“No nos moverán”: Las mujeres que se oponen al desalojo de las tomas del Cerro 18

Son 200 familias de las tomas Senda 23, La Cancha y San Cristóbal cansadas del clasismo que sufren en Lo Barnechea, dicen estar agotadas también de que el concejo municipal los trate como “la cosa que molesta en el cerro”. El alcalde de la comuna, Cristóbal Lira (UDI) dijo en una entrevista que tienen los días contados, pero los vecinos aseguran que nadie se moverá. Allí han levantado los anhelos de una vida mejor. Quienes resisten actualmente son las hijas y nietas de las primeras pobladoras del cerro, y muchas de ellas protestan por primera vez. “No buscamos algo regalado, buscamos un derecho, buscamos dignidad”, confiesan.


*Fotos: Luis Araya

Desde esa parte del cerro se puede ver las cumbres nevadas de la Cordillera de los Andes bajo un azulado cielo no tan contaminado y los techos de los lujosos condominios donde viven las familias más ricas de Chile . Desde las alturas logran observar canchas de golf que jamás han visitado y  centros comerciales donde los siguen los guardias cada vez que entran a las tiendas.

Las 200 familias que viven en las tres tomas de la zona norte del cerro Dieciocho de Lo Barnechea – Senda 23, La Cancha y San Cristóbal- se conocen entre sí y sus vidas parecen calcadas. Muchos son familiares, ex compañeros de la escuela y amigos de toda una vida. Son la tercera y cuarta generación de los primeros habitantes de la emblemática población del sector oriente de la capital que logró su vivienda de 32 metros cuadrados en 1989, tres años después de perderlo todo en un alud. Son parejas y mujeres jóvenes que han vivido hacinados desde su nacimiento y muchos no han logrado siquiera terminar sus estudios básicos.

El 22 de noviembre, alcalde de la comuna, Cristóbal Lira (UDI), mencionó en una entrevista a El Mercurio sus planes y medidas para desalojar a los vecinos de las tomas. Sus declaraciones recordaron la previa del estallido social: autoridades sin ninguna conexión con la realidad de sus votantes. “Voy a tener que empezar a sacarlos después de la elección, porque los iba a empezar a sacar el jueves, pero no lo pude hacer porque me puede quedar un enredo con todo este tema de las elecciones”, dijo.

Ese comentario fue la mecha que encendió la rabia de los pobladores.

Sofía Oviedo Contreras (26) es la Dirigenta y Presidenta del Comité de Vivienda “La Cancha”. Ella representa a 90 familias y llegó al cerro junto a su marido a comienzos de octubre del año pasado con un televisor y una cama. Fue una de las primeras en instalarse y recuerda que en pocas semanas la quebrada se comenzó a habitar.

“La cancha estaba llena de lavadoras, teles, colchonetas y muebles de personas que estaban armando sus casas como podían”, cuenta.

Con su pareja debieron armar su vida de emergencia, ya que producto de la revuelta social no tuvieron el dinero suficiente para pagar el arriendo donde vivían. Eran los sub allegados de una pequeña casa. En cuanto llegaron a la toma se enteraron que serían nuevamente padres. Por lo mismo, rápidamente, levantaron su hogar, el que destaca desde lejos por sus paredes verdes. Todos la conocen y le preguntan por whatsapp las novedades de las reuniones que ha sostenido en la municipalidad junto a la Dirección de Desarrollo Comunitario.

-Desde que llegamos acá hemos estado atentos a los consejos municipales y cómo se refieren a nosotros. Somos `la cosa que molesta en el cerro`, siempre se han referido a nosotros así, `como la basura- , dice molesta.

El pasado jueves 12 de noviembre más de cien personas protestaron por diversos motivos en las cercanías del Centro Comunitario de Seguridad de Lo Barnechea. Entre las múltiples causas de manifestación, estaba el acceso a la vivienda y el no al desalojo. La jornada terminó con uno de los globos de televigilancia destruidos, daños evaluados en más de 200 millones de pesos, según la alcaldía.

El jefe comunal dijo que las protestas por vivienda digna se deben a reclamos de carácter político, ya que su opositora por el sillón municipal, la candidata de Renovación Nacional Consuelo Alvial, habría conversado con vecinos del cerro Dieciocho ofreciendo mantener las viviendas en el lugar, asegurándoles los servicios de agua, luz y alcantarillado.

