No existe tal “Plandemia”

Cuando se escucha a César Pizarro, se extraña el pueblo articulado de La Batalla de Chile de Patricio Guzmán. Una clase popular que si bien no tenía acceso a crédito, sabía el lugar del que venía y hacia el que iba; tenía clarísimo que las disputas en aquellos años eran por ideología, porque había un antagonismo que estaba constantemente en conflicto entre el poder del capital y el trabajo. Actualmente, aunque se crea lo contrario, no hay nada de eso. La llamada “modernización capitalista” no terminó con las clases sociales, pero sí con la real e informada conciencia de tales.


César Pizarro, candidato a constituyente por la lista Apruebo Dignidad en el distrito 12, llamó a no vacunarse debido a la supuesta evidencia de que la pandemia sería un plan siniestro para perseguir al pueblo. Esto lo dijo en un encuentro con los de su lista, ocasión en la que su compañera, Beatriz Sánchez, afirmó que sí había pandemia y que sí había que vacunarse, haciendo un llamado a la responsabilidad, luego del arranque de conspiranoia del que todos fueron testigos.

Parece importante hacer distinciones en días en que hay mucha bravata y certezas que, finalmente, no lo son tanto. La pandemia, a diferencia de lo que esperan algunos, no es una invención ni un relato inventado para dominar al pueblo, como se dice. Puede haber casos-obviarlo sería ingenuo- en que a ciertos gobiernos les sea más fácil recurrir a facultades del Estado para, con la excusa de lo que sí está pasando, implementar medidas y lograr cierto “orden” que con la acción política no puede lograr debido a su falta de legitimación política. El prolongado toque de queda en Chile, sin evidencia alguna de que este sea beneficioso para el tratamiento de la pandemia, es uno de esos casos que vale la pena cuestionar. Pero siempre alejado de la paranoia, esa que convierte lo difícil y complejo en una facilona respuesta a todo.

Y es que el facilismo es hoy el gran discurso que impera en las discusiones. Todo pareciera ser una lucha por gritar la consigna más simple. También, por otro lado, están los que dicen apelar a la sensatez, a la cordura noventera, que no están muy lejanos al ambiente imperante, aunque crean vivir a leguas intelectualmente.

Pero detengámonos en los que estábamos hablando en un comienzo. Personajes como Cesar Pizarro, que creen vivir en un gran plan en el que incluso estarían metidos los masones (ahí hace falta un poquito de prolijidad, debido a que la masonería no tiene ni en sus mejores sueños la influencia que alguna vez tuvo en la historia de Chile), están empapados de una “épica” que busca vestir la ignorancia de viveza, de una especie de entendimiento superior de las fuerzas malévolas que estarían en disputa. Y lo cierto es que no es tan así. La realidad es bastante más vulgar. Que hay visiones ideológicas, es clarísimo, pero la eterna conspiración no puede detectarlas, porque desde su perspectiva siempre hay planes puntuales, y no miradas de sociedad. Aunque, para ser justos, la mirada de sociedad no existe en ninguna parte hoy.

Cuando se escucha a Pizarro, se extraña el pueblo articulado de La Batalla de Chile de Patricio Guzmán. Una clase popular que si bien no tenía acceso a crédito, sabía el lugar del que venía y hacia el que iba; tenía clarísimo que las disputas en aquellos años eran por ideología, porque había un antagonismo que estaba constantemente en conflicto entre el poder del capital y el trabajo. Actualmente, aunque se crea lo contrario, no hay nada de eso. La llamada “modernización capitalista” no terminó con las clases sociales, pero sí con la real e informada conciencia de tales.

Obviamente, uno no espera la misma forma de actuar debido al avance de la historia y las evidentes diferencias materiales y culturales con el siglo XX y la Guerra Fría. Pero sí una nueva forma de afrontar lo que está pasando, entendiendo el contexto. Y no hay nada de eso. Hay solo ensoñaciones, fantasías de una lucha que no se está dando del todo contra molinos de viento que no dejan ver lo que realmente está pasando. La complejidad de una crisis constante en que todo y nada cambia a la vez.

No hay comprensión del momento histórico que se está viviendo, como sí lo tenían los trabajadores que cuestionaban y defendían la Unidad Popular, independientemente de lo de acuerdo que uno pueda o no estar con las tesis de aquel momento. Todo son excusas para comprender lo incomprensible. Para no ver que hay algo en movimiento, una pulsión, una desestructuración sin que esas estructuras mueran del todo. En cambio, prefieren inventar un plan siniestro llamado “plandemia” en días en que no hay un plan de nada. En que el futuro no existe, porque vivimos en él.

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