“No hay revolución sin canciones”: El rol de la música en la elección de Salvador Allende

Salvador Allende

«La historia sin sonido no es historia, y el sonido sin voces no es memoria». Sin que nadie lo hubiese podido presagiar, uno de los elementos primordiales en la transmisión del mensaje de cambio y esperanza para el pueblo chileno en la campaña presidencial de la Unidad Popular de 1970 fue la música popular, que se transformó en un pilar imprescindible para llevar a cabo la victoria obtenida hace 50 años, aquel 4 de septiembre por Salvador Allende y, luego, servir de plataforma para la canalización de la propaganda gubernamental. Música y política se mezclaron indisolublemente como nunca antes. Un sincretismo único que colaboró estrechamente con la vía chilena al socialismo y que dejó canciones que son patrimonio sonoro de nuestra historia.


Venceremos, venceremos
Mil cadenas habrá que romper
Venceremos, venceremos
Al fascismo sabremos vencer

Un cuatro de septiembre de 1970, la historia del pueblo chileno cambiaría para siempre. Ese día se celebraban los comicios para elegir al treintagésimo Presidente de la República. La contienda ya es por muchos conocida: Alessandri, Allende y Tomic disputaban el sillón presidencial aquella vez, saliendo como vencedor –en su cuarto intento– el médico socialista Salvador Allende Gossens.

El panorama era de profundos cambios sociales. Chile, con el triunfo de la Unidad Popular (UP), materializó la utópica revolución denominada “vía chilena al socialismo”. Un hito histórico a nivel global, ya que Allende fue el primer presidente marxista en llegar a una administración estatal por medio de una elección democrática y no por la revolución armada. Parte de esos cambios tenían –cómo no– una aguda raíz ideológica y cultural.

En este contexto, la música popular adquirió un notorio y significante protagonismo, ya que a partir de 1969, las expresiones musicales populares serán un importante vehículo para los protagonistas de la historia. Acá nace la tesis de rescatar y subrayar la lectura de las canciones que acompañaron la campaña electoral de Salvador Allende. Éstas, con el tiempo, se convirtieron en la piedra angular de una vasta discoteca musical y popular. Pero, además, en un revolucionario movimiento artístico que acompañó durante tres años los sueños de la patria socialista.

Salvador Allende
Discurso de Salvador Allende el 28 de abril de 1970 en el Teatro Caupolicán, en plena campaña electoral. En la imagen se observa al medio Salvador Allende, rodeado de músicos como Isabel y Ángel Parra, Rolando Alarcón, Quilapayún, Víctor Jara, Millaray, entre otros.

La Nueva Canción Chilena

Fue Ricardo García, hombre de radio, producción y creador del sello Alerce, quien bautizó de esta forma a esta generación de músicos. El nombre proviene de la organización del Festival de la Nueva Canción Chilena, realizado en la Universidad Católica entre los años 1969 y 1971.

Los artistas de la Nueva Canción Chilena (NCCh) respondían a influencias y relevo de diversos estilos de raíz folclórica del país y de Latinoamérica. Pero, al integrarse también representantes de la academia como Luis Advis y Sergio Ortega, cambiarían las armonías, se incorporarían nuevos instrumentos, adquirirán una forma coral que haría de las canciones un canto colectivo y le sumaron un carácter épico a las composiciones; todos con una carga ideológica más o menos común que los hizo trascender en el tiempo y el espacio.

Además –y tal como lo señala el musicólogo Juan Pablo González–, al ser de la misma generación que los jóvenes coléricos, tenían una propuesta creativa y de integración muy cercana al rock, con otros instrumentos, pero con el mismo concepto: son masculinos, hay un tema melódico y rítmico vinculante en sus composiciones, necesitan usar bajo (que es fundamental en el rock n’ roll ya que marca el groove) y obliga a amplificar, tal como pasó en el cambio del blues al rock.

Para entender un poco este proceso, vale citar al historiador Claudio Rolle. El académico describe de forma precisa el funcionamiento e importancia de la NCCh a inicio de los setenta.

«La Nueva Canción Chilena sirvió como plataforma para la campaña presidencial de Salvador Allende en 1970 y contribuyó activamente en las actividades del Gobierno de la Unidad Popular generando una producción de temas orientados a crear conciencia de la historia del movimiento popular, de las responsabilidades planteadas por la vía chilena al socialismo y de crítica y comentario de la contingencia en el período de la gestión del gobierno de Allende».

