No se requiere solo un cambio de gabinete. Lo que se necesita es un cambio de rumbo

 Las noticias en el Ministerio de Desarrollo Social, al dejar de lado los pizarrones “buena onda” de Sichel para dar paso a la “derecha más liberal” de Cristián Monckeberg, no garantizan una nueva propuesta si es que no lleva consigo una nueva mirada. Pero tal vez lo más problemático sea lo que pasa en el Ministerio de Salud y el nulo asomo real sobre cómo deben manejarse todas las variables que deben manejarse en el aparato público.

Los cambios de gabinetes ya no suponen una estrategia política, debido a que son solo el movimiento de caras desde un lugar a otro. En este gobierno, por ejemplo, las últimas renovaciones en los planteles no han significado nada; no han modificado el rumbo ni han dejado entrever algo así como un acto de realismo de parte de las autoridades.

Como todo en el sector gobernante (porque el otro prácticamente no existe), los cambios no lo son. Más bien son gestos que no vienen de la mano de acciones.

En esta oportunidad, la cuestión no fue muy diferente. Aunque los grandes medios del país promocionaron este cambio de gabinete con grandes bombos y platillos, lo concreto es que lo principal no se ha visto alterado. La forma en que se está manejando tanto en lo social como el sanitario, no se ve, hasta el momento, modificada.

Las noticias en el Ministerio de Desarrollo Social, al dejar de lado los pizarrones “buena onda” de Sichel para dar paso a la “derecha más liberal” de Cristián Monckeberg, no garantizan una nueva propuesta si es que no lleva consigo una nueva mirada. Pero tal vez lo más problemático sea lo que pasa en el Ministerio de Salud y el nulo asomo real sobre cómo deben manejarse todas las variables que deben manejarse en el aparato público.

Si bien el ministro Mañalich ha afrontado tal vez la crisis sanitaria más compleja de nuestra historia, verdad es también que lo ha hecho con una ceguera técnica que se tropieza con su incapacidad política. Y no es solo es evidente en él, ya que es clarísimo en el equipo que encabeza.

Hace unos días, sin ir más lejos, el subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zuñiga, fue protagonista de una polémica mientras se daban las cifras del COVID en Chile. Luego de ser consultado sobre la razón por la que había dejado su cuarentena antes de tiempo-recordemos que había tenido contactos que lo hacían un posible portador del virus-, el subsecretario dio respuestas insatisfactorias no solo para quien le preguntaba (los periodistas a veces son personajes difíciles de satisfacer), sino también, y sobre todo, para la responsabilidad que requiere el cargo que ejerce en estos días, sobre todo ante la emergencia permanente en que vivimos desde hace meses.

Después se supo que el chofer de la autoridad fue hospitalizado por coronavirus, cuestión por la que, lógicamente y de manera justificada, el ojo observador de las redes sociales cayó sobre su figura y sus acciones. Sin embargo, el gobierno no se dio por aludido. No entendió el mensaje. Una vez más hizo como que no escuchaba lo que las circunstancias le gritaban, ni ha dado mayor claridad acerca del caso en particular.

Por eso, ¿basta con un cambio de gabinete si es que no nos damos cuenta de que acá se requiere eso y mucho más? Es bastante claro que no, y que urge una nueva perspectiva de la política para continuar navegando en este barco a la deriva. Pero para eso urge algo más que un análisis técnico, pues estamos viendo que no es suficiente.

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