No hay orgullo sin protesta: por qué debemos hablar de disidencias sexuales

No hay orgullo sin protesta: por qué debemos hablar de disidencias sexuales

La pregunta a responder, antes que todo, es clara: ¿por qué disidencia y no diversidad sexual? Disidencia pues respondemos a un objetivo político más allá de la mera descripción en torno a ser lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersexuales, asexuales o pansexuales, entre otras categorías. Hablamos de que nuestra orientación sexual o identidad de género nos posiciona frente al mundo desde una matriz crítica: sostenemos que, pese a ser oprimides (en tanto se nos niega derechos y la existencia misma por nuestra diferencia, es decir, la posibilidad propia de valoración social), nuestra lucha debe ir de la mano con cuestionar también el modelo institucional -tanto político como económico- que sustenta las distintas expresiones de discriminación.

El 28 de junio es la conmemoración internacional de la Revuelta de Stonewall, en memoria de mujeres trans y disidentes sexuales que se opusieron a los abusos policiales dirigidos contra la diversidad sexual de la época. Lamentablemente, a 51 años de dicho acontecimiento, la discriminación, la violencia y el odio hacia la población LGBTIQ+ no ha desaparecido. Muy por el contrario, se ha visibilizado, muchas veces desde su forma más recrudecida. En medio de una crisis sanitaria mundial y una inevitable crisis económica que precarizará aún más nuestras vidas, sostenemos que es preciso pasar a una ofensiva, una ofensiva disidente.

La pregunta a responder, antes que todo, es clara: ¿por qué disidencia y no diversidad sexual? Disidencia pues respondemos a un objetivo político más allá de la mera descripción en torno a ser lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersexuales, asexuales o pansexuales, entre otras categorías. Hablamos de que nuestra orientación sexual o identidad de género nos posiciona frente al mundo desde una matriz crítica: sostenemos que, pese a ser oprimides (en tanto se nos niega derechos y la existencia misma por nuestra diferencia, es decir, la posibilidad propia de valoración social), nuestra lucha debe ir de la mano con cuestionar también el modelo institucional -tanto político como económico- que sustenta las distintas expresiones de discriminación. Posición interseccional, que asume las diversas experiencias de opresión que nos cruzan, donde debemos sumar también las realidades de género, etnia, nacionalidad, estatus migratorio, edad -entre otras- y también porque se es disidente frente al modelo de Estado neoliberal que ha precarizado históricamente nuestras vidas.

La idea de una ofensiva disidente no es nueva. El denominado en ese entonces “movimiento gay” volvió a estallar -o, quizá visibilizarse de forma disruptiva por primera vez- mediante un movimiento de masas interseccional en Nueva York, mediante los llamados disturbios de Stonewall. La represión policial en 1969 colmó la paciencia de las distintas realidades sexuales de la época, confinadas a la marginación de un bar permanentemente asediado por la discriminación de las fuerzas de resguardo estatal. Hasta que se dijo no más, y se les enfrentó mediante la autodefensa de masas. Así, durante dos días comenzó una rebelión contra las policías, las banderas contra la discriminación eran claras, pero se levantaban no sólo desde la hegemonía blanca y gay, sino también desde el mundo afrodescendiente y trans.

Allí radica un elemento de vital importancia a objeto de dar una lucha antidiscriminación disidente. Consideramos vital -y más aún en el marco de la disputa constituyente- dejar atrás el marco del derecho a la igualdad como la base de la disputa de las disidencias sexuales. Sostenemos, así, que debemos dar un re-enfoque hacia el derecho a la diferencia, por fuera de esa igualdad formal que termina por soslayar que existe una comunidad llena de diferentes expresiones de orientaciones sexuales e identidades de género, es decir, expresiones de la vida en sí. Esto porque entrega reconocimiento: frente a la oposición a un otre existe la posibilidad de diferenciación, y el tomar conocimiento de esa diferencia conlleva a la constitución de sí de la misma persona. Somos disidentes en tanto somos distinto a la expresión de la hetero-cis-norma, por fuera del “somos todos iguales y por ende merecemos respeto”. No. Somos distintes, y como tal, en nuestra diferencia, convivimos, nos desarrollamos y aportamos a dicha sociedad diversa.

Por ello es importante que la disidencia sexual, como posición política y no sólo meramente descriptiva. Desde un plano macro, por ejemplo, poniendo en cuestión que hoy en día la orientación sexual no heterosexual, o cualquier otro comportamiento relacionado, siga siendo oficialmente ilegal en más de 70 países, con castigos que van desde un mes a cadena perpetua e incluso la sentencia de muerte en 8 de ellos; y en un plano más local, que impulsa una disputa más allá de las mismas reflexiones provenientes de esa igualdad que no disputa, de esa que suaviza el potencial disruptivo de las disidencias confinándolas al carnaval y las meras reividincaciones de origen liberal.

Y hoy es urgente. Porque con la crisis sanitaria se devela las consecuencias de un modelo basado en la competencia y por ende en la desigualdad. Les compañeres trabajadores sexuales son condenades al no tener para comer. Comienzan a fallar las entregas del TARV a quienes viven con VIH, o se les expone innecesariamente al hacer entregas periódicas por debajo de las recomendaciones internacionales. Aumenta la violencia homo, lesbo, bi y transfóbica con la que convivimos en nuestros hogares, y no sólo en el contexto de encierro, sino con la dependencia económica y de habitabilidad que generará un escenario de crisis del trabajo.

En el Chile de la revuelta social debemos cuestionar las raíces más profundas del modelo de sociedad hétero-cis-patriarcal y su alianza con el capitalismo, superando las cuestiones meramente gremiales. Es el Chile que despertó el que alzó la bandera de la diversidad en cada una de sus manifestaciones, flameando al compás de los gritos de protesta, flameando al compás de la una necesaria ofensiva disidente.

Sobre el Autor

Leonardo Jofré y Rodrigo Mallea

Leonardo Jofré y Rodrigo Mallea, Activistas de Disidencias en Red.

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