No son balas locas: La historia de la adolescente asesinada de un disparo en la población Santo Tomás

Durante la noche del 28 de diciembre, Xhiomara Gómez de 15 años fue impactada por una bala mientras caminaba con dos amigos, luego de comprar comida china en la población Santo Tomás ubicada en La Pintana. Murió minutos después, pocos saben que soñaba con ser doctora. Esta es otra muerte más que habla de las balaceras entre grupos de narcotraficantes como la tragedia que aqueja a los vecinos del sector, los mismos que batallan contra el abandono del Estado y el aislamiento. Ellos dicen que esas balas no son “locas”. Todos saben quiénes las percutan.


Es jueves 31 de diciembre, y mientras la mayoría de los hogares se preparan para festejar la noche de año nuevo, en un estrecho departamento de la población Santo Tomás la gigantografía con el rostro de una adolescente da la bienvenida al lugar, mientras dos coronas fúnebres cuelgan de una escalera metálica con la frase “Vuela alto Xiomi”. Las flores ya están mustias y comienzan a marchitarse por las altas temperaturas. En la vereda  quedan los últimos restos de cera de las velas consumidas. Unos metros más allá, dos mujeres se abrazan tratando de hallar algún consuelo.

La escena deja sin aliento.

“No más balas locas. Siempre te recordaremos Xhiomara”, se lee en las cartulinas que sostienen los vecinos en medio de una protesta improvisada. Han pasado apenas tres días desde la tragedia.

Era la noche del lunes 28 de diciembre, y en la población ubicada en La Pintana, estaba Xhiomara Gómez Quiñones (15) junto a dos de sus amigos de la infancia. Caminaban entre risas por avenida La Serena luego de comprar comida china, en el restaurante del barrio.

A pesar de los últimos hechos de violencia ocurridos en el sector, en esa especie de sobrevivencia que puede ser el encierro, en lo que los vecinos han definido que sus calles son “Tierra de nadie”, la familia de Xhiomara estaba contenta. Había sido una semana de unión familiar en medio de las fiestas.

En la intersección con la calle Edith Madge de Huneuss, el sonido de unos disparos alertó a los adolescentes.

Antes de alcanzar a reaccionar, solo un segundo después de las miradas cómplices y atónitas que avisaban que había que correr, Xhiomara cayó al suelo.

Uno de los disparos le llegó directo a la cabeza. Sus amigos miraron la escena petrificados. Luego vinieron los gritos.

La adolescente fue trasladada por sus familiares al Consultorio Santo Tomás ubicado a unos cuantos metros donde había ocurrido la balacera. Ya no había nada que hacer, Xhiomara había muerto.

Cinco días después, Nicolle Quiñones (34) repasa lo que pasó con su sobrina. Tenían una relación estrecha con ella porque además eran vecinas. Le angustia pensar que no la volverá a ver.

-Esto ha sido terrible para nosotros. De verdad es un dolor que jamás se podrá superar. Ella era una niña muy alegre y buena persona. Siempre fue muy de piel, estudiosa, responsable, llena de sueños-, relata Nicolle al otro lado de la línea.

Xhiomara Gómez Quiñones nació el 27 de enero del 2005, de madre dueña de casa y padre obrero de la construcción.  Creció entre los departamentos sociales y los estrechos pasajes de la población Santo Tomás. En palabras de sus familiares, Xhiomara era una niña de carácter alegre, siempre con una sonrisa en el rostro, estudiosa. Pocos sabían que quería ser doctora.  

Cuando la adolescente tenía diez años, se fue a vivir junto a su madre a la comuna de El Bosque, pese a que su padres eran separados, mantenía una buena relación con su papá. Desde hace tres meses había vuelto a la población que la vio crecer. Estaba feliz. Ahora estaría cerca de las personas que amaba, especialmente sus amigos de la infancia.

Este año iba a cursar segundo medio en el Liceo A-112 de La Cisterna, y uno de sus grandes sueños era tener su casa propia, ser independiente y ayudar a sus padres y hermana. Cambiarles las condiciones de vida, tenía una idea fija: quizá estudiando mucho, todo podía empezar a salir mejor.

-Amaba su casa, hace poquito su papá le había hecho la pieza que tanto quiso. Estaba donde siempre quiso estar, cerca de su familia paterna y materna. Todo lo arreglaba con un beso, y le gustaba mucho bailar. Su vida era el baile-, comenta Claudia Quiñones (38), madre de Xhiomara, quien trata de mantenerse serena durante la conversación.

