis en el establecimiento.

– Según el director no estamos colapsados todavía, y es mentira. Hay pacientes que se están muriendo en la carpa de campaña, y hay pacientes que se están muriendo en el piso, y eso el director lo niega. A mí me consta porque se solicitaron camillas que estaban en recuperación para que los pacientes puedan fallecer acostados en el Servicio de Urgencias-, concluye.

Insiste que los trabajadores, a mediados de marzo, solicitaron ventiladores al complejo hospitalario para enfrentar la pandemia, sin embargo, las máquinas llegaron solo tras el fallecimiento de Reyes.

Tras la denuncia de este caso habrían amenazado de sumariar a la paramédica Gloria Pinto y al doctor Mauricio Navarro.

***

Jhon, uno de los hermanos menores de Yoel, también llegó esa tarde al Hospital y fue testigo de la falta de información, incluso después se enteraron que perdieron la cédula de identidad y hasta el día de hoy no los llaman para informar el paradero del documento. Dice que tampoco se ha realizado un seguimiento a los familiares directos, solo les indicaron que si llegaban a presentar los síntomas volvieran de nuevo al hospital.

-Lo que más me preocupa es que no sé si mis hermanas y sobrinos están contagiados, llegaron a desinfectar a la casa de él, pero nada más, no se han hecho los test PCR- relata.

La muerte Yoel fue segunda perdida que enfrentó la familia, el 2002 Yulisa, otra de las hermanas, falleció en un accidente de tránsito en Perú. Trabajaba como temporera recolectando “marigold”, el bus la trasladaba al campo se volcó.

Quizá por esa razón, Yoel tenía una relación muy estrecha con su madre.

-Ella sufre por su diabetes, es el quien compraba los remedios, le hacía curaciones en su pie, siempre estaba preocupados de nuestros papás-, recuerda Jessi.

Recién a las nueve de la noche del domingo 10 de mayo, por la insistencia de Ana pudieron saber lo que había pasado. Llegó un doctor a informarles que Yoel estaba muerto, que lo habían intubado, pero no habían podido salvarlo.

Ana no lo podía creer, en uno de los últimos llamados-a las 8 de la tarde- les informaron que se encontraba “estable”. Pensó en su hijos, en cómo les iba a contar la noticia. Dania era muy apegada a él.

-Yo tenía la esperanza de que estuviera vivo, no supe cómo reaccionar, lo que más de dolió fue no poder verlo, no poder despedirme-, confiesa.

*Este medio se comunicó con el Hospital San José, pero declinaron entregar su versión esgrimiendo que ya se había emitido un comunicado sobre el tema.

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