Las canciones con tono social, a nivel país, no fueron una invención de la NCCh. Cabe acá destacar la importancia de Violeta Parra, iniciadora de lo que ella misma llamaría los “cantos revolucionarios”, germen del movimiento. La compositora mayor impulsó a esta generación a través de creaciones ligadas a los procesos sociales, con tono de crítica y de denuncia ante los abusos que vive el pueblo chileno, que tiene su génesis en la Peña de los Parra, en 1965..Ahí aparecen canciones –aún vigentes– como ‘La carta’, ‘Qué dirá el Santo Padre’, ‘Arauco tiene una pena’, entre otras.

Su escuela folclórica reformadora rendirá sus frutos de manera perceptible a finales de los sesenta, principalmente de la mano de sus hijos Ángel e Isabel, así como también con el trabajo conjunto que realizaban por ese entonces Víctor Jara (participando en la Peña de los Parra y componiendo ‘El arado’ en 1966) y Quilapayún, quienes siguen muy de cerca la obra de Violeta, en lo ancho de su composición (letra, música, discurso). También, se hace menester nombrar a músicos de la talla de Patricio Manns y Rolando Alarcón, quienes con las creaciones de ‘Arriba en la cordillera’ y ‘Si somos americanos’, respectivamente (y ambas de 1965), marcaron el inicio de la Nueva Canción Chilena.

De pie, cantar, que vamos a triunfar

A la par con esta formación, estos músicos, conjuntamente, tuvieron la particularidad de haber colaborado de manera íntima en la campaña presidencial de Salvador Allende en 1970, tratando de llevar su imagen y su mensaje a todos los rincones de Chile, a través del canto comprometido. El mismo Allende adoptó en sus discursos de campaña de actos culturales una frase épica que se convertiría en el estandarte de toda esta gesta. “No hay revolución sin canciones”.

«La pronunció él mismo, la escribieron en lienzos sus simpatizantes, y la gritaron masas entusiasmadas con su promesa de reinvindicación popular», dice la investigación realizada por la periodista Marisol García en Canción Valiente (2013). Comenzaba así, la estrecha e indivisible relación de la NCCh con la UP, filiación que con el devenir histórico pagaría un alto costo.

Los acordes combativos de esta revolución social y musical tuvieron la misión de ser la mejor propaganda política de la izquierda. De esta manera, encontramos en la colección de la época diversas canciones que sirvieron como plataforma para la difusión política. “Al servicio de un proceso, de una revolución, de un cambio, del pacifismo, del humanismo. Escrita para ser cantada por el obrero, el trabajador, el revolucionario, la feminista, el pueblo. Contra el consumo, el poder, el statu quo”, señala la investigadora en el mismo libro.

Isabel Parra escribe en 1970 ‘En septiembre canta el gallo’, donde manifiesta sugerentemente la esperanza que significa el triunfo de Salvador Allende. “La Rosarito me ha ofrecido allá en su rancho pan y abrigo, hasta que llegue Salvador y se terminen los martirios”. Por su parte, su hermano Ángel compone la canción ‘Unidad Popular’, cuyos versos también insisten en la necesidad de la victoria electoral. “El pueblo se juega entero en septiembre, compañero. Trabajo, lucha y verdad es la Unidad Popular”.

Otro ejemplo es la composición de Luis Advis y Julio Rojas, ‘Canción del poder popular’, interpretada por Inti Illimani. Este verdadero jingle de campaña sostiene en su discurso que con la UP “ahora el pueblo será gobierno” y que la participación en este proceso es única. “Porque esta vez no se trata de cambiar a un presidente. Será el pueblo que construya un Chile bien diferente”.

Como se puede ver, la lectura principal en estas canciones es la opción de una vía electoral, soslayando los aspectos más severos de la crítica social. Lo de estas canciones, más bien,  es brindar la confianza que significaba el cambio de paradigma con el triunfo de Allende. Algo que, sin embargo, igual se entreteje con la misión que tuvieron los músicos de la época en asumir su canto como un deber y que ubicaba al trabajador como protagonista de un cambio histórico.

Pero el que sin duda será el himno de campaña de la Unidad Popular es ‘Venceremos’, la más importante creación musical de este proceso. La canción es obra del compositor Sergio Ortega y letra de Claudio Iturra, e interpretada por Quilapayún en su primera versión. Ya como himno oficial de la UP, sufre una variación en su letra, esta vez involucrándose el mismo Víctor Jara en su redacción. Para 1971, existe una grabación cuya sonoridad es aún más potente, ya que cuenta con la participación de la Orquesta Sinfónica Popular (dirigida por Eduardo Moubarak). Al escucharla, de inmediato se nota su tenor épico y grandilocuente, a lo que se suma una característica fundamental desde su discurso: el sujeto que la canta y protagoniza es colectivo, entusiasta y compromete a todos los actores sociales en el cambio.

“Sembraremos las tierras de gloria.
Socialista será el porvenir
Todos juntos haremos la historia
¡A cumplir, a cumplir, a cumplir!”

Claudio Rolle hace un muy buen análisis de la canción. Dice que se trata de una composición que celebra el proyecto colectivo, en la que se canta a coro la llegada de un mundo mejor, confirmando una vez más que “La Unidad Popular vencedora / será tumba del yanqui opresor” (parte de la letra de la segunda versión). El estribillo contagioso, fácil y participativo explicita: “con Allende en septiembre a vencer”, y luego “la Unidad Popular al poder”, trasmitiendo la confianza en que la victoria electoral se alcanzará.

El historiador recalca que tanto en la ‘Canción del poder popular’ como en el ‘Venceremos’, el tono es el de la canción combativa, de denuncia; marcada por la voluntad de luchar por el triunfo y con ciertos visos proféticos. En el ‘Venceremos’ aparece, sin embargo, una estrofa que habla a las claras del agudo sentido de la realidad, de quien cree en las utopías, pues se advierte la necesidad de defender lo conquistado frente a las eventuales maniobras que obstaculicen un triunfo popular.

«Dice el texto: “Con las fuerzas que surgen del pueblo / una patria mejor hay que hacer / a golpear todos juntos y unidos / ¡Al poder, al poder, al poder!”, lo que evoca imágenes de la tradición socialista europea para luego añadir “Si la justa victoria de Allende / la derecha quisiera ignorar / todo el pueblo resuelto y valiente / como un hombre se levantará”, subrayando la decisión de defender lo que se ha conquistado, rechazando de este modo la imagen ingenua del soñador de mundos ideales que no está dispuesto a la lucha y el combate».

Las últimas estrofas del ‘Venceremos’,como bien analiza Rolle, pareciesen proféticas. De aquí en más son conocidas las artimañas de la derecha política para truncar el cambio que pretendía impulsar el gobierno de Allende; y, con esto, el impulso de la NCCh. Sabían del enorme poder convocante que estaba teniendo la creatividad y sensibilidad de los artistas de izquierda comprometidos con el gobierno; como la labor que cumplían como gestores culturales de eventos masivos, organizando numerosos actos populares que involucraban a artistas, trabajadores, estudiantes, dueñas de casa, etc.

La alegría sana de la limpia victoria alcanzada

Luego de una dura campaña electoral, Salvador Allende asume la Presidencia de Chile el 4 de setiembre de 1970. Apenas la UP asume el gobierno, surgieron canciones para celebrar su triunfo. ‘Canción de patria nueva‘ y ‘Cuando amanece el día’ de Ángel Parra; ‘Un día el pueblo‘ de Rolando Alarcón; o la instrumental ‘4 de septiembre de 1970’ del Combo Xingú fueron algunas de ellas.

A 50 años de la gesta socialista, la importancia que este fenómeno creativo musical tuvo en Chile tiene un valor histórico-patrimonial aún en ciernes. Este esplendoroso movimiento surgido en 1965, que continuó hasta el exilio de algunos de sus músicos y que hoy aún es revisitado e influyente, tuvo un relato estrecho en el proceso que llevó a Salvador Allende al poder y, como dice el historiador César Albornoz, ha servido para “reconocer y comprender a nuestra sociedad por su música”.

Su implicancia es tal que es difícil imaginar mejor difusión al programa de la Unidad Popular, luego del triunfo, que el LP Canto al Programa. El quinto álbum de Inti illimani contó con los textos de Julio Rojas y la composición de Luis Advis y Sergio Ortega; cuya misión, justamente, fue la de difundir los principales puntos de las famosas 40 medidas planteadas por el nuevo gobierno. 

La idea de que la música popular se transformó en un pilar imprescindible para la victoria obtenida por Allende, canalizando su mensaje, no es azarosa. A través de la creación artística musical, se podían expresar las injusticias sociales o elaborar un mensaje subversivo. Así se dio la experiencia única en la patria, donde los músicos estuvieron más ligados al proceso político. Esto permitió que se abrieran fronteras antes no exploradas en las experiencias socialistas alrededor del mundo. El músico tenía un poder no antes visualizado: el de generar conciencia y mover masas a través de sus creaciones.

Por esa razón, llegado el oscuro momento del golpe de Estado, el mensaje fue fuerte y claro. El cobarde asesinato de Víctor Jara –el músico más importante del período– acribillado con certeras 44 balas de metralleta UZI por parte de militares tras su detención, tortura y encarcelamiento en el ex Estadio Chile, extinguieron el alma artística de toda una nación. Pero, sin imaginarlo, inmortalizaron una bandera de lucha que se sembró en las generaciones venideras. Como decía el mismo Salvador Allende, “no hay revolución sin canciones”.

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