No, no estamos en dictadura

No, no estamos en dictadura, Piñera no es dictador ni nada parecido. Lo que estamos padeciendo, en cambio, es el peor gobierno de la historia reciente de Chile, en medio de un colapso institucional en que todas las certezas del relato transicional terminaron por desmoronarse. ¿Fue responsabilidad de esta administración? Claro que sí, pero también, y sobre todo, de una acumulación de controversias que no había sido tratada por años, y de una política que no quiso discutir ciertas cuestiones ideológicas que parecían inamovibles.


Hay veces que es necesario salir de ciertos clichés y desmitificar datos y discursos. Hay momentos en los que es urgente salir a complicar un poco más la sencillez intelectual con que se expresan opiniones que se transforman en discursos y luego en pancartas. ¿Por qué? Porque en crisis como la que hemos estado experimentando no existen respuestas simples. Nunca las hay, pero hay que poner énfasis en que menos ahora.

Existe una afirmación que ha estado rondando y que muchos repiten sin preguntarse si es basada en premisas verdaderas o en aspiraciones para vivir lo que no se ha vivido. Esta consiste en que estaríamos en una dictadura y que, por ende, Sebastián Piñera sería un tirano que nos tendría a todos subyugados bajo su régimen. Algunos lo disfrutan incluso; pareciera que les excitara decir que estamos sufriendo una tiranía y que ellos están luchando en contra de ella. Y lo cierto es que no resiste ningún análisis medianamente serio.

No, no estamos en dictadura, Piñera no es dictador ni nada parecido. Lo que estamos padeciendo, en cambio, es el peor gobierno de la historia reciente de Chile, en medio de un colapso institucional en que todas las certezas del relato transicional terminaron por desmoronarse. ¿Fue responsabilidad de esta administración? Claro que sí, pero también, y sobre todo, de una acumulación de controversias que no había sido tratada por años, y de una política que no quiso discutir ciertas cuestiones ideológicas que parecían inamovibles.

¿Se han violado los derechos humanos? sí, eso ya parece evidente. Pero no quiere decir que estemos bajo un aparato asesino organizado de la manera en que lo tenía Pinochet. Lo que pasa, en cambio, es que esa dictadura y sus lógicas institucionales no se desarticularon del todo. Instituciones como Carabineros nunca tuvieron muy claro cuál era la diferencia entre protesta y delincuencia, porque parecía no haber distinciones entre las dos figuras.

Esta confusión ha llevado a que las fuerzas policiales no entiendan muy bien qué es un ciudadano y cuáles son los derechos que tiene, independientemente de la acción que esté realizando. Es una mirada sobre la calle que es un resabio de lo que no se solucionó, de lo que no quiso intervenirse en los albores de la democracia. ¿Y qué ha dado como resultado eso? Que haya un debate pobre sobre qué es o no delinquir y qué sería ser “héroe” de las marchas.

Pero decir esto no trae mucho rating. Señalar que Piñera es un tipo sin habilidades políticas y de un oportunismo que, en tareas enormes como las que vienen, no tiene nada que hacer en La Moneda, para algunos es ser tibio, no decir “las cosas como son”, cuando lo cierto es que así no son. No estamos viviendo tiempos fáciles en los que todo es explícito. Estamos experimentando la explosión de lo que estaba implícitamente impuesto en la creación de esta democracia, sin saber bien cómo vamos lograr reemplazar los pedazos por nuevas normas de todos y para todos. Estamos en problemas.

Nos gobierna quizás la persona que menos sabe de política en este país; el hijo predilecto del sistema que estalló en mil pedazos pero de todas maneras rige y seguirá rigiendo la mirada ideológica de la sociedad por mucho tiempo más. Porque, a diferencia de lo que se cree, la mirada sobre el individuo y su relación con el otro no ha cambiado. No ha habido una transformación ni un despertar lleno de nuevos horizontes.

Estamos en eso y hay que trabajarlo. Nada es mágico ni milagroso. Todo requiere de trabajo político y sobre todo de inteligencia política. ¿Y en qué consiste esta? En entender el ciudadano frente al que estamos, debido a la historia de Chile en los últimos cincuenta años. Nunca hay que olvidarlo. Saber quién es. Y al hacerlo, podremos comenzar a construir un nuevo terreno en el que haya nuevas relaciones sociales.

¿No ven? No todo es tan fácil. No hay gesta heroica que pueda tapar una cruda realidad que es más fría, menos emocionante, pero sí mucho más desafiante.

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