No hay comida: la dura realidad que viven campamentos en Viña del Mar en plena pandemia

No hay comida: la dura realidad que viven campamentos en Viña del Mar en plena pandemia

En la parte alta y en las quebradas habitadas de la ciudad se viven momentos angustiantes. La ayuda anunciada por autoridades no cubre la población que está más precarizada en medio de la crisis sanitaria. El incremento de asentamientos irregulares, que no está consignados en el último Catastro de campamentos y que no cuentan con la figura legal de comités, tienen a familias viviendo sin agua y sin alimentos. A una semana de declarada la cuarentena en Viña del Mar y Valparaíso, las tomas de terreno Naciones Unidas y Chile Despertó están al borde del colapso. Estas son las historias de los vecinos.

Natalia Acosta (47) dice que su familia solo se ha alimentado de arroz y fideos, y que  la solidaridad de conocidos le ha permitido alimentar a su nieta de tres años. Desde 2017 no tiene empleo fijo y fue en ese tiempo también cuando se enteró que tenía cáncer de útero, lo que le impidió de lleno la posibilidad de emprender alguna actividad laboral o un negocio. Su último trabajo fue como “tarjadora” en el puerto de Mejillones, en la Región de Antofagasta, oficio que desempeñó durante cuatro años. Vivió de allegada y otras veces pagó el arriendo a duras penas. Fue en ese momento donde la idea de “tomarse” un terreno, se convirtió una alternativa urgente y llegó a la quinta región.

Chile Despertó”, es el asentamiento que honra a una de las frases emblemáticas del último estallido social. Ese terruño está ubicado en lo alto de Achupallas y fue donde arribó junto a su familia: dos hijas, una de ellas embarazada y otra mujer madre de una niña de tres años. Hoy viven allí alrededor de veinte personas.

La falta de vivienda, la incomodidad de vivir de allegado y el hacinamiento, son las principales razones que llevan a las personas a organizarse para las tomas de terreno

La Encuesta a Campamentos Migrantes realizada por CIS TECHO-Chile en 2017, arrojó que 6 de cada 10 personas llega a vivir a campamentos por el alto costo de los arriendos, mientras que 3 de 10 porque venían de estar allegados.

Natalia vive en esa mediagua de seis por cinco metros. En una misma cama de dos plazas duermen las tres mujeres.

Frente a este terreno esta “Manuel Bustos”, el campamento más grande de Chile,  donde habitan más de tres mil personas, según los datos de TECHO Chile.

La quinta región es lejos la zona del país donde viven más personas en campamentos. El último catastro efectuado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) arroja que, hasta 2019, registraron más de 26 mil personas viviendo en campamentos, divididos en once mil hogares y 181 tomas de terreno. Éstos se concentran en las comunas de Valparaíso (65) y Viña del Mar (73), con 5.700 y casi 17.000 habitantes respectivamente.

Desempleo y Covid

Job Bertrand (35), es haitiano y está cesante. El pasado miércoles le consiguieron un salvoconducto para ir a trabajar a una construcción en Concón, pero no sabe si durará mucho tiempo. Su familia es una de las pioneras del campamento “Naciones Unidas”, ubicado hace dos años en el sector Villa Dulce del cerro Miraflores de Viña del Mar. El nombre fue acuñado por las personas de distintas  nacionalidades que habitaban las 67 casas de esa colina. Haitianos en mayoría.

Antes de llegar a la toma, Job arrendaba una pieza por $200.000 en la que vivía junto a su esposa, su hermano y sus tres hijos.

-No me alcanzaba y en un momento me quedé sin trabajo. La opción de la toma fue mucho mejor que haber pagado arriendo-, explica.

Pero ahora el panorama es distinto. Otra cosa es el frío y la precariedad de su vivienda. Dice que el día martes apenas pudo dormir. La idea de no hacer nada y de ver cómo conseguir plata se vuelve una idea rumiante: ¿dónde trabajar cuando se acabe la pega de la construcción? ¿qué vender? ¿dónde conseguir comida?

-No puedo dormir en casa, porque no estoy acostumbrado a estar en la casa sin hacer nada. Duele el cuerpo de frío y tengo que darme vueltas en la cama para  pensar. Si nos quedamos encerrados, no gano nada ¿y la familia? Se muere de hambre, los niños a cada momento te preguntan si hay algo de comer-, confiesa.

Uno de los últimos estudios realizados sobre campamentos y pandemia, efectuado por la Fundación TECHO-CHILE  junto a la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica en mayo último fue “Encuesta Covid-19 en Campamentos de Chile». En sus páginas se informa que 6 de cada 10 familias perdieron todas o casi todas sus formas de percibir ingresos durante la pandemia, y sólo uno de cada tres han mantenido su fuente laboral. «Los que tenían un trabajo regular  empezaron a ser desvinculados desde marzo y otros, la mayoría, no tienen trabajo formal, sino que viven al día como vendedores ambulantes u otros empleos que, en vista de la pandemia, no pueden realizar», comenta la directora regional de TECHO, María José Gamboa.