Era hincha de la Universidad de Chile, el equipo que siguió hasta sus últimos días. Incluso con sus amigos del block, pertenecían a la “Bomba Azul”.

Nicolle recuerda que días antes de aquel 28 de diciembre, la “Rulitos” como la apodaron de cariño, estaba más contenta que de costumbre.

-Es como que ella presentía que algo le pasaría. Hace semanas atrás, también le dije que no saliera a comprar ni nada por el tema de las balaceras de aquí. Es terrible porque tengo que andar arrancando con mis hijas por los balazos-, dice Nicolle, indignada por la situación que actualmente se vive en la zona.

***

En el sector nororiente de la comuna de La Pintana, está ubicada la población Santo Tomás. Sus habitantes llevan años batallando contra la estigmatización, la delincuencia, el narcotráfico y la pobreza del sector. Al transitar por avenida La Serena hacia el norte, el paisaje monótono de casas de dos pisos con diminutos antejardines, una feria libre repleta de personas, y una comisaría blindada en todos sus frentes, son las marcas del territorio.

Sin embargo, la muerte de Xhiomara es un triste recordatorio que han dejado las balaceras en La Pintana. Durante la madrugada del 10 de octubre del 2019, Baltazar Díaz de apenas nueve meses, fue impactado por una bala de origen desconocido que entró por el techo de su casa, mientras dormía en una pieza con el resto de su familia. Un año más tarde, el 11 de septiembre del 2020, Yasna Yaupe de 18 años, recibió un disparo en su hogar mientras amamantaba a su hija de apenas dos meses. Debido a la gravedad de su herida, falleció minutos más tarde, la recién nacida resultó ilesa. 

También resuena la tragedia del 14 de diciembre del 2017, cuando Dylan de ocho años, fue baleado en su cabeza arriba de un bus del Transantiago, cuando iba camino a una feria navideña en compañía de sus amigos. Producto del impacto, el pequeño murió. Pero, el listado de víctimas inocentes por tiroteos en poblaciones de la zona sur de Santiago, es mucho más extensa. 
“En La Pintana tenemos un carabinero cada mil habitantes y cuatro vehículos para 30 kilómetros cuadrados y eso también significa desigualdad (…) La gente de allí no siente la preocupación del Estado y lo que se produce es un resentimiento que responde con violencia y eso se amplifica con mayor maldad con cada hecho que sucede”, dijo la alcaldesa Claudia Pizarro a la prensa en ese tiempo.

Y las muertes siguen sucediendo.

Según testimonios de los propios vecinos, los tiroteos han aumentado en los últimos meses, incluso, dos días antes de la muerte de Xhiomara, hubo una balacera a metros de la avenida principal. Una de las razones que entregan es el conflicto entre dos bandas de narcotraficantes.

Además, denuncian un abandono del Estado quienes no interceden para disminuir estos hechos de violencia. Sienten que el territorio ha sido “tomado” por delincuentes y narcotraficantes y nadie hace nada. En medio de la pandemia, la situación se agudizó.

***

Una de las hipótesis que sostiene la Policía de Investigaciones (PDI), es que el móvil de la balacera fue una rencilla ligada al narcotráfico, ya que los disparos iban dirigidos a un tercer hombre, al que estaban intentando ubicar.

Sin embargo, durante la noche del martes 29 de diciembre, se entregó a la Policía de Investigaciones de La Pintana, Belen Jara Abad (21), presunta coautora de los disparos que provocaron la muerte de la adolescente. El autor estaría prófugo. Los disparos se hicieron a menos de 100 metros de distancia de donde se encontraba el grupo de jóvenes.

La mujer quedó en prisión preventiva mientras dure la investigación, la que tiene como plazo 150 días. Hasta el momento continúan las diligencias para dar con el paradero del segundo involucrado en la balacera. 

El viernes primero de enero, entre globos rojos y azules, y acompañada por familiares y amigos del block, fue despedida Xhiomara Gómez. Su funeral fue en el Cementerio Metropolitano de la comuna de Lo Espejo. 

-No más balas perdidas. Me mataron en vida. Espero que (los responsables) paguen. Hoy es mi princesa, mañana será otra niña. Es un dolor que a nadie se lo doy. Me desgarraron el alma. No quiero que esto siga. Quiero justicia. No más-, confiesa Claudia antes de despedirse.

Total
145
Shares
Related Posts
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.