Nicanor Parra es antipoeta, no antiejemplo para sostener la lógica de las AFP

Si hacemos una analogía entre el texto de Nicanor Parra y el escenario político chileno, se puede desprender que el verdadero mínimo común que han obviado todos quienes actualmente gobiernan y se encuentran en posición de poder, es justamente el respeto y la defensa por los derechos humanos de todas y todos.


Nicanor Parra (1914-2018) insigne antipoeta chileno, reconocido internacionalmente por su contenido y estética discursiva, fue citado por la presidenta de la Asociación de AFP Alejandra Cox, como ejemplo a seguir por la clase trabajadora. Ello en razón de continuar laborando hasta el día de su muerte a los 103 años.

Parra fue un prolífico escritor, un artista e intelectual que llegó a los 100 años de manera excepcional, pudiendo expresarse y pensar con claridad, pero donde su círculo cercano ha señalado que, a pesar de estar mentalmente sano, no habría estado en condiciones de trabajar tal como lo propone la presidenta de la Asociación de AFP.

Ahora bien, la realidad económica y social que tuvo Nicanor Parra no es la misma de la gran mayoría de jubilados que viven en Chile, pues ¿qué le espera a una temporera que trabaja recogiendo frutas? ¿o a una profesora que lleva más de 30 años enseñando en un aula ¿continuar trabajando hasta la muerte?

Desconozco cuál hubiese sido la respuesta de Nicanor Parra sobre esta controversia, pero sí puedo citar algo de su narrativa que nos permite dar algunas pistas.

Parra escribió:

“Qué fue de los deberes humanos 
Ofrezco la palabra 
Mucho se habla de derechos humanos 
Poco 
Nada casi de los deberes humanos:
Primer deber humano 
Respetar los Derechos Humanos”.

Si hacemos una analogía entre el texto de Nicanor Parra y el escenario político chileno, se puede desprender que el verdadero mínimo común que han obviado todos quienes actualmente gobiernan y se encuentran en posición de poder, es justamente el respeto y la defensa por los derechos humanos de todas y todos.

No se puede pretender instalar una discusión en materia de pensiones con lógicas tan desquiciadas como el “trabaje hasta morir”, con interlocutores tan deslegitimados como son las AFP y este nuevo intento por socavar el derecho humano de concebir una vida y una vejez digna.

Al mismo tiempo que no se puede anteponer el diálogo sobre un mínimo salarial, si conjuntamente se violan los derechos humanos de cientos de personas. Este es el verdadero punto de partida de una democracia y es lo que debería movilizar a la Oposición política de este país, ¡porque es un deber humano escandalizarse si se violan los derechos humanos!

En este sentido surgen varias preguntas relacionadas con este tema. Por ejemplo: ¿qué está esperando la Oposición para aprobar una ley de indulto general a los cientos de presos políticos de la revuelta? ¿donde está el mínimo común de considerar inaceptable seguir siendo gobernados por un presidente que permitió la mutilación de más de 400 personas?

A estas alturas da la impresión que el objetivo detrás de ignorar los derechos humanos es querer convertir las violaciones como un hecho ordinario, común, al cual la mayoría debería acostumbrarse, de esta manera nada nos parezca lo suficientemente terrible, ni siquiera que nos adviertan que debemos trabajar hasta la muerte. De otro modo, es incomprensible que los/as políticos que podrían estar levantando la voz por las miles de causas de mutilaciones, torturas y muertes a manos de agentes del Estado, no estén haciendo absolutamente nada por exigir reparación, justicia y garantías de no repetición.

Se entiende que vivimos en un país que hoy nos posibilita un horizonte de salida, con una derecha disminuida en la convención constitucional, con un gobierno sin respaldo político y menos popular. Contamos con una mayoría elegida en representantes constituyentes y territoriales que devuelven el alma al cuerpo. Sin embargo, otros/as que ejercen el poder y se enarbolan como figuras públicas, no quieren entender que la lógica de los mínimos comunes es una racionalidad que se opone a la dignidad humana.

Si se quiere hablar de recursos económicos, Chile tiene suficientes para dar una mejor calidad de vida a sus habitantes, quien diga lo contrario es porque está del lado de quienes han usufructuado obscenamente de los privilegios y de la desigualdad en la repartición de la riqueza.

Porque no es posible que pretendan seguir perpetuando la precariedad con un sueldo mínimo que no alcanza para lo mínimo. No es posible que se sigan malgastando millones de recursos públicos en armas, en dos cámara parlamentarias inservibles, en licitaciones que lucran con la pobreza y que no permiten un real desarrollo territorial. No es posible que sigan completando el esquema urbano únicamente en razón del comercio para que la “pobla” salga a gastar lo poco que gana.

En este sentido, es obligación del Estado construir un nuevo Chile, donde exista derecho a la ciudad, con espacios que permitan reconocerse culturalmente, con lugares abiertos a la gente, donde la vida esté en función de un vivir mejor.

Nicanor Parra ostentó cierta ambigüedad política en las décadas de los ochenta y noventa, que lo instaló en varias ocasiones como un sujeto que no se definía políticamente como un militante ni de izquierda ni de derecha. Sin embargo, en materia de derechos humanos, su relato deja algunas claves acerca de su posicionamiento. Asimismo, su discurso siempre fue contra-hegemónico, incomodando a élite intelectual, económica y política. Por ello, no me cabe duda que el anti-ejemplo de Alejandra Cox es una insolencia a la memoria de Parra y a la trayectoria histórica de la clase trabajadora de este país. 

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  1. Sandra Villanueva, tus palabras lográn expresar a cabalidad mi sentir.Esa desesperanza que sentía mientras trabaja como Educadora de párvulos por al menos 25 años de mi vida.Donde nos decían en la TV nacional que eramos un país exitoso. Yo nunca lo sentí.Sí sabía que nunca tuvimos poder adquisivo,sólo poder de endeudamiento.Yo no tuve hijos y siempre me he preguntado, si hubiese tenido al menos uno;cómo lo hubiese hecho para cubrir sus necesidades, sí a mi me alcanzaba para viviŕ con lo justo.Tal vez hubiese tenido que subirme a esa bicicleta que la mayoría de mis compatriotas pedalean día a día y que no tiene fín.En resumen eso es lo que ha ocurrido en estos 30 años; se consolidó un sistema neoliberal que mantiene a una elite en una búrbuja y a los políticos amparando esa cruel realidad;ya que,ellos también gozan de esos privilegios y con ese actuar se divorcian de su verdedero trabajo que es legislar leyes que permitan un vivir digno y justo de todos los chilenos.

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