“No cumple con los requisitos para acceder al bono clase media”: el nuevo lema nacional

Se siente como una traición: décadas siendo tratados como los flamantes integrantes de la clase media, de la clase que le está ganando a la vida, los del medio, los pujantes, los que pueden, para en el momento de ser reconocidos como tales por el Estado, ser dejados fuera por treinta luquitas de más en el bolsillo, o cuarenta pesos que faltan para dejar de lado la pobreza.

Es domingo por la noche y una equis roja al interior de un vistoso círculo del mismo color se multiplica en las redes sociales como símbolo de una negación.

Entre puteadas y graciosos chistes, miles de chilenos hacen causa común: no han calificado para recibir la nueva ayuda del gobierno ofrecida con pompa por el Presidente que, a la vez, rechaza el acceso al tercer retiro de las aefepés.

“No cumple con los requisitos para acceder al bono clase media”, se siente ahora como la frase que mejor expone al país, mientras los relatos de quienes cargan con la denegación se amplifican indignados a través de los televisores encendidos por familias encerradas. 

Rosa Venegas acusa que está nerviosa, ya histérica, que es pensionada pero aún sigue trabajando, ganando un poco más del mínimo. No ha calificado para el bono clase media, pero podría recibir cien mil pesos por su calidad de pensionada, le sugiere el periodista de Mega. “Nos van a  dar una miseria, creen que con eso uno va a comer todo el año”, reclama.

Claudio Rivera, ciudadano común, avisa por Twitter que por cuarenta pesos ha quedado fuera del beneficio. “Tengo mucha plata para ser pobre pero $40 pesos menos que la clase media”, se queja. Entre las decenas de respuestas a su comentario, Paula Sepúlveda detalla que “me inventaron que mi sueldo subió… y desde agosto que no trabajo… es imposible que aumentaran mis ingresos, sería más fácil que no ofrecieran un bono y se dejen de humillar a la gente”.

En redes sociales, cientos han cambiado su foto de perfil al iniciar una nueva semana. Son rostros que han desaparecido para ser reemplazados por la equis roja del fracaso en la postulación.

Benjamín Sáez, investigador de la Fundación Sol expresa en números la frustración de tanta gente que se ve con las manos vacías: “Este 1,2 millones de personas (que accedieron al bono) equivale a sólo un 6% de la población, y no cubre ni siquiera el 10% de lo que el mismo gobierno considera Clase Media (11 millones de personas)”.

Se siente como una traición: décadas siendo tratados como los flamantes integrantes de la clase media, de la clase que le está ganando a la vida, los del medio, los pujantes, los que pueden, para en el momento de ser reconocidos como tales por el Estado, ser dejados fuera por treinta luquitas de más en el bolsillo, o cuarenta pesos que faltan para dejar de lado la pobreza.

Son los márgenes definidos arbitrariamente por un equipo de gobierno, sistematizados por el Servicio de Impuestos Internos, urdiendo una desilusión que mucho se parece a la humillación.

Padres que se consiguieron un teléfono, madres pidiendo internet prestado, para encontrar en la pantalla la frase que no se les va de la cabeza: “No cumple con los requisitos para acceder al bono clase media”.

En frente, como contraparte de las cuentas vacías, el presidente Piñera, el mismo que en la era de la tragedia transversal se ha hecho más rico que quizás nunca, con trescientos millones de dólares más que antes del inicio del caos pandémico, según Forbes.

Piñera, el mismo que se niega a un tercer retiro de los fondos de pensiones, porque “las personas reciben más beneficios con el IFE y el Bono Clase Media”, imperturbable en su discurso desdeñoso ante el rechazado por el bono, el imposibilitado de echar mano a su diez por ciento.

Piñera, el que en el año de la pandemia incrementó su fortuna en 210 mil millones de pesos, equivalentes a 420 mil bonos de quinientos mil pesos, ese medio millón tan esquivo a los ojos de quienes hoy hacen sus reclamos a la página del SII. 

Entonces, las palabras del Presidente aparecen como una burla ante los intentos desesperados de los miles que ingresan otra vez a la página del bono a tratar de encontrarse con los colores verdes de la aprobación, en barrios donde al vecino le tocó pero a ti no, estando ambas familias en situaciones casi idénticas de necesidad, pero separados por el cálculo mezquino de un sistema sin alma.

El Presidente que se niega a un impuesto a los súper ricos, el que amenaza con enviar al Tribunal Constitucional el acceso a la plata que se sabe segura, el que rechaza una renta universal que no te deje fuera por cincuenta lucas de más en tu bajo sueldo, el que en la pandemia ganó sin mover un dedo 420 mil bonos de 500 mil pesos.

El Presidente, que entra a las casas por televisión, como la personificación de la mofa.

Él, sus escudos y su bandera, donde muchos ven como nuevo lema la frase de la semana: “No cumple con los requisitos para acceder al bono clase media”. 

Es el “problema de la focalización absurda. No reconocer que la gran mayoría de las personas ha enfrentado una situación económica difícil, ya sea por pérdida de ingresos propios (que muchas veces no se puede demostrar al ser ingresos informales) o de personas del núcleo familiar. La alternativa era transferencias universales o, al menos, de muy amplia cobertura”, critica el economista Nicolás Bohme.

Afuera, en tanto, en poblaciones de la capital, receptores judiciales tocan la puerta amenazando con embargar a gente que al no acceder a un trabajo no ha podido pagar. 

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