A eso insiste que hay que sumar la falta de agua en medio de la emergencia sanitaria. Explica en que aquellos campamentos que no están incluidos en el último Catastro realizado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) ni en los comités inscritos en la municipalidad, carecen de acceso al agua y tampoco les llegan camiones aljibes. -Hace más de un mes hicimos las consultas  al municipio y nos dijeron que envían camiones aljibes en los campamentos catastrados por el MINVU. Esta no puede ser una respuesta de la autoridad en medio de esta emergencia sanitaria-, aclara.

Hambre e impotencia

De vuelta al caso de Natalia, cuenta uno de los episodios más tensos que ha vivido en medio de la cuarentena. El martes pasado fueron a dejar las cajas de alimentos del gobierno y apareció una dirigenta del campamento “Manuel Bustos” reclamando que le faltaban tres cajas para su comunidad. Ahí fue cuando otros vecinos denunciaron lo mismo y se formó una aglomeración de personas que exigía una caja de alimentos. Había gente que fue a buscar alimentos y se quedó sin nada. Estaban desesperados.

-Se pusieron a pelear por una caja, por la necesidad, por el hambre. Estamos llegando al extremo de que la gente está peleando por comida-, comenta Natalia.

Desde la llegada de la pandemia a Chile, Natalia ha visto día a día como su situación se fue precarizando. La mayoría de sus vecinos viven de actividades que dan dinero al día. Confiesa que le ha faltado la comida, que ha pasado hambre, que ha  “engañado” el estómago con té. Estos días enviaron a su nieta con la familia paterna para que no pasara hambre. Natalia cuenta que está endeudada con los negocios del barrio por comida, pidiendo “fiado”, pero que de extenderse esta situación el panorama se ve oscuro.

-Es frío, impotencia, rabia y dan ganas de llorar. Son muchos sentimientos encontrados y dolorosos. Cuando uno tiene niños pequeños y pasas esta necesidad de no tener comida para un niño, duele porque tú te puedes acostar a dormir con la guata vacía, pero los niños no-, confiesa.

Lo mismo dice Hugo Rivera (42), vecino del campamento  “Naciones Unidas”, trabaja en una construcción en Limache. En su puesto de trabajo tiene que estar desde las ocho de la mañana. Se levanta a las cinco y media de la madrugada-cuando aún esta oscuro- y emprende su viaje  por un atajo que cruza la toma de terreno por detrás de la Universidad Santo Tomás y el complejo de un retail.  

-Usted sabe que como buen chileno, hay rebuscárselas como sea porque con eso me ahorro 500 pesos diarios en locomoción diario- dice.

Ahorra en todo lo que puede,  su esposa toma medicación por un embarazo de seis meses  que  ha presentado complicaciones. Hugo siente que gana bien ya que está bien calificado en su oficio, sin embargo la canasta básica y los medicamentos para su compañera –un antiespasmódico y un paracetamol– son gastos que para otras persona podrían ser insignificantes, en su caso, debe llevar cuenta de todo.

La temática sobre las realidad de las tomas de terreno, ha tomado cierta notoriedad en la opinión pública del Gran Valparaíso. Se han registrado intentos de desalojos de campamentos en el sector El Belloto, en Quilpué, y en sector Las Brisas, en Viña del Mar. Estos desalojos están impulsados por la Gobernación provincial y las alcaldías respectivas.

-Por todo lo descrito, el invierno no es momento de desalojos, no es válido. Quieren desalojar a los últimos campamentos los cuales ni siquiera tienen las condiciones necesarias para enfrentar el frío. No es el momento ni es la forma-, concluye María José Gamboa.

La Encuesta Covid-19 en Campamentos de Chile también arrojó que más de un tercio de las personas que vive en campamentos sufre tres o más síntomas de salud mental como depresión, problemas para dormir o trastornos alimenticios; y 8 de cada 10 declara estar muy o bastante preocupado por contagiarse con COVID.

Natalia sabe de eso y más.

Dice que en medio de la pandemia saca fuerzas de madre, porque no quiere que a sus hijas les falte nada, menos comida.

-Prefiero sacarme el pan de la boca para que al niño no le falte, Duele oír cosas así, pero en Chile realmente está pasando todo esto-, dice antes de colgar.

* Este medio se contactó con la municipalidad y su oficina de campamentos, pero hasta el cierre de esta edición no obtuvimos respuestas. Lo mismo con la Intendencia Regional y la Secretaría Regional Ministerial de Gobierno.

Sobre el Autor

Diego Bravo Rayo

Periodista.

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