Sin embargo, en las tres tomas están cansados de que la clase política no los escuche y desconfían en las promesas de campañas que durante años han escuchado de candidatos de todos los partidos.

-Este domingo no vamos a votar, porque Lira no nos ofrece nada, porque quiere sacarnos. Y Consuelo Alvial tampoco nos ofrece nada, ya que es el legado de Guevara. Y Guevara durante los años que estuvo no hizo nada, él firmó las órdenes de desalojo el 20 de marzo de este año para echarnos a nosotros-, relata Sofía.

Otra de las medidas que evalúa el municipio junto al Ministerio de Vivienda es la subvención de arriendos por 24 meses. Además, les pagarían los gastos del traslado e incluso aportarían los dineros del mes de garantía para los contratos correspondientes. El alcalde explicó que entre dos familias podían arrendar una casa de 500 mil pesos. El promedio de un arriendo en Lo Barnechea es 963.551 mil pesos, el cuádruple de lo propuesto por Lira.

Lira aterrizó en la acomodada comuna de Lo Barnechea tras ser electo por 4.651 votos como concejal en las elecciones municipales del año 2016 por un cupo de la UDI, pese a que históricamente su familia ha estado ligada a Renovación Nacional. El edil llegó al concejo municipal, tras una cuestionada gestión como Subsecretario de Prevención del Delito, donde paradójicamente en dicha cartera efectuó un gasto injustificado de 1.400 millones de pesos, según consigna Contraloría.

Con la renuncia de Guevara al sillón alcaldicio para asumir la Intendencia de Santiago en los primeros meses del estallido social,  Lira asumió la conducción de Lo Barnechea, una de las cinco comunas más acomodadas del país, la misma que  destina al mes 877 mil pesos por habitante (Presupuesto por habitante), dineros que son gastados principalmente en combatir la delincuencia y promover la cultura.

-Aquí no hay un plan de proyecto para la gente vulnerable, sólo se enfatiza en el rico y eso es lamentable. No buscamos algo regalado, buscamos un derecho, buscamos dignidad. Es nuestro derecho adquirir una vivienda en este lugar. Él dice que nos vayamos de la comuna y es horrible estar lejos de aquí, es como vivir en otro país. Acá tenemos nuestras familias y no queremos irnos-, replica la líder del comité.

Actualmente Sofía se siente empoderada. Equipó su casa, pudo ahorrar algo de dinero y se siente con fuerzas para seguir luchando, pero confiesa que vivir en la toma le ha traído problemas laborales. Ella tiene su pequeño espacio donde se desempeña como manicurista y estilista. Pese a que es una gran profesional, cuenta que le ha costado reclutar nuevas clientas que estén dispuestas a llegar hasta su hogar.

-De repente me da un poco de vergüenza, porque la gente tiene otros puntos de vista. Pese a que hago mi trabajo súper bien, igual he sentido la discriminación. Cuando tú dices “`Vivo en una toma y aquí atiendo”` deben creer que eres lo peor de lo peor. Eso me afecta y es súper difícil, porque es mi fuente de ingresos”.

***

El lavaplatos de María Paz Letelier (25) tiene un alto de ollas, tazas y platos sin lavar. En las últimas horas, como es habitual, no ha tenido la presión suficiente de agua potable para lavar la loza del almuerzo y once del día anterior. La vivienda mide veinte metros cuadrados. Las paredes de su living son de cholguán y desde una de las murallas cuelga una pintura con animales marinos donde destacan medusas rosadas nadando en un océano oscuro y grisáceo. A su costado, dos sombreros de charros sobresalen y un acuario se posa sobre un viejo mueble con dos tortugas en su interior. El árbol de pascua está instalado en una esquina, el espíritu navideño resiste pese a la pobreza y los niños esperan que el viejito pascuero cumpla sus deseos.

Su tiempo es escaso, no hay espacios en blanco en su rutina. Mientras su pareja corta el pasto en las casonas del pueblo de Lo Barnechea, ella se dedica a las labores del hogar, trasladar baldes con agua, cambiar los pañales de su pequeño y cargarlo durante horas, ayudar en las tareas por video llamada a su hijo mayor, quien además tiene déficit atencional. Además atiende un almacén de golosinas y bebidas de la toma `La Cancha`. Es bastante trabajo pero lo hace feliz, porque repite que está mejor que hace un año atrás, cuando se instaló sólo con una carpa en la quebrada norte del cerro.

-Mis papás no tenían casa y yo siempre tuve problemas para estar bien con ellos. Nunca estuvimos juntos como familia y éramos cuatro hermanos. Mi sueño era tener algo, yo no iba a dejar que a mi hijo le faltara algo como me faltó a mí. Nos vinimos con mi marido solo con el piso puesto. De a poco se fue construyendo esto, teníamos sólo dos paredes (…) No teníamos agua y el vecino de arriba nos ayudó. No teníamos techo, no teníamos cocina, no teníamos nada. Mi marido consiguió unos pocos palos y así fuimos armando esta casa que no es mía, ni de mi marido, es de mis hijos-, cuenta orgullosa.

María Paz tampoco piensa en trasladar sus cosas.

-Si el alcalde no tiene una casa donde irme, yo no me muevo de aquí. A mí no me sirve el arriendo de dos  años, porque en ese tiempo a mí no me van a tener armada una casa. Ahora estoy bien, tengo un techo donde alimentar a mis pequeños-  cuenta mientras acuna al recién nacido en  sus brazos.

***

-Si me sacan de aquí no tengo donde irme-, comenta Saira Lillo (30).

Es nacida y criada en la casa de su abuela en el cerro Dieciocho. Es de esas mujeres que se ha hecho a sí misma. Trabaja desde los 14 años y nunca había protestado por algo.

-He trabajado en miles de cosas, en el Mampato, de nana, de vendedora en un local de comida rápida, de lo que me salga-, confiesa.

Llegó a la Senda 23 luego de que la menor de sus hijas estuviera seis meses hospitalizada. Junto a su pareja no les alcanzaba para costear el tratamiento médico ni el arriendo. Compró el terreno en donde edificó su casa a un vecino del lugar, quien se lo vendió por diez mil pesos. Su vivienda la ha construido a punta de esfuerzo trabajando como asesora del hogar algunos días por semana y haciendo trabajos manuales que pretende vender con su hijo en esta temporada navideña.

Sueña con salir adelante, anhela tener su casa propia y un mejor bienestar para sus cuatro hijos; al contar sus metas se le escapa una sonrisa y  agrega que su objetivo es salir de ahí e irse a vivir con su madre a las afueras de Santiago para iniciar una nueva vida en donde sus retoños tengan un mejor pasar y ella pueda desarrollarse como mujer y terminar con sus estudios. Anhelo que vio truncado por un embarazo juvenil.

La líder del campamento Senda 23 es Melanie Salas (33), quien vive en un terreno ubicado frente a la casa de su suegra. Tiene una de las mejores vistas del sector. Junto a su pareja armaron “la cocinería del barrio” y han incursionado en platos venezolanos, sushi, chorrillanas y distintos tipos de empanadas para lograr juntar dinero para edificar su vivienda. Tiene tres hijos y es una de las más antiguas de la toma, lleva dos años viviendo ahí.

Partió organizando las ollas comunes que se hicieron en el campamento durante la época peak de la pandemia. Su principal foco fue alimentar a los niños del campamento, darles once y colaciones. Hoy, batalla y se reúne periódicamente con el equipo de trabajo municipal para evitar el desalojo.

Muchas de ellas jugaron en los cerros que hoy se transformaron en los sitios en donde edificaron sus casas. Pese a que no tienen grandes lujos, no quieren partir a otra comuna en donde no tengan redes de contactos, en donde sus hijos e hijas no puedan jugar tranquilos.

En Lo Barnechea tienen mayores oportunidades de surgir y mejor acceso al sistema educacional y sanitario. Por ejemplo, el campamento queda a 23 minutos caminando de un colegio municipalizado recientemente inaugurado; y a dos kilómetros del Cesfam más cercano. Además de ello, cerca del campamento se encuentran canchas deportivas, centros culturales y tres recorridos de locomoción colectiva.

-Nos dijeron que hasta el 15 de diciembre somos intocables, porque hasta esa fecha dura el Estado de Emergencia en la comuna, pero desde el 16 en adelante todo puede ser y nos pueden mover, por eso tenemos que trabajar con el municipio para no quedar a la deriva- ,  confirma Melanie antes de despedirse.

Total
42
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Artículos Relacionados
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.