¡Ni chicha ni limoná!: la educación como punto clave en el reconocimiento y respeto por la comunidad Bisexual

Este es el primer Día de la Visibilidad Bisexual donde no deberé ocultar mis publicaciones a mi familia, un peso menos para traer a cuestas. Sin embargo, fuera de mi casa,  amistades, compañerxs y parejas, creo que hay una deuda enquistada en el reservorio colectivo de nuestra cultura que solo podrá ser saldada con la educación, la visibilidad y la democratización de los espacios.

Por supuesto que las experiencias desde la bisexualidad estarán atravesadas de forma interseccional por cuestiones de clase, raza, religión, género, entre tantas otras. Y de tanto cavilar en ello es que hay ciertos elementos que deben ser clarificados de una buena vez para comenzar a construir nuestro espacio dentro de las comunidades.

En primer lugar, las personas bisexuales somos aquellas que tenemos la capacidad de formar atracción y/o relaciones con más de un género, de forma romántica o sexual. Esto viene a desmitificar que al ser bisexuales somos binarixs, puesto a que no nos enfrascamos en la dualidad mujer/hombre y no genitalizamos en ningún caso la discusión. El prefijo bi- nace para distinguirse de términos como homo y hétero en contextos socioculturales donde estaba arraigada la creencia de que los géneros estaban limitados solo a dos experiencias. Hoy en día, entendemos que las definiciones no son literales, que el lenguaje es dinámico y evoluciona al mismo tiempo que las culturas lo quieran. 

Por otra parte el hecho de ser bisexual no implica que estas atracciones ocurran de forma simultánea, es decir, ser bisexual no es sinónimo de ser polígamxs o promiscuos. La poligamia no le pertenece a una orientación sexual en específico, es solo una forma de concebir las relaciones sociales y es aplicable a todo el espectro.

Otro mito que debemos disipar es que la bisexualidad no quiere decir que te gusten las personas con la misma intensidad o de la misma forma. Existen personas dentro de la comunidad que se sienten más o menos atraídxs por un género en particular, o bien, que se desenvuelven de maneras distintas según sea el caso. Decir “perreo pa los nenes, perreo pa las nenas” es también limitarnos solo a experiencias de índole sexual. Nuestra conducta sexoafectiva no es un indicador de qué tan bisexual somos o no.

Considerando todos los prejuicios, la discriminación y la bifobia a la que nos vemos enfrentadxs, a la vez debemos hacernos cargo del poco posicionamiento como sujetxs políticxs que tenemos. Necesitamos que día a día contemos con más referentes que a través del activismo puedan impulsar campañas de educación, acompañar a miembrxs que requieran ayuda, inspirar a otrxs a ser parte de un activismo reivindicatorio y dar un lugar a todas las personas que aún se sienten marginadas por la sociedad.

Debemos seguir corriendo el cerco hacia el otro lado para avanzar en propuestas que tengan un impacto significativo en lxs jóvenes. Las instancias de exploración sexoafectivas tienden a ser más confusas al no contar con información adecuada. Cuando ya resulta complejo reconocer que tenemos una conexión romántica o sexual con una persona del mismo género, es mucho más agobiante vernos enfrentadxs a estar vinculadxs con personas de otros géneros. Aquí impera la mentalidad tupida de muchas personas al considerar que la más mínima experiencia con un determinado género podrá definir nuestras relaciones interpersonales de ahí en más. Yo, identificándome como mujer, no por tener encuentros sexoafectivos con un hombre seré hétera o con otra mujer seré lesbiana. Pues es algo mucho más complejo e interiorizado que eso. Las orientaciones sexuales no se construyen de la noche a la mañana ni mucho menos son estáticas en el tiempo.

Otra dimensión que debemos erradicar de nuestra cultura es exigirle determinadas conductas a quienes somos bisexuales con el fin de demostrar que lo somos. Y esto viene muy de la mano con la falsa concepción de que ser bisexual es estar constantemente atraída a todos los géneros que hoy coexisten. Esto no es necesariamente así y minimizar la vida de una persona solo a su conducta sexual es de una discriminación grotesca.

Toda esta desinformación que habita con nosotrxs debe decantar en un conjunto de gestiones a nivel nacional para que desde las primeras experiencias se pueda educar en pos de aumentar el apoyo hacia jóvenes bisexuales. Los problemas asociados a salud mental son tan atentarorios para el desenvolvimiento libre y autoreconocimiento que podrían terminar por desalentar y relegar a la comunidad bisexual a lugares subalternos, donde no podamos ser parte de la esfera social, manteniendo el statuos quo propio de la héteronorma